Opinión

No todo se vale: la trampa no es un derecho

“Exigir transparencia no es clasismo. Es defensa de lo público. Es respeto por quienes hemos luchado sin trampas”: Mar Candela

Carta abierta de Mar Candela a Gustavo Petro
Gustavo Petro y Mar Candela (Cortesía)

Este texto responde a la estrategia discursiva del presidente Gustavo Petro, quien apeló a la pobreza de mujeres trabajadoras para justificar la ocupación de cargos públicos mediante títulos falsificados. Desde una voz situada, se confronta esa narrativa con argumentos empíricos y formativos, articulando una defensa ética desde el Feminismo Artesanal, la Interculturalidad Crítica, la Educación y la Neuroafirmación. El eje central es claro: la precariedad no justifica la corrupción, y la dignidad no se negocia.

Presidente: usted sabe perfectamente de qué le estoy hablando. No se haga el tonto. Usted es muy inteligente. Solo que le gusta hacerse el bruto a conveniencia. Lo que usted ha dicho no es un error de interpretación: es una estrategia. Y esa estrategia consiste en manipular el discurso de clase para justificar la corrupción.

Nunca me pobreteado. He buscado los espacios. Aun con la mitad del bachillerato, me las arreglé para ser escribidora, para ser comunicadora, para ser activista, para expresarme. Usted me conoció en el ejercicio del oficio del periodismo. No se comporte como un imbécil corriente. Se supone que usted es una persona ilustrada y estudiada.

Desde lo empírico, sé lo que significa estudiar sin garantías. Desde lo formativo, sé lo que implica construir pensamiento con herramientas limitadas. Desde lo endógeno, hablo con la autoridad de quien ha vivido la exclusión. Desde lo exógeno, observo con claridad cómo se instrumentaliza la pobreza para justificar trampas. Lo que usted hace no es defensa de los derechos: es una forma de degradarlos.

Hay mujeres que, como yo, hemos tenido que validar la primaria, el bachillerato, y estudiar con el apoyo de personas que no nos pidieron lealtad política a cambio. He tenido que pagar clases con lo que tengo, recibir formación con amor y rigor, sin atajos. Y aun así, nunca he aceptado ocupar un cargo para el que no estoy preparada. Porque eso también es corrupción.

Transformar la realidad no implica volvernos mediocres ni corruptos. No se trata de destruir trabajadoras, como usted dice. Se trata de no destruir el sentido mismo del servicio público. Si la justicia social se construye sobre la mentira, entonces no es justicia: es oportunismo.

Arthur Schopenhauer lo explicó hace casi dos siglos: esto no es más que discurso erístico y estratagemas. Usted está usando la precariedad como escudo político. Está traficando con los derechos. Está desfigurando la lucha social. Y lo hace con una narrativa que pretende hacernos sentir culpables por exigir rigor, ética y responsabilidad en el ejercicio público.

Desde el Feminismo Artesanal, la Interculturalidad Crítica, la Educación y la Neuroafirmación, afirmo que no todo se vale. Hay quienes, desde la pobreza, hemos elegido la ética. Usted, al justificar lo injustificable, se convierte en alcahueta de corruptos. Si lo que usted afirma es cierto, entonces lo que está haciendo es legitimar la ilegalidad como estrategia de ascenso. Eso, en cualquier democracia, debería tener consecuencias políticas.

Exigir transparencia no es clasismo. Es defensa de lo público. Es respeto por quienes hemos luchado sin trampas. Es también defensa de las mujeres que no aceptamos que se nos use como escudo para justificar lo que no tiene justificación.

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