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Así es correr la Media Maratón de Bogotá

21 km con los 2.600 metros sobre el nivel del mar, los cambios de clima, la contaminación, las calles en mal estado y, eso sí, el apoyo de miles que salen a ver. Por: Andrés Charria

La Media Maratón de Bogotá se corrió el 31 de julio de 2023.

No solo no tiene metro, Bogotá tampoco tiene una carrera de 42 kilómetros o, mejor, una maratón. Si no se logra organizar adecuadamente media maratón, evidentemente la maratón está fuera de cualquier discusión. No se trata de la altura: México DF con más o menos la misma altura tiene una carrera de más de 30 mil corredores sin mayor problema; es, básicamente, que no existe una organización que permita siquiera montar bien la media maratón

Durante algún tiempo los 21k fue catalogada por la Federación Internacional de Atletismo como gold label race comparada con grandes carreras. Ignoro la razón pues, como comentaré, la organización deja mucho qué desear.

Tiene cosas buenas esta carrera, pocas pero las tiene: el recorrido es muy bogotano, pasa por los puentes de la 26, la carrera séptima y la NQS, tres de las vías mas importantes de la capital, y llega al maravilloso parque Simón Bolívar. El clima fue perfecto: lloviznó gran parte del recorrido y para terminar salió el sol, ideal. La camiseta y el kit, que no es mas que una bolsa llena de buenos productos, está a la altura de las de las mejores maratones, surtida, con alimentos y elementos necesarios para correr 21 kilómetros.

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Recoger el kit es increíblemente lento; más de dos horas llegaron a esperar algunas personas para poder tener el número de competencia. Como buena actividad bogotana, hay que hacer cola, larga, desorganizada y aburrida. Las grandes carreras logran entregar el número en menos de diez minutos, la idea es que las personas pasen a la expo, una feria donde hay toda clase de artículos para corredores. Después de más de dos horas de fila mucha gente renuncia a visitar la expo.

La salida es desastrosa, hay pocos baños, fundamentales cuando más de treinta mil personas se reúnen, las colas (nuevamente) pueden tardar más de media hora. Se supone que se debe salir de acuerdo con el tiempo, nada de eso, cada cual se ubica donde puede o quiere y por lo tanto los tres primeros kilómetros se hacen prácticamente caminando, eso si los importantes salen adelante, muchos para tomarse fotos o caminar lo que el resto de los competidores quieren correr. No hay ninguna instrucción en la megafonía, nuevamente: más de 30 mil personas requiere instrucciones precisas, pero nada de eso, los recreacionistas de siempre pidiendo una bulla o levantar las manos. Buenos sí son los puntos de hidratación a la salida, agua y bebidas hidratantes en grandes cantidades.

La carrera es desorganizada en todo el recorrido, la distancia está mal medida, los puntos de hidratación son unas mesas donde hay algunas bolsas de agua, esto también muy bogotano, y logran crear un trancón entre corredores; generalmente se ubican personas que entregan en ambos lados de la vía las bebidas, acá no, unas mesas a un lado no más. No vi baños ni puntos de atención en las islas de servicio. No esculpa de la organización, pero las vías son desastrosas, huecos, pedazos de señales, alcantarillas destapadas que hacen que la carrera sea peligrosa.

El recorrido es muy exigente, esto es bueno: los primeros siete kilómetros son en subida, los puentes de la 26 hasta la séptima son difíciles, más o menos 7 kilómetros, luego vienen unos 10 kilómetros de bajada hasta el puente que une la calle 92 con la NQS, de allí al parque Simón Bolívar en plano. Como siempre, los señores de Rappi se toman la vía y se meten con las bicicletas donde no deberían estar, como nadie los controla hacen lo que les da la gana; ellos son así, siempre tienen afán y se meten donde pueden. Al lado mío uno de esos señores del boso se atravesó, casi tumba a dos corredores lo que provocó una pelea, supongo que el imprudente ciclista salió maltrecho.

La llegada es impresionante, muchísima gente, corredores y acompañantes, para eso la plaza de eventos del Simón Bolívar funciona perfectamente, antes daban fruta a la llegada, ahora solo una bebida hidratante y la medalla.

No me fue tan bien como esperaba, ya tengo 56 años y soy tragón, pero la media maratón hace parte de mi vida de bogotano, como El Campín y Monserrate. Podría ser mejor, pero desafortunadamente es lo que hay.

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