Columnistas

Sobre Rappi

Andrés Charria nos cuenta qué le molesta de una plataforma a la que le reconoce muchas cosas.

No voy a hablar mal de una plataforma que tiene muchos detractores pero muchos más usuarios; los problemas jurídicos que tiene son evidentes y no intento volver a decir lo mismo.

En pandemia Rappi funcionó de muy buena manera, los rappitenderos se encargaron de que muchísima gente no tuviera que salir de sus casas y pudiera seguir más o menos de manera normal su vida. Todo lo llevaban a la casa mercado, papeles de trabajo etc. Igualmente notable fue la forma en que esta plataforma absorbió la cantidad enorme de venezolanos que llegaron a las grandes ciudades a trabajar. Sin hoja de vida, sin títulos, nada poco menos que una bicicleta y a trabajar. Creería que en ninguna de las crisis migratorias conocidas se recibió y se integró a la economía tal cantidad de personas como lo hizo Colombia, creo que en gran parte por Rappi.

Bueno, no sé cómo lo llamarán porque parece que no es trabajar lo que hacen los Rappitenderos. Pero no es el tema que quiero hablar, sesudos abogados ya han elaborado teorías absurdas al respecto.

De Rappi, que no lo uso, me molestan dos o tres cosas puntuales que ignoro si sus dueños quieren o no controlar pero que estoy seguro algo podrían hacer. La primera son las bicicletas con motor; cafeteras ambulantes manejadas por grandes irresponsables que no solo ponen en peligro su vida sino la del resto de los mortales. En teoría son bicicletas pero tienen mucho más de moto que de bici. Van a más de 50 k/h y tienen frenos de bicicleta, no llevan casco y se meten por ciclorrutas, andenes y ciclovías; todo les importa un pito. Polucionan más que cualquier otro vehículo a motor, no siguen ninguna norma de tránsito y, peor, carecen de sentido común. Las autoridades de la ciudad se hacen las ciegas frente a estos bárbaros, a pesar de estar perfectamente regulado su uso, prefieren multar a un vehículo por cualquier cosa que impedir que estos bici-motos hagan lo que les dé la gana.

Como conductor de moto entiendo los riesgos que tiene manejar este fantástico vehículo; un accidente, aún con casco y a baja velocidad, no deja de ser un problema mayor. Por esa razón no soy el único que al mando de un vehículo de dos ruedas tomo precauciones que no tomaría en un carro. Hoy en día se ven a los conductores de carro chateando, y mandando mensajes de voz de manera permanente; hablándole al celular mientras arrancan en el semáforo, pero esto es difícil en una moto y más en una bici. Pues bien, desde hace no mucho tiempo esta práctica se ha venido generalizando en los domiciliarios, específicamente en los “rappitenderos” que chatean, hablan por celular, lógicamente con el celular en la mano y, peor aún, chatean mientras conducen la moto o bicicleta. Hay muchas formas de hablar con manos libres pero eso no existe para estas personas.

Otra actividad que es francamente peligrosa es la forma en que todos los rappitenderos hacen del celular mientras se movilizan, sin casco, por la vía, la cicloruta o un andén pedaleando y chateando, alguno poco prudente maneja con una mano pero la mayoría de los ciclistas, imitando a Nairo Quintana en bajada, deciden pedalear y con las dos manos chatear. Supongo que muchos accidentes han ocurrido por esta acrobática e imprudente maniobra pero nuevamente para un chupa es mucho más cómodo multar a la señora que chatea en un buen carro que a un joven en una bicicleta de muy poco valor. Así nos va.

El otro tema es cómo destrozan los lugares donde parquean, vuelven baños las aceras y rincones y materas; y por algunos sitios es imposible para un peatón transitar. Pocos son los establecimientos de comercio que se lucran de ese servicio que algo hacen por mejorarles en algo su actividad o en arreglar la zona donde estas personas esperan a que se les envíe por algo. Algunos centros comerciales o grandes superficies les han habilitado zonas exclusivas y algunos servicios básicos pero la norma es que estas personas invaden a placer el espacio público y no tienen acceso a condiciones mínimas de trabajo decente, pues laboran al aire libre. Ojalá intentaran mejorar en algo las condiciones de seguridad y dignidad de quienes laboran en este servicio.

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