Opinión

Opinión: diagnósticos

Bogotá no necesita más diagnósticos: necesita autoridad, dice Andrés Charria en esta columna en la que cuestiona el manejo de la Alcaldía a la movilidad de Bogotá

Archivo: Secretaría de Movilidad
Nuevos paneles de velocidad en Bogotá Archivo: Secretaría de Movilidad

Supongamos que usted va a un médico porque no se siente bien, en realidad se siente muy mal. El médico lo mira y le dice

-Cáncer

-¿Tiene cura? Usted dirá francamente asustado

-Claro, lo tengo perfectamente identificado, tiene cura.

- Bien, cual es el tratamiento. Responde usted aliviado

El médico se lo explica en detalle y luego le dice: “pero no cuente conmigo para llevarlo a cabo. Yo solo hago diagnósticos”.

Suponga ahora que solo hay un médico. Usted está en problemas.

Es un poco lo que nuestro genial alcalde hace con el tráfico. Tiene perfectamente identificado uno de los males del caótico tráfico bogotano, pero no hace y parece que no va a hacer nada. Alguna vez lo dijo y lo repite varias veces que el gran problema del tráfico en Bogotá son los carros que parquean en cualquier vía y reducen de manera considerable el poco lugar que tienen los demás carros para transitar.

Camiones de gaseosa que en cualquier vía descargan durante más de dos horas. Carros que parquean alrededor de un colegio para dejar a los niños y conversar con otros papás. Enormes camionetas blindadas, con tres guardaespaldas hablando por celular o chateando al lado de un restaurante donde sus conchudos vigilados almuerzan. Cerca de un hospital, a pesar de tener varios parqueaderos los familiares de cualquier paciente los esperan en la vía. Filas de taxis en cualquier sitio. Pues bien, lo tiene claro el alcalde, pero seguramente ese señor no quiere molestar. Porque que yo sepa no ha tomado ninguna medida para acabar con los carros que orondos ocupan espacio. La policía no hace nada, normalmente se ven en grupos de tres o cuatro mirando atentamente el celular.

Suena ridícula mi historia del principio, pero es exactamente lo que el alcalde está haciendo. No sé si soy tan de malas de no moverme en sitios donde el alcalde ha tomado medidas para sacar los carros de las vías pero, más o menos de la 140 a la 26 y de la circunvalar a la Avenida Boyacá cualquiera parquea en la vía sin problema. Una vez vi a un chofer de un taxi dormir en plena calle 80 con avenida Boyacá. Supongo que el alcalde no habría despertado a tan fatigado conductor.

Y sigue nuestro genial burgomaestre. Realmente es experto en diagnosticar. Cuando se aprobó la ley de vehículos eléctricos indicó que varias de las normas no eran las más indicadas y seguras para los usuarios de bicicleta. Dijo “la normativa nacional debe ajustarse a las realidades locales de movilidad para no desproteger al ciclista” tiene claro que esos vehículos eléctricos no deberían ocupar las ciclorrutas. Él cumple con diagnosticar, tenemos claro que no es lo mejor que bicicletas eléctricas de un peso considerable y a unas velocidades importantes se muevan por las ciclorrutas. El peligro para los ciclistas es alto. Pues bien, no hay un solo personaje que le indique a los dueños de estos vehículos que salgan del carril exclusivo para bicicletas. Nada, en no quiere molestar. Eso sí, por redes sociales indica claramente el diagnóstico. Para la solución supongo que pensará que habrá otros alcaldes.

En ese mismo orden de ideas están las bicicletas con motor artesanal a gasolina. Esas bicicletas están prohibidas, son peligrosas, ruidosas, contaminan más que cualquier motor y sus usuarios transitan por las vías, las ciclorrutas y peor aún los andenes. Ellos dirán que es una bicicleta y que como bicicleta pueden ir por cualquier andén. No pueden, el alcalde lo sabe y lo dijo pero hasta ahí llegó. Buen diagnóstico.

Puedo seguir con muchas historias, los cascos, los vendedores ambulantes e infinidad de problemas. El los diagnostica, generalmente bien pero no parece ser capaz de controlarlos.

En vez de atacar los problemas identificados prefiere hablar del metro. Es su obsesión, se toma fotos, hace videos, ruedas de prensa y se pone la chaqueta del metro. Hoy me enteré que va a modificar el diseño de las estaciones. ¡no lo puedo creer! No hay operativa una sola estación y nuestro gran diagnosticador las va a cambiar. Permanentemente saca fotos con las obras en desarrollo y empieza a hablar de nuevas líneas y trenes que llegan. ¿y el resto de la ciudad?

En otros asuntos no diagnostica, da cifras y las analiza bajo su particular óptica. Sobre la seguridad de la ciudad para él el asunto es de sensación de inseguridad, parece que de lo que sufrimos los bogotanos no es de una ciudad insegura sino que sentimos que es insegura. Asunto que es bien diferente. Uno de sus grandes anuncios fue que “percepción de inseguridad alcanzó en 2025 niveles no vistos desde 2008” Ojo no habla de seguridad o inseguridad, dice sin sonrojarse la percepción.

Es como si el médico del inicio le dijera, usted no tiene cáncer, siente que tiene cáncer. ¡Horror! Deje de sentir que tiene cáncer y todo será perfecto.

Nuevamente, el gran burgomaestre o tiene muy buenos diagnósticos que no soluciones o toma decisiones increíbles. El pasado 31 de octubre, porque había piques y mal comportamiento de unas 200 motos decidió que se debía restringir la circulación de todas las motos de la ciudad; por la noche no podían circular, prohibidos los parrilleros y otras linduras. El argumento era seguridad y orden público. El alcalde indica que para mejorar el orden público que causan 200 motos lo mejor es castigarlos a todos y retirar todas las motos en las noches. Se le olvidan los celadores, las personas que trabajan en la noche o las que tienen que llevar a recoger a alguien de su familia.

Sería bueno que de los buenos diagnósticos salieran buenas soluciones. Por ahora sabe que nos pasa y hasta ahora no ha hecho nada por solucionarlo.

Bogotá no necesita más diagnósticos: necesita autoridad. Para PowerPoint ya tenemos médicos, expertos y consultores; para gobernar, tomar decisiones incómodas y hacerlas cumplir, parece que no.

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