Opinión: ¡Y se marchó!

Carlos Carrillo nos cuenta cómo los intereses de Jaime Dussán dinamitaron la lista de Polo al Concejo de Bogotá y analiza los problemas del Pacto Histórico en las elecciones locales.

Excandidato a la Alcaldía por el Polo Democrático

Ya definido el partidor de candidatos a la Alcaldía Mayor de Bogotá retomo este espacio que con gran gentileza me brinda Publimetro. Comienzo, pues, con la aclaración de que no soy candidato a nada. Así las cosas y liberado de las responsabilidades de una candidatura tendré más tiempo disponible para poder escribir columnas de opinión.

Saber dejar es una habilidad que toma tiempo cultivar. La excepcional percepción del mundo que hemos desarrollado los humanos, nos ha llevado también a una sin igual conciencia de la cercanía de la muerte, de lo pasajero e insustancial de nuestra existencia, de nuestra fragilidad y por tanto de lo fácil que es perderlo todo. Así como un profesional exitoso se aferra a su carrera corporativa o un niño se aferra a su juguete predilecto, los políticos nos aferramos a los partidos, a las ideologías o las dignidades. Nunca será fácil dejar ir eso que nos genera orgullo y satisfacción.

Ese fue el reto al que me enfrenté en estas elecciones: a dejar ir, no sólo la candidatura a la Alcaldía Mayor de Bogotá, sino también a abandonar el Concejo. Lamentablemente el PACTO no quiso implementar un mecanismo democrático para la selección de sus candidatos, no hubo consulta para definir la candidatura a la Alcaldía y la lista al Concejo, una vez más, será cerrada y bloqueada; es decir, los nombres de las personas que ocuparán las curules no serán definidos por el voto popular sino por una opaca partidocracia. El PACTO entregó a la Registraduría una lista con un orden preestablecido y dependiendo del número de votos obtenidos por la lista, quienes ya estén en los primeros lugares obtendrán las curules.

Me he opuesto siempre a las listas cerradas sin mecanismos democráticos legítimos y garantistas, las listas cerradas definidas por los dueños de los partidos generan consecuencias indeseables, la más obvia: los embuchados. Dentro de la lista cerrada cabe de todo y está demostrado que muchos pasan inadvertidos, entre otras porque ningún candidato en un puesto elegible criticará la entrada de algún impresentable, criticar a uno es criticarlos a todos y por lo tanto poner en riesgo su propia elección. Una vez surtida la rapiña para seleccionar los puestos de la lista se crea entre los candidatos una suerte de omertá: todos para uno y uno para todos.

Por supuesto que mi exclusión de las elecciones me deja un dolor personal, imposible no traer a la mente esa recordada caricatura política de “Dejen jugar al Moreno”, pero la alarma que enciende el desafortunado espectáculo en la elección de las listas del PACTO va mucho más allá de lo personal, la arbitrariedad con la que se están determinando las corporaciones públicas y los evidentes excesos de los partidos sobre sus afiliados deben preocupar a toda la sociedad.

La democracia, nos guste o no, entrega los triunfos contando votos. El presidente está en el Palacio por haber derrotado a su contendor en las urnas y en las elecciones uninominales no es posible cerrar la lista y definir quién queda de primero a punta de maniobras y conciliábulos. Bajo el peregrino argumento de abaratar las campañas y con una instrumentalización evidente de la paridad se está impidiendo que nuevos liderazgos florezcan.

El Concejo de Bogotá ha sido siempre una importante vitrina para políticos emergentes, hoy la falta de democracia interna de los partidos y el empecinamiento del PACTO en las listas cerradas dejan a muchos candidatos sin siquiera tener la oportunidad de competir, esto no sólo deja heridas, también empobrece el debate democrático. Ojalá la lección se aprenda y el PACTO no siga con el inaceptable método de armar listas a último minuto en algún sal´pn oscuro. El resultado no es fortalecer un proyecto político colectivo; por el contrario, esta práctica divide y destruye la ya bastante frágil confianza entre los sectores que integran la coalición.

La cúpula del POLO me ofreció el primer lugar, algo que muy seguramente me habría llevado a encabezar la lista cerrada del PACTO, pero el precio era demasiado alto. Para ser el primero debía aceptar que Rocio Dussán, hija del impresentable director de Colpensiones Jaime Dussán, fuera la número dos pasando por encima de todas las demás mujeres del Partido: me negué, y la consecuencia fue quedar por fuera del Concejo. La curul se pierde pero los principios se mantienen intactos, desde fuera de esa pecera que es el Concejo de Bogotá podré seguir viendo a los ojos a esas 32 mil personas que hace cuatro años confiaron en mí. Mi compromiso con la decencia vale mucho más que una curul regalada con votos ajenos.

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