Este microensayo confronta la narrativa del presidente Gustavo Petro, quien justificó públicamente la ocupación de cargos públicos por parte de mujeres que falsificaron títulos, apelando a su condición de pobreza. Desde una voz situada, se expone cómo esta postura deslegitima las trayectorias éticas de millones de mujeres que han luchado por su formación sin trampas. El texto articula una crítica desde el Feminismo Artesanal, la Interculturalidad Crítica, la Educación y la Neuroafirmación, y denuncia la manipulación del discurso de clase como estrategia política para encubrir la corrupción.
Presidente Gustavo Petro: lo que usted ha dicho es una vergüenza. Es una humillación para millones de mujeres que hemos ganado nuestros espacios a pulso, con jornadas redondas, con esfuerzo real, con dignidad. Verlo hablar a favor de mujeres que decidieron ser corruptas, que falsearon títulos y ocuparon cargos públicos para los que no estaban preparadas, no es un acto de justicia social: es encubrir la trampa.
Soy una mujer autista, disléxica, disgráfica, y ni siquiera lo sabía. Viví 46 años de mi vida sin saberlo. Solo cuando entré a estudiar —gracias al milagro de encontrar a alguien que creyó en mis talentos y no me pidió votos a cambio— pude iniciar un proceso real de superación individual. Esa persona confió en que yo iba a usar esta oportunidad para seguir haciendo transformaciones, puntada a puntada, sin caer en estas inmundicias que hoy usted pretende justificar.
Estoy aquí porque tejí mi camino con esfuerzo, no porque alguien me regaló un título. He recibido clases personalizadas con el amor de profesores que me cobran algo simbólico. He pagado mi Educación con el respaldo de personas que creyeron en mí sin exigirme el eco de mi voz para fortalecer su agenda. Si no hubiera sido por eso, me habría quedado neófita, ignorante, antes que comprar un título. Tomé la decisión de convertirme en ama de casa y, desde ahí, ver qué podía hacer con mi realidad de clase. Nunca me pobreteé. Denuncié la desigualdad, denuncié la injusticia estructural, encontré caminos nuevos sin aceptar lástima como moneda de acceso.
Y sabe una cosa: nunca me pobreteado. He buscado los espacios. Aun con la mitad del bachillerato, me las arreglé para ser escribidora, para ser comunicadora, para ser activista, para expresarme. Usted me conoció en el ejercicio del oficio del periodismo. No se comporte como un imbécil corriente. Se supone que usted es una persona ilustrada y estudiada.
Desde el Feminismo Artesanal, la Interculturalidad Crítica, la Educación y la Neuroafirmación, sostengo que la transformación social no puede construirse sobre la mentira. Muchas personas neurodivergentes hemos tenido que crear rutas alternativas para acceder al conocimiento, sin atajos, sin trampas, sin falsificar credenciales. Lo que usted está haciendo es deslegitimar esas trayectorias éticas.
Respaldar la compra de titulaciones a razón de la pobreza no es justicia: es complicidad. Si usted, como presidente, justifica esa práctica, entonces está promoviendo la corrupción. Está enviando el mensaje de que la precariedad habilita el fraude. Eso es inaceptable.
Exigir transparencia no es clasismo. Es dignidad. Es respeto por quienes hemos luchado sin trampas. Es defensa de lo público. Es también defensa de las mujeres que no aceptamos que se nos use como escudo para justificar lo que no tiene justificación.
P. D. Y sí, la inteligencia artificial me ayudó a organizar este texto, a corregir la semántica y la ortografía. Incluso con mis dificultades, prefiero escribir con claridad antes que mentir con poder.
