El alma nuestra de cada día

Se dice que si uno cree que no tiene razones por las cuales sentirse agradecido(a) es porque no está prestando suficiente atención; también se relaciona con la ilusión de creer que existe algo que no sea transitorio.

Gracias a Shtisel, la serie de Netflix sobre judíos ortodoxos en Jerusalén, supe que al despertar agradecen a Dios, porque les ha restaurado el alma al cuerpo. “El Talmud dice que, dado que el alma de una persona sube al cielo cada noche, el sueño es una ‘sexagésima parte de la muerte’. El día debe comenzar contemplando la bondad de Dios al permitirle despertar refrescado y revitalizado”. Según una página que encontré, “Di-s no solo nos ha devuelto el alma que le confiamos la noche anterior, sino que además nos la ha regresado una vez que ha sido refrescada y rejuvenecida, a diferencia del alma cansada y agotada que le hemos confiado la noche anterior”.

Me impactó el ritual, porque no lo practico; no se me habría ocurrido y nunca he sabido de alguien que lo haga, al menos no por medio de una oración –según la página, la frase que los judíos ortodoxos dicen es “Doy gracias a Ti, Rey vivo y eterno, ya que Tú has restaurado el alma dentro de mí. Tu lealtad es grande”–. Supongo que no lo practico, porque doy por sentado que al día siguiente voy a despertarme; es más, algunas veces me voy a dormir pensando en lo que debo hacer al día siguiente... aunque nada me indique de manera definitiva que esto vaya a tener lugar.

Dar las cosas por sentado es, sin embargo, el punto de partida para no estar agradecidos con nuestro presente. Es factible que no estemos muy de acuerdo con agradecer: lo confundimos con una suerte de resignación o conformismo, y es posible que hayamos crecido oyendo que es una obligación hacerlo: “Debemos estar agradecidos con lo que tenemos y más en un mundo donde la mayoría no tiene” es un mantra que diferentes instituciones promueven.

Hace poco oí una afirmación que me gustó: si no tenemos nada por agradecer es porque no estamos prestando atención. Si no prestamos atención, es factible que estemos dando por sentadas las condiciones y problemas que estamos viviendo, olvidando que nada perdura y que incluso aquello que nos produce angustia en algún momento dejará de hacerlo, bien sea porque lo resolvamos, aprendamos a relacionarnos con ello de manera distinta o, simplemente, de manera clara y para algunos sombría, porque morimos.

Buscar motivos para sentirnos agradecidos es otra manera de parar un momento, prestar atención y hacer un recuento de pequeñas cosas que nos alegran y damos por sentado: el aire que entra y sale de nuestro cuerpo, la extraña textura del agua, la brisa, vivir en una ciudad con un monte inmenso en un costado, sentir la respiración cerca de ser o seres que uno quiere … O, como los judíos ordoxos, porque despertamos y notamos que Dios nos ha devuelto nuestra alma un día más.

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