Opinión: Medellín y la pesadilla de los arriendos

“La burbuja es clara: durante la pandemia los precios de los arriendos se congelaron”.

Arriendos en Medellín
Medellín, Antioquia Medellín- Foto de referencia (andresr/Getty Images)

Según La Lonja, entidad que agrupa al gremio inmobiliario de Medellín, durante 2022 se observó una reducción del 50 % en la oferta de arriendos en la ciudad. El tema de los arriendos de casas y apartamentos se ha convertido en un suplicio para los ciudadanos que no tienen acceso aún a una vivienda propia. Sí, es un problema de las grandes ciudades como Bogotá, Barranquilla y Cali, pero, particularmente en el Valle de Aburrá, una burbuja inflada luego de la pandemia nos pone a parir a la hora de buscar un nuevo techo para vivir.

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Haga el ejercicio, salga a caminar, recorra la ciudad en carro, bus o metro y dedíquese a mirar si encuentra avisos de “Se arrienda”. Lo que antes eran ventanas adornadas con esos “afiches” en los que uno hacía un esfuerzo de retina para ver el número de contacto, hoy brillan por su ausencia. Es una realidad: no hay mayores opciones de arriendo, especialmente en edificios o urbanizaciones.

Ahora bien, hay otras opciones, ya que la que expliqué anteriormente (la del salir a caminar a buscar apartamento) luce un poco retrógrada. Usted se mete a Metro Cuadrado o Cien Cuadras, (sitios web especializados para encontrar vivienda en venta o arriendo) y el panorama es muy curioso. Sí hay apartamentos, pero en la mayoría de los casos toda la información está desactualizada y ya esos inmuebles están ocupados o fueron vendidos.

Cuando el destino es generoso y usted, mediante esas herramientas, logra encontrar algo, se estrella con otra gélida realidad: el precio. Según Galería Inmobiliaria, en zonas como El Poblado y Envigado los cánones de arrendamiento están entre los 3 y 3,5 millones de pesos, mientras que en Laureles, Sabaneta, Robledo y Belén los cánones flotan entre los 1,5 y 2 millones de pesos.

La burbuja es clara: durante la pandemia los precios de los arriendos se congelaron, luego, con la pospandemia, de nuevo los extranjeros llegaron a la ciudad y se ha generado una avalancha de inversión en dólares y euros para comprar apartamentos o casas y convertirlas en Airbnb, hostales o sitios para que ellos vivan, subarrienden, ofrezcan todo tipo de servicios (muchos dentro del marco del turismo sexual) y eso, para los dueños de esos apartamentos que otrora se lo arrendaban a un samaritano que pagaba un arriendo bajo el manto de un contrato por un año, es mucho más rentable.

Ya si todos los astros se alinearon por usted y logró encontrar algo que se adapte a su estilo de vida y a su bolsillo, se estrella con que debe presentar una serie de requisitos y de papeles para que sea mínimamente apto en el ámbito de confianza para habitar ese techo. Pólizas, fiadores, ingresos, no estar reportado en centrales de riesgo, secuencia de su ADN, estudio de ancestros, un sinfín de requisitos que hacen que, si a usted le aprueban ese arriendo, ya puede acceder a una posible beatificación papal.

En Facebook hay una página que se llama WikiPaisas en la que la gente promueve emprendimientos, vende cosas y es una red de apoyo. Ahí ahora el tema se centra en publicar apartamentos y casas para la venta; a veces hay cosas para arrendar, pero el precio lo saca corriendo si usted no se ha ganado el Baloto. Venta y venta enfocada hacia la búsqueda de extranjeros que compren con moneda fuerte.

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A todo lo anterior sume la inflación, la crisis general, los argumentos que ya hacen parte del paisaje como la guerra de Ucrania, el Gobierno actual, etcétera, etcétera…

Yo vivo en arriendo en este apartamento desde hace seis años y pago un precio justo, que, para los tiempos actuales, el barrio y el tamaño del inmueble, es un auténtico gangazo. La dueña ya no sabe cómo sacarme y me aferro a que la agencia de arrendamientos es la que hace respetar un contrato vigente, pero el tiempo pasa y tendré que salir de acá a enfrentarme a ese suplicio del caminar y ver que los avisos de “Se arrienda” pegados en las ventanas y porterías, son fantasmas del pasado y no tengo ni la menor idea de dónde voy a vivir, salvo que le pegue al Baloto.

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