Opinión

Mi negocio, mis reglas 

María del Pilar Correa, líder estrategia de negocio de Nequi, nos explica cómo la inclusión financiera es el camino para el éxito de un negocio 

En el diplomado aprenderás sobre inclusión financiera u mercado de valores.
Inclusión financiera Foto: Dreamstime

“Camellar”, “rebuscarse”, “seguir dándole”. En Colombia, estas expresiones hablan de una realidad clara: muchas personas generan sus ingresos por cuenta propia, a veces porque así lo eligieron y otras porque así lo exigieron las circunstancias. Lejos de ser una historia de resignación, es una muestra de creatividad, empuje y capacidad de adaptarse. El trabajo independiente se ha convertido para millones de colombianos en una forma legítima de avanzar y de aportar al país desde su propio ritmo.

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Las cifras lo confirman. Según el DANE, en noviembre de 2025 los trabajadores por cuenta propia representaron cerca del 41,5 % de las personas ocupadas en Colombia. Detrás de ese porcentaje hay universitarios que pagan sus estudios, madres cabezas de hogar, comerciantes de barrio, creadores digitales y emprendedores que todos los días mueven la economía. Realidades distintas pero unidas por una misma lógica: hacer que las cosas pasen.

El reto no está en la capacidad de quienes trabajan de manera independiente, sino en la posible falta de conocimiento que existe entre su forma de trabajar y algunas de las herramientas tecnológicas financieras disponibles. Muchas de estas soluciones fueron diseñadas en un momento distinto, para estructuras más tradicionales, y se puede percibir que no siempre se mueven al ritmo de quienes venden desde la calle, el barrio o las redes sociales.

Ante ese escenario, los independientes buscan soluciones prácticas. El efectivo, las cuentas mezcladas entre lo personal y lo del negocio o los registros hechos a pulso o en un cuaderno no son una preferencia, sino una forma de resolver cuando las opciones parecen no ajustarse del todo a su realidad. Más que una falla, es una muestra de ingenio y adaptación.

Por eso, hablar de inclusión financiera va mucho más allá de abrir una cuenta. Implica entender cómo viven y trabajan las personas. Que puedan separar su plata sin enredos, registrar ingresos con claridad y contar con información que les ayude a tomar mejores decisiones. En resumen, que las herramientas se adapten al ritmo de las personas, y no al revés. Cuando eso ocurre, las soluciones disponibles se convierten en un aliado.

Ese cambio de mirada ya empieza a reflejarse en nuevas formas de acompañamiento. Un ejemplo es Nequi Negocios, una herramienta creada para quienes impulsan la economía desde lo cotidiano y que ya se registraron más de 30.000 colombianos. Su propósito no es sumar trámites, sino facilitar la gestión del negocio: recibir pagos desde el celular, tener control en tiempo real sobre lo que se gana y mayor claridad para el día a día.

Este acompañamiento también abre la puerta a otras oportunidades. El crédito, cuando se construye desde el conocimiento real del negocio y su movimiento, deja de ser una barrera y se convierte en una palanca de crecimiento. Entre más clara es la información, más justas y pertinentes pueden ser las soluciones. Así, el acceso al crédito se transforma en una herramienta para crecer con autonomía y confianza.

La experiencia de millones de trabajadores independientes demuestra que la inclusión no es solo acceso, sino acompañamiento real. Reconocer su esfuerzo y ofrecer herramientas que entiendan su forma de trabajar es clave para que puedan avanzar a su manera. En un país donde el trabajo independiente mueve buena parte de la economía, construir reglas más claras y simples también es una forma concreta de impulsar el progreso. Porque si el negocio es suyo, las reglas también deberían serlo.

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