Opinión

Visión Metropolitana 2051: el derecho a imaginar la ciudad

Respuesta a la columna de la concejal Heidy Sánchez sobre la Visión Metropolitana 2051.

Probogotá
María Carolina Castillo A., presidente de Probogotá Región Foto: Probogotá Región

La ciudad no es una creación del Estado, sino su precursora. El fenómeno urbano surgió como una red de cooperación orgánica —un ecosistema de autogestión para el intercambio y la protección— milenios antes de que las estructuras estatales reclamaran el monopolio de la planificación. En la antigua Mesopotamia, la primera gran metrópolis, Uruk, fue posible gracias a una tecnología disruptiva: el ladrillo de barro cocido. Esta innovación permitió estandarizar la urbe y crear un entorno artificial donde el ser humano, por primera vez, dejó de estar dominado por la naturaleza. Es fundamental notar que en la invención y perfeccionamiento del ladrillo no intervino ninguna agencia estatal; fue el resultado de la experimentación y la necesidad social.

Gracias a la ciudad, y no viceversa, surgieron la escritura y la burocracia como herramientas para gestionar la densidad poblacional y los excedentes que fluían hacia el centro. Las ciudades son, por definición, productos de la inteligencia colectiva. Por ello, las voces que pretenden marginar a ciertos sectores de la ciudadanía en la planeación urbana —como lo propone la concejal Heidy Sánchez en su crítica a la Visión Metropolitana 2051— incurren en un error de categoría: tratan a la ciudad como un objeto administrativo del Estado, cuando en realidad es un organismo social vivo que se nutre de la pluralidad.

Desde Probogotá Región ejercemos un activismo técnico para recuperar el enfoque democrático del urbanismo. Creemos en involucrarnos en las soluciones y en movilizar ideas que trasciendan los periodos de gobierno. Los habitantes de la Sabana de Bogotá poseen el conocimiento situado necesario para decidir en qué morfología urbana quieren vivir, y la Visión 2051 es la expresión de esa convicción.

Afirmar que permitir que el mercado proponga, debata y agencie realidades urbanas resta legitimidad al ejercicio es desconocer la naturaleza misma de la urbe. Gestionar ecosistemas complejos demanda que el diseño deje de ser un ejercicio aislado y se convierta en una construcción incidente.

Las autoridades deben entender que no dibujan sobre un lienzo en blanco, sino sobre un tejido social preexistente con derecho a decidir su propia forma. Es imperativo transitar de una planeación para la gente a una planeación con la gente; solo así el espacio público dejará de ser un escenario impuesto para convertirse en uno común.

Históricamente, Bogotá y su región han carecido de una visión holística, sufriendo una falta de continuidad y una inejecución crónica de planes. Nuestra propuesta busca consolidar una visión compartida de largo plazo, potenciando la vocación de los municipios y fortaleciendo el desarrollo económico mediante diálogos políticos y ciudadanos que articulen a la academia, los empresarios y la sociedad civil.

Es impreciso y reduccionista afirmar que este ejercicio subordina el interés público.

Por el contrario, ofrece insumos técnicos y proyectos consensuados para que las decisiones públicas sean informadas y coherentes a escala regional. Esto no debilita la democracia; la dota de contenido.

Asimismo, la protección ambiental no es un apéndice retórico en nuestra visión: la recuperación del río Bogotá y la resiliencia climática son ejes estructurantes. Defender el ambiente sin resolver cómo viven, se mueven y trabajan millones de personas es, eso sí, retórica vacía.

Bogotá y la Sabana necesitan menos consignas y más coordinación. Pensar el desarrollo con evidencia y diálogo no es entregarlo a nadie; es, simplemente, hacernos cargo juntos de nuestro futuro.

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