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Opinión: Colombia, potencia mundial de la criminalidad

La concejal Diana Diago cuestiona la política de paz del gobierno nacional y plantea que está afectando la seguridad de Bogotá

Durante la campaña presidencial, tal como un encantador de serpientes, Gustavo Petro anunció que, tras tres meses de su llegada al poder, se acabaría el ELN y el país entraría en un periodo de Paz Total con las disidencias y otros grupos que asedian al país. Sin embargo, esto fue una más de las mentiras de Petro, ya casi se cumplen dos años desde que asumió la presidencia y, lejos de acabarse, estos grupos parecen estar fortaleciéndose, mientras le demuestran al gobierno que no tiene ninguna intención de negociar en la supuesta “Paz Total”.

Hace apenas unos días, las disidencias de Iván Mordisco anunciaron la creación de un nuevo Bloque Central, a la par que el ELN anunciaba el congelamiento de las negociaciones con el gobierno. Mientras tanto, desde el palacio de Nariño el presidente mostraba una actitud pasiva y arrodillada frente a ambas guerrillas rogándoles por continuar vinculadas a su proyecto de paz total.

Bajo este contexto, Petro tiembla cada vez que el ELN, o cualquier otro grupo, pretende levantarse de la mesa de negociación, porque estarían derrumbando su ilusión mediática de la Paz Total. Al gobierno le conviene gastarse el dinero de los contribuyentes en mesas de diálogo que no llevan a nada, aún cuando las bandas criminales están aprovechando las prebendas que les da el gobierno para fortalecerse. Así, la prensa nacional e internacional ha registrado las múltiples veces en las que el ELN ha roto el cese al fuego, como cuando anunciaron un paro armado en el Chocó en julio del año pasado, o cuando secuestraron al padre de Luis Díaz en noviembre del 2023. De igual manera, las disidencias de Iván Mordisco, la Segunda Marquetalia, o el Clan del Golfo, también han continuado con sus actividades delictivas, incluyendo el narcotráfico, a pesar de haber iniciado un proceso de negociación con el Gobierno Nacional. De esta forma, ha quedado una clara evidencia de que ninguno de los grupos delincuenciales que hoy tienen presencia en el país, tienen una voluntad real de hacer la paz.

De facto, el Gobierno Nacional está aplicando una política de apaciguamiento, que consiste en dejar de combatir los grupos ilegales, para dar una falsa apariencia de paz en los territorios (por la ausencia de confrontaciones directas), mientras estos grupos se reorganizan y fortalecen. Fue precisamente esta la misma política que aplicó Pastrana cuando se estableció el despeje militar en el Caguán. Colombia no olvida cómo se le dió total control territorial y militar a la guerrilla bajo la excusa de una negociación de paz que concluyó con un presidente plantado, una silla vacía y las FARC completamente fortalecida.

De manera similar, Inglaterra también adoptó esta estrategia frente al ascenso de los regímenes fascistas antes de la Segunda Guerra Mundial. Así, los británicos consideraron que debían ceder ante Alemania e Italia: sin imponer sanciones, aún cuando estos países tenían una clara intención beligerante y expansionista. Para la Inglaterra de la época, evitar la confrontación era la forma de evitar un conflicto de mayor escala cómo el de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, Alemania e Italia aprovecharon esta pasividad británica para fortalecerse económica y militarmente, mientras preparaban la ofensiva con la que posteriormente amenazaron a toda Europa culminando con la tragedia de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, Gustavo Petro está aplicando esta misma estrategia frente a los grupos criminales en Colombia y, lamentablemente, las consecuencias están siendo las mismas que enfrentamos con el gobierno de Pastrana: grupos terroristas fortalecidos y los ciudadanos arrinconados llenos de temor. La orden de Petro al ministro de Defensa parece ser buscar excusas hasta para no reactivar los bombardeos mientras los grupos ilegales continuán amedrentando a los colombianos.

De esta forma, el ego de Petro y su afán por congraciarse con la delincuencia, ha llevado al gobierno a regalar prebendas y concesiones a las guerrillas que, hábilmente, han aprovechado la pasividad del Gobierno Nacional para fortalecerse mientras continúan burlándose del Estado. En medio de esta situación, Bogotá vive un panorama desolador, y muy lucrativo para la delincuencia: Petro no combate narco guerrillas que producen drogas y el tibio de Galán se niega a prohibir el consumo de drogas que potencia la demanda y estimula las dinámicas de violencia en las regiones. Incluso, en días pasados Galán mandó a su Secretario de gobierno a pedirle a la ciudadanía que no denuncien los casos delincuenciales en redes sociales, como si se pudiera tapar el sol con un dedo. Con estos antecedentes, los mandatarios de Bogotá y el país se han convertido en un auténtico cóctel explosivo para atentar contra la niñez, la juventud y la familia Bogotana.

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