El pasado lunes 20 de abril, la docente de 32 años Diana Rodríguez se desplazaba en su bicicleta eléctrica rumbo a su casa, en la localidad de Suba, cuando un motociclista chocó la llanta trasera de su vehículo y la hizo caer en el pavimento, para después darse a la fuga sin ser identificado. Ese accidente, que le causó una grave herida en la pierna derecha, fue el inicio de un calvario en busca de la operación necesaria para salvar su extremidad, que cada día muestra más signos de deterioro.
Diana le relató a Publimetro que el choque le dejó una herida horizontal profunda, de alrededor de 20 centímetros, por debajo de la rodilla, que permitía, incluso, ver el hueso. Inmediatamente, fue trasladada en ambulancia a la clínica Medicentro Familiar en su sede de Suba, donde la ingresaron como paciente de EPS y no por SOAT, pese a que la historia clínica registraba que tendría cobertura de ese seguro por tratarse de un accidente de tránsito con vehículo fantasma.
Señala contradicciones entre el hospital y la EPS
Aunque los profesionales del hospital descartaron fractura de hueso o ruptura de tendones o ligamentos, el día martes se determinó que se trataba de una “herida compleja de alto compromiso de tejidos blandos con colgajo de avulsión”, e indicaron que Diana debía ser sometida a una cirugía plástica para reconstuir su pierna. Ese día, le dijeron que dicha intervención se realizaría en ese establecimiento en un plazo máximo de 48 horas, es decir, a más tardar el jueves 23 de abril.
Sin embargo, poco después le dijeron que debían contactarse con su EPS, Nueva EPS, para que la remitieran a otra institución y le realizaran la cirugía, ya que allí no tenían convenio con esa entidad. Diana fue trasladada al tercer piso de Medicentro Familiar mientras llegaba la respuesta, pero a partir de eso momento todo sería información contradictoria.
Durante los días previos a que se cumplieran las 48 horas, varias personas de la IPS le dijeron que la cirugía se haría allá, a la vez que ella esperaba un traslado que seguía sin hacer efectivo. El jueves 23 de abril, la familia de Diana, angustiada, envió un abogado que corroboró que no había solicitudes de traslado para la paciente en el sistema de referencia y contrarreferencia, y apenas se formuló la solicitud ese día.
Nuevamente, el viernes un profesional de cirugía plástica le dijo que le harían la intervención allá, y horas después desde la Nueva EPS se comunican con ella para informarle que intentaron programar su traslado a la Clínica Nueva El Lago y el Hospital Universitario Nacional, pero ambos establecimientos rechazaron la solicitud por falta de camas, e indicaron que Medicentro Familiar debía volver a pedir la remisión. No obstante, al comunicarle esto a la IPS, señalaron que ellos no podían hacerlo porque la solicitud de traslado estaba activa, cosa que negaban desde la Nueva EPS.
Empezó a notar signos de infección
Mientras seguía a la espera de los tortuosos trámites, Diana comenzó a percibir preocupantes cambios en su herida. El domingo en la noche, sintió su pierna muy caliente, y tras una curación, se le reveló que probablemente estaba padeciendo de una celulitis infecciosa, algo que luego confirmarían por medio de una ecografía.
Esta forma de celulitis implica que bacterias, posiblemente estreptococos y estafilococos, ingresan a la piel a través de una lesión abierta, lo que puede conllevar infecciones en los ganglios, los huesos o el torrente sanguíneo, entre otras complicaciones, en caso de no ser tratada a tiempo de forma adecuada. Cada día, el personal del hospital monitorea su herida y le suministra analgésicos y antibióticos, pero Diana sigue esperando la cirugía antes de que la celulitis continúe empeorando.
Punto muerto
El lunes, recibió una respuesta de Supersalud, a quien había enviado una solicitud por la falta de traslado por parte de Nueva EPS, pero solo le dijeron que la entidad no había dado respuesta en el plazo determinado. El martes, Nueva EPS le confirmó, después de días de contradicciones con Medicentro Familiar, que ya aparecía la solicitud de traslado activa en el sistema, pero debían esperar que hubiera atención de cirugía plástica y una cama disponible en otro hospital, algo que aún no ha sucedido.
Diana dice que entre el lunes 27 y el miércoles 29 la situación de su pierna ha empeorado, y le cuesta más caminar. Por la ubicación de la herida, no puede doblar ni apoyar la pierna, y dice sentir un dolor tan insoportable que incluso llega a tener nauseas, mareos y vómitos. Aunque los reportes de evolución señalan que no hay infección sistémica, Diana teme que las bacterias lleguen hasta el hueso y comprometan su movilidad.
En medio de su desesperación, llegó a indagar la posibilidad de pagar la cita particulamente o de firmar la salida voluntaria de la IPS, pero la primera opción cuesta cerca de 20 millones de pesos, y la segunda pone en riesgo la regularidad del acceso a antibióticos para controlar la infección. Además, con el paso de los días, en la clínica han comenzado a plantearle que es posible que no requiera una sola cirugía, sino hasta tres por la complejidad de la herida y la infección.
“Estoy agotada, solo he podido ver a mi hijo 20 minutos”, dice Diana, quien afirma que el menor lloró durante la visita al ver su estado y por todos los días que lleva lejos de su madre: “no solamente están atentando contra mi sino contra la estabilidad de un niño de 11 años”.
Pese a haber subido un video a redes sociales el pasado lunes contando su caso y recibir comentarios de la Nueva EPS y la Secretaría de Salud de Bogotá, ninguna de sus gestiones con instituciones estatales, que también incluyen a la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría, han dado resultado. Lo máximo que ha conseguido es una respuesta de la Secretaría de Salud, emitida este miércoles, donde le aseguran que la Nueva EPS sí autorizó la cirugía desde el jueves 23, pero todos estos días le han negado la intervención en Medicentro.
Tras 11 días de hospitalización y pocas respuestas, Diana se siente en un punto muerto, con un dolor físico y un agotamiento mental que la superan y la tienen sumida en la incertidumbre. De haber sido operada en el plazo definido tras su primera consulta con el profesional de cirugía plástica, la paciente ya estaría en proceso de recuperación, encaminada a superar el accidente; sin embargo, continúa exigiendo trámites para poder acceder a la intervención, mientras carga con el dolor de una herida abierta que corre el riesgo de empeorar.
