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Opinión: Predicciones para el comercio unificado 2026: el balance entre tecnología, digitalización y humanidad

Lo que viene no es más inteligencia artificial, sino más inteligencia humana amplificada.

Marcos Pueyrredon, Presidente del eCommerce Institute y coFounder & Global Executive SVP de VTEX.
Marcos Pueyrredon, Presidente del eCommerce Institute y coFounder & Global Executive SVP de VTEX. Foto: Marcos Pueyrredon, Presidente del eCommerce Institute y coFounder & Global Executive SVP de VTEX.

2025 fue el año en que nos dimos cuenta de que la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad de comprenderla. Pero también fue el año en que muchos decidimos bajar un cambio y preguntarnos: ¿para qué? El diferencial ya no está en tener la última herramienta, sino en saber usarla con criterio, propósito y humanidad.

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Las empresas que más crecieron en los últimos dos años no fueron necesariamente las que más invirtieron en tecnología, sino las que entendieron cómo hacer que esa tecnología amplifique el valor humano —el talento, la empatía y la creatividad— en lugar de reemplazarlo.

Según Info-Tech y Gartner, más del 80% de las organizaciones ya invierten en inteligencia artificial, pero solo un 10% logra resultados “exponenciales”. ¿La diferencia? Una estrategia centrada en las personas y en la creación de valor compartido. Las compañías que mejor se adaptan —desde los gigantes globales hasta los emprendedores del ecosistema digital latinoamericano— son aquellas que equilibran la eficiencia algorítmica con la intuición humana.

Sin dudas, también fue el año en que los agentes de IA pasaron del laboratorio al negocio. En retail, vimos cómo Walmart, Sephora o Tesco integraron agentes inteligentes capaces de prever la demanda, personalizar ofertas y hasta negociar con proveedores, lo que mejoró márgenes y fidelización. Pero lo más importante no es la automatización, sino el enfoque en la toma de decisiones estratégicas, la creatividad y la relación con el cliente.

El siguiente salto no vendrá de sumar más herramientas, sino de orquestarlas como un sistema vivo —IA-Unificada—: agentes que conversan entre sí con reglas de negocio claras, una torre de control que define límites, memoria y trazabilidad, y personas que entrenan, auditan y deciden. Cuando los datos de tienda, logística y servicio hablan el mismo lenguaje, el flywheel se acelera: mejores señales → ofertas más relevantes → mayor margen y lealtad → más señales, con un costo por decisión cada vez menor. Para lograrlo, emergen nuevos roles (AI Product Owner, Data Steward, Policy Designer) y un diseño de trabajo en el que la explicabilidad y el consentimiento no son anexos, sino parte del producto. La automatización sin propósito es velocidad sin dirección; el propósito se prueba en 90 días, midiendo el margen, el NPS y el tiempo a mercado.

En América Latina, este cambio se siente en carne viva. La adopción de soluciones de IA generativa y predictiva está creciendo más del 50% anual, especialmente en sectores como retail, fintech y educación digital. Pero la clave no será cuánto automatizamos, sino cómo formamos talento capaz de convivir, dirigir y entrenar a las máquinas. En otras palabras: aprender, desaprender y volver a aprender, como repito, hace más de 20 años desde el eCommerce Institute.

La economía de la confianza

2024 y 2025 nos dejaron una advertencia: el auge de los deepfakes, la desinformación y los ataques cibernéticos basados en IA pusieron a prueba la confianza digital. En 2026, la competitividad no vendrá solo de la velocidad o de la personalización, sino también de la transparencia, la ética y la gobernanza responsable de los datos. Europa ya lidera con su AI Act, y América Latina deberá avanzar en marcos que protejan sin frenar la innovación.

Construir esa confianza requiere mecanismos verificables, no slogans. Hablamos de procedencia de contenidos (watermarking y estándares tipo C2PA), contratos de datos que gobiernan quién accede a qué y por cuánto tiempo, y auditorías de modelos con indicadores simples de negocio: porcentaje de decisiones explicadas al cliente, SLA de rectificación de datos, tasa de falsos positivos en fraude y tiempo de respuesta ante incidentes. Quienes operen con IA soberana —datos bajo control humano y modelos alineados a sus riesgos— podrán compartir inteligencia en ecosistemas colaborativos sin perder autonomía: cooperativas de datos sectoriales, marketplaces como redes de confianza y retail media con métricas auditables.

Las marcas que triunfen serán las que puedan decirle a su cliente: “Podés confiar en mí, incluso en un mundo automatizado”. La confianza se convertirá en la nueva moneda del comercio digital.

Lo que viene no es más inteligencia artificial, sino más inteligencia humana amplificada. Veremos ecosistemas digitales más colaborativos, con pequeñas y medianas empresas usando modelos de IA especializados (small language models) para resolver problemas locales —desde logística rural hasta inclusión financiera—, y grandes corporaciones abrazando el concepto de “IA soberana”, donde los datos y el conocimiento permanecen bajo control humano.

Porque los dedos de una mano hacen más fuerte el puño que impulsa al ecosistema. Y ese puño, en 2026, deberá sostener tanto la innovación como la empatía.

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La tecnología seguirá siendo el motor, pero el combustible será humano. El desafío es usar la IA no para hacer más cosas, sino para hacer más con menos, generando un impacto real en nuestras comunidades, con propósito y sentido.

El futuro del comercio digital latinoamericano no se trata de elegir entre tecnología o humanidad. Se trata de que la humanidad sea nuestra tecnología más poderosa.

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