Opinión

Votos por likes

Columna de Adolfo Zableh

Mucha estrella digital lanzándose a puestos de elección popular creyendo que likes y votos son la misma cosa. Si no sirven para un jopo los seguidores, salvo para armar recocha en redes y de vez en cuando ayudar si alguien se queda sin trabajo, tiene un familiar enfermo que necesita cama en un hospital, o buscar una mascota o una persona perdida. Y no es poco todo eso que acabo de decir, pero se equivoca quien cree que tener muchos seguidores significa arrasar en las urnas el día de las elecciones.

Y está bien que la ciudadanía participe en política, no sobra quitarles el monopolio de los puestos públicos a los políticos tradicionales, pero la ingenuidad y el oportunismo se antojan demasiado. A veces es el mismo embrión de candidato no tradicional el que sale con la idea de ir por un puesto en el Congreso con la idea de cambiar las cosas; en otras oportunidades, son los mismos líderes políticos, viejos zorros que se las saben todas, quienes proponen nombres populares y frescos alejados de la política con el fin de lavarse la cara y ganar nuevos adeptos.

Y claro, el poder corrompe, pero antes seduce. Por eso el influencer de turno se lo piensa primero, le da vueltas a la idea, y luego dice sí, con algo de nervios y pena al comienzo, casi sin querer, pero con el correr de las semanas se convence de que es posible llegar. Entiende que la democracia es un juego incluyente que recibe a todos y que el cambio es posible, que sí hay tanto hampón y tanto incompetente viviendo del Estado, por qué él no. No solo cree que eso es lanzarse, sumar tantos votos como fans tiene y una vez posesionado arreglar el país porque los que están no saben cómo se hacen las cosas. No han entendido aún que hacer oposición es muy fácil, basta con apuntar el dedo hacia los problemas y consagrarse como paladín digital. Gobernar, en cambio, es muy difícil: toca pactar, ceder, negociar y enfrentarse a esa inmensa mole que es el sistema y que devora a todo el mundo.

Probarse en la política se está convirtiendo también en una forma de salir del desparche o de la crisis: antes la gente montaba un puesto de empanadas o algo, ahora cualquiera con unos cuantos miles de seguidores se lanza a un puesto público a ver si le suena la flauta, como si popularidad e indignación fueran lo mismo que preparación y vocación de servicio al pueblo.

Y esto no va de partidos políticos o de ideas de país, que el mal ataca por todos los frentes. Ahí están Jorge Cárdenas y Susana Boreal, Beto Coral y Miguel Polo Polo, por mencionar los nombres que primero vienen a la cabeza. Ni idea qué van a hacer si quedan, que no creo, pero es que de todo se ha visto, así que mejor estar preparados. Sin ir más lejos, los dos últimos, Coral y Polo Polo, se han enfrascado en peleas públicas donde se incluyen términos como ‘estafador’, ‘rata’, y ‘asco de ser humano’. Y es curioso, porque suele creerse que uno de los propósitos de llegar al Congreso es subirle el nivel al debate, no bajárselo.

Los influencers al poder, está pasando, otra señal del fin de los tiempos; nunca antes se necesitó de tan poco para participar en política. Se están lanzando como quien dice hoy se me antoja almorzar lentejas. Sin ánimo de defender a lo que ya nos gobierna, ojalá se quemen, que esto no es MasterChef.

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