La crisis del suelo global dejó de ser una advertencia lejana para convertirse en una realidad que impacta directamente a la economía y a los negocios agropecuarios. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, un tercio del suelo mundial ya está degradado, y si la tendencia continúa, la cifra podría alcanzar el 90 % en 2025. En América Latina, donde gran parte de la economía depende del campo, este panorama representa una amenaza directa para la rentabilidad y la sostenibilidad de miles de empresas.
Sin embargo, en Colombia, especialmente en regiones como Casanare y Meta, algunos productores decidieron anticiparse a la crisis apostando por los modelos de negocio regenerativos. Sectores como la ganadería, la palma y el turismo sostenible están demostrando que cuidar el medio ambiente no solo es viable, sino también rentable.
De la crisis ambiental a la ganancia: negocios en Colombia apuestan por producción regenerativa ante degradación del suelo
Carlos Rojas Arenas, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Casanare, explica el impacto de este cambio: “Al implementar prácticas regenerativas, no solamente mejoramos la productividad, sino que encontramos mejores precios para nuestros productos. Está probado que existen ciertos segmentos de mercado que pagan mucho mejor por estos, y que están dispuestos a reconocer el esfuerzo que hacen los productores en nuestro departamento”. Sus palabras reflejan una transformación clave: el paso de ver la sostenibilidad como un costo a entenderla como una ventaja competitiva.
Este enfoque ya está llegando a las grandes superficies. La cadena Alkosto ha comenzado a integrar la producción regenerativa en su cadena cárnica, apostando por un consumidor cada vez más consciente. “No queremos tener un producto como un genérico, sino como un valor agregado. Que el consumidor encuentre un producto diferencial con una historia desde que nace, hasta la mesa”, asegura Juan Gonzalo Barreneche, director de Carnes de la compañía.
Detrás de estos avances hay una estructura sólida. La organización The Nature Conservancy desarrolló el Marco Conceptual de Modelos de Negocio Regenerativos (MMdNR), una herramienta diseñada junto a productores, empresas e inversionistas para impulsar este tipo de iniciativas en el territorio. Este modelo propone equilibrar la rentabilidad económica, la justicia social y la protección ambiental, no como objetivos separados, sino como pilares interdependientes del negocio.
Alejandra Castro, especialista en estos modelos en TNC Colombia, lo resume así: “Un negocio regenerativo no solamente piensa en la naturaleza, sino también en la rentabilidad y en lo social, tejiendo vínculos desde el territorio. Estas acciones se tangibilizan dentro de la empresa: pueden generar disminución de costos, algo que muchas veces no se ve. Y el mercado está exigiendo mucho más: no solamente saber de dónde viene el producto, sino con quién se hace y cómo lo hacen. Incluso está dispuesto a pagar por esas características regenerativas”.
El modelo se basa en principios como el uso regenerativo de recursos, la diversidad e integración, las redes de liderazgo, la ética y la transparencia, y ya cuenta con herramientas prácticas que están siendo implementadas en campo. La meta es escalar esta estrategia a otros sectores productivos del país.
Para Mauricio Castro, director de Agricultura de TNC para América Latina, el factor clave es el mercado: “El mercado es fundamental para que la producción regenerativa tenga éxito: acceder a él, hacerlo a la escala y contar con un marco que consolide esos elementos”. Esta visión también ha llamado la atención del sector financiero, que empieza a ver estos modelos como inversiones sólidas, respaldadas por indicadores claros y resultados medibles.
Desde el enfoque ambiental, el impacto es igual de relevante. Antonio Solarte, líder del programa de Sistemas Productivos Sostenibles de TNC Colombia, destaca que “en los diferentes tipos de producción agropecuaria se puede generar un impacto ambiental positivo o negativo, y eso tiene una relación directa con el agua, la conservación de la biodiversidad y el suelo”.
Lejos de reemplazar las prácticas existentes, el modelo regenerativo busca potenciarlas, conectarlas con mercados más exigentes y fortalecer su impacto en las comunidades. En medio de la degradación del suelo y la presión ambiental global, Colombia empieza a perfilarse como un laboratorio de soluciones donde el medio ambiente y la rentabilidad dejan de ser opuestos para convertirse en aliados estratégicos.
