Opinión

Solo soy una chica

Hay quien dice que no va a ver el mundial por las leyes cataríes, pero se devora el Gran Premio de Fórmula 1 de Abu Dabi, que es la misma vaina

Lavarle la cara a Catar, como han intentado hacer desde el presidente de la FIFA hasta periodistas y participantes del evento, es imposible. Es que dan ‘cringe’, como dicen los jóvenes de ahora cuando quieren expresar que algo les da vergüenza ajena. Dijo Infantino hace poco que, en vez de estar criticando a Catar, los europeos se deberían disculpar pos sus políticas colonialistas desde hace tres mil años. Dijo también que se sentía catarí, árabe, africano, gay, discapacitado y trabajador, migrante, todo al mismo tiempo, porque de niño sufrió discriminación en Suiza por ser pelirrojo y hablar mal el alemán.

Qué nivel. Tanto verso para justificar que eligió como sede al país asiático a cambio de un montón de dinero y quién sabe qué otras prebendas. Y ya salió diciendo que no ve con malos ojos un mundial organizado por Corea del Norte. Dinero, espectáculo y despotismo, todos de la mano jugando a estar construyendo un mundo mejor.

También dijo Maluma que no podía hacer mucho con la situación de los derechos humanos en Catar. “Solo vine para disfrutar la vida y la fiesta del fútbol. No es algo en lo que realmente tenga que involucrarme. Estoy aquí disfrutando de mi música y la vida hermosa”. Es como ir a un restaurante, ver un accidente y quedarse de brazos cruzados argumentando que uno fue a disfrutar de la sazón y de la explosión de los sabores, no a dar una mano a alguien que sufrió una desgracia. Me recordó a la Stacy Malibu, la muñeca de Los Simpson, que al jalarle una cuerda decía “No me preguntes, solo soy una chica”.

De alguna forma el mundo se ha olvidado de los atropellos a las mujeres, que en Catar son poco más que una mascota, de los inmigrantes, explotados en condiciones inhumanas, y de los gays, casi declarados objetivo militar, todo en nombre de la fiesta del fútbol y de un mundo en armonía. No sé cómo creen que pisoteando a medio mundo se puede lograr tal cosa.

Pero, por otro lado, no creo en la ola de indignación colectiva que surca el ambiente. Primero, porque es demasiado tarde. ¿Dónde estaba esa horda de biempensantes, luchadores por un mundo mejor, cuando la FIFA eligió a Catar como sede en 2010? ¿Qué hicieron durante estos doce años? ¿Por qué alzaron la voz apenas faltando una semana para que iniciara? Activistas de ocasión, solo por sonar y no quedarse por fuera de la conversación de moda.

Y más que de ocasión, son incoherentes, aunque aquí cabe decir que la única coherencia del ser humano es ser incoherente; resulta imposible mantener un discurso homogéneo y compacto a toda hora. Así, quienes se quejan por la política exterior de Estados Unidos, por ejemplo, se desviven por conocer Disney; o quienes luchan a muerte contra el plástico, consumen ropa y tecnología hecha con las patas y sin control en Asia. Hay quien dice que no va a ver el mundial por las leyes cataríes, pero se devora el Gran Premio de Fórmula 1 de Abu Dabi, que es la misma vaina.

No sé cuál sea el punto medio entre disfrutar de la vida sin remordimientos y darle una mano al mundo para que sea un lugar más amable para todos. Quizá sea imposible y toque aceptar que vivimos en una sociedad injusta, sin dejar de luchar por mejorarla, eso sí. De verdad que no tengo idea y quizá, al igual que la Stacy Malibu y Maluma, solo soy una chica, que en palabras de hoy necesitaría una expresión menos ofensiva. Solo sé que para mí no está en debate, no ver el mundial. Lo seguiré a pesar de la sede y los atropellos, del horario y de que no esté Colombia. Lo único que prometo es no sacar argumentos descabellados ni hacer malabares para justificarme. Veré el mundial porque quiero y porque me gusta el fútbol, es lo mejor que puedo ofrecer.

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