Arte: poderosa herramienta de Napoleón

Con la voz de Jeremy Irons como narrador, tenemos la oportunidad de explorar en el documental Napoleón: Arte y Poder, que se exhibirá el 9, 10 y 11 de febrero en salas de Cinecolombia de Bogotá, Medellín y Cali. María del Pilar Rodríguez Saumet reflexiona sobra la obra y el poder del arte.

Napoleón, Arte y Poder

¿Para qué sirve el arte? Es una pregunta que no en pocas ocasiones me han hecho, incluso con un dejo de ironía. A la que en algunas oportunidades respondo con la idea que el documental Napoleón, arte y poder confirma: ¡sirve para lo inimaginable!

Por ser una creación que va directamente a la sensibilidad, la eficacia e impacto comunicacional del arte es extraordinariamente poderosa, incidiendo en el imaginario colectivo más allá de las palabras y del tiempo…

Napoleón no solo lo supo, sino que urdió todas las estrategias a su alcance para magnificar su impacto; no solo para la idealización y eternización de su imagen, sino para incentivar el desarrollo creativo, el impulso productivo y turístico. Con tal grado de éxito que el modelo aún fructifica 203 años después de su muerte.

Parte angular de la estrategia Napoleónica que, tiene mucho que enseñar a la contemporaneidad. En tanto el poder del arte no ha menguado, simplemente lo siguen usando solo aquellos que se han nutrido de la historia lo suficiente, para comprender su grado de eficiencia en el cumplimiento de objetivos de posicionamiento, crecimiento financiero, transculturación, empoderamiento, nacionalismo, sensibilización de públicos, entre otra variedad de asuntos.

Lejos de estándares de belleza o popularidad, el auténtico arte conmueve, produce emociones, fabrica atmósferas, fomenta estados de ánimo, fija ideas y estimula una variedad indecible de experiencias multisensoriales que, administradas de manera adecuada, pueden hacer la diferencia entre el éxito o fracaso de una estrategia y tanto más…

En silencio, desde el recibidor de una oficina, una gran obra de arte, escogida de manera adecuada en alineación con los valores y requerimientos de un corporativo, puede sin duda hacer toda una labor en beneficio de un negocio, tal cual una pieza equivocada puede dar una visión pobre y desvencijada de un gran profesional.

Más allá de si está a tono con la decoración, e incluso si es una gran apuesta de mercado, la adquisición de una obra de arte es alinearse con un código, establecer un enlace permanente con un puñado de mensajes. Una provocación al inconsciente que puede traer grandes beneficios tanto en lo individual como en lo colectivo.

¿Y cómo saber qué decisión tomar a la hora de adquirir una pieza en función de los objetivos personales o laborales? Napoleón lo entendió desde mucho antes de ser emperador, y por ello entre sus personas de confianza estuvo la asesoría de un curador: Dominique Vivant Denon. Elegido por Bonaparte para ser el primer director de uno de los legados más brillantes del líder: El Louvre.

Fundado en 1793 como parte de las estrategias artísticas de Napoleón, -que incluyeron brutales saqueos de arte en diversas latitudes-. Aún hoy, el Louvre es considerado el museo más poderoso del mundo; y la visión Napoleónica de arte para todos, sigue siendo de una u otra manera su premisa máxima.

El concepto del museo moderno tiene sus raíces en mucho en las ideas de Bonaparte, que se hizo consciente de la importancia de masificar el acceso al arte, en tanto estimula la creatividad, la sed de conocimiento, induce en muchos casos a la tranquilidad, el pensamiento crítico, el placer y la alegría; ampliando los horizontes de crecimiento intelectual del público; en comunión con los planteamientos revolucionarios franceses en los que aparece de manera protagónica la meritocracia.

Historia que a la voz de Jeremy Irons tenemos la oportunidad de explorar en el documental Napoleón, Arte y Poder, que se exhibirá el 9,10 y 11 de febrero en salas de Cinecolombia de Bogotá, Medellín y Cali. Inmersión cinematográfica en la faceta menos explorada de uno de los hombres más recordados de la historia: su relación con una de sus herramientas más potentes, el arte.

Al ritmo de la reinterpretación del Te Deum de la coronación de Napoleón Bonaparte, en el mismo lugar donde fue interpretado por primera y única vez hasta ahora. Esta pieza audiovisual de gran factura, favorece el interrogante y la reflexión.

Proyección de gran elocuencia a un tiempo donde los gobiernos y aún el gran público, desprecia el poder del arte y la importancia de invertir en su desarrollo, difusión y posteridad, lejos de saber no solo de su valía, si no de su asombrosa fuerza socio histórica.

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