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En video: cadena humana en Puerto Leguízamo salva a soldados tras accidente aéreo en Putumayo

En medio del caos, el fuego y las explosiones, habitantes de Puerto Leguízamo protagonizaron una carrera contrarreloj que evitó una tragedia aún mayor…

Foto Accidente aéreo en Putumayo: cadena humana en Puerto Leguízamo salvó decenas de soldados tras caída del Hércules C-130.
Tomada de la cuenta de Instagram La Voz de Amazonia. Foto Accidente aéreo en Putumayo: cadena humana en Puerto Leguízamo salvó decenas de soldados tras caída del Hércules C-130.

La tragedia del accidente aéreo en Putumayo dejó al descubierto no solo la magnitud de la emergencia, sino también una impactante historia de solidaridad en Puerto Leguízamo, donde decenas de habitantes protagonizaron una cadena humana para salvar vidas tras la caída del avión militar Hércules C-130 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC).

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El siniestro ocurrió pocos minutos después del despegue, cuando la aeronave —que transportaba a más de un centenar de uniformados— perdió potencia y cayó a aproximadamente 1,5 kilómetros del aeródromo. Eran cerca de las 9:50 de la mañana cuando un estruendo rompió la rutina del municipio, ubicado en una zona selvática del sur del país.

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Escuchamos el avión… dijimos: llegó el avión… pero al despegar no alcanzó a elevarse y descendió”, relató Hermilson Fajardo, periodista de La Voz de Amazonia, uno de los primeros en llegar al lugar. “Nunca me imaginé presenciar una cosa así tan horrible”, agregó, describiendo el caos que encontró entre los restos de la aeronave.


Tras el impacto, una densa columna de humo negro comenzó a elevarse mientras las llamas consumían el fuselaje. Sin embargo, lo que ocurrió después marcó la diferencia: la comunidad reaccionó de inmediato. Campesinos, mototaxistas, indígenas, miembros de la Defensa Civil y uniformados se unieron en una carrera contrarreloj para rescatar a los sobrevivientes.

El pueblo de Leguízamo se volcó a ayudar. Mototaxistas, campesinos, indígenas, bomberos voluntarios, Defensa Civil, personal del Ejército y la Armada nos ayudaron mucho”, confirmó el secretario de Gobierno del municipio, Carlos Arbey Claros.

En medio del fuego, se organizó una improvisada pero efectiva cadena humana en Puerto Leguízamo, en la que decenas de personas transportaban baldes de agua desde una charca cercana para intentar sofocar las llamas. “¡Agua, agua! ¡Necesito agua!”, se escuchaba en los videos grabados por los propios testigos.

Las imágenes muestran cómo, sin equipos especializados, los habitantes se metieron en el agua lodosa y pasaban los recipientes de mano en mano, en un esfuerzo desesperado por controlar el incendio del avión. La escena, registrada en video, se convirtió rápidamente en símbolo de la solidaridad en Colombia.

Uno de los relatos más conmovedores es el de Harold Polanía, quien se encontró con un soldado desorientado entre la vegetación. “Señor, señor, ¿dónde está la salida?”, le preguntó el uniformado. Polanía lo ayudó a caminar hasta su motocicleta y lo trasladó al hospital. “No me lo podía creer… estaba confundido, con un dolor intenso en la columna vertebral y en la cadera”, contó.

Durante el trayecto, el herido le relató detalles que ahora hacen parte de las primeras hipótesis del accidente. “Me venía hablando de que el avión presentó una falla allá en el aeropuerto… se apagó un motor… luego volvieron a arrancar y algo falló”, explicó Polanía, dejando entrever posibles problemas técnicos previos al despegue.

Mientras tanto, en el lugar del impacto, la situación se tornaba cada vez más crítica. Las llamas se intensificaban y comenzaron a escucharse detonaciones. “Como consecuencia del incendio de la aeronave, parte de la munición transportada por la tropa detonó”, confirmaron autoridades, lo que aumentó el riesgo para quienes intentaban rescatar a los sobrevivientes.

Fue un error echar agua al combustible… el incendio se avivó”, reconoció Polanía. Ante la gravedad del fuego, los rescatistas tuvieron que retroceder momentáneamente hasta que llegaron equipos más especializados. “Ya empezaron a detonar las municiones… era peligroso”, agregó.

A pesar de las dificultades, decenas de heridos lograron salir con vida. Muchos fueron evacuados en motocicletas, convertidas en ambulancias improvisadas, hacia el Hospital Magallanes y el Dispensario Naval. Sin embargo, la capacidad médica del municipio colapsó en cuestión de minutos.

El hospital está congestionado. En este municipio ya es muy difícil la capacidad”, advirtió Fajardo. Esta situación fue confirmada por el gobernador de Putumayo, Jhon Gabriel Molina Acosta, quien señaló: “El hospital no tiene la capacidad, necesitamos evacuar”.

Ante la magnitud del accidente del avión Hércules C-130, las autoridades activaron un puente aéreo humanitario para trasladar a los heridos hacia ciudades como Puerto Asís y Bogotá. Aeronaves con capacidad para decenas de camillas, así como helicópteros medicalizados, fueron desplegados para atender la emergencia.

Las imágenes posteriores muestran la llegada de los primeros militares al Comando Aéreo de Transporte Militar (CATAM), desde donde fueron trasladados al Hospital Militar Central, donde reciben atención especializada. “Han ingresado 03 pacientes… en valoración multidisciplinaria”, indicó el centro médico.

Mientras tanto, el balance de víctimas no ha dejado de aumentar. El secretario de Gobierno, Carlos Arbey Claros, confirmó un panorama devastador: “33 personas fallecidas y al menos 81 heridos”. Una cifra que refleja la magnitud de la tragedia que enluta a la Fuerza Pública en Colombia. Después se confirmó que la cifra aumentó a más de 44 fallecidos.

Estamos haciendo todo lo posible para poder sacar a los soldados heridos”, afirmó el funcionario desde el Puesto de Mando Unificado. También explicó que la aeronave “no alcanzó un despegue total” y cayó a unos 700 metros de la pista, lo que desencadenó el incendio.

En medio del dolor, también surgieron cuestionamientos sobre las condiciones del aeródromo. El alcalde Luis Emilio Bustos Morales advirtió: “Creemos que la pista es muy corta… se hace un llamado a la reflexión”, abriendo el debate sobre la infraestructura en zonas apartadas.

El presidente Gustavo Petro destacó la acción de la comunidad: “83 militares jóvenes vivos… es el pueblo del Putumayo quienes los salvaron de la muerte”, reconociendo el papel clave de los habitantes en las primeras horas de la emergencia.

Sin embargo, más allá de las cifras y las investigaciones, lo ocurrido en Puerto Leguízamo dejó una imagen imborrable: la de una comunidad que, sin recursos, enfrentó el fuego y el peligro para salvar vidas.

Ha sido muy valioso el sentido de pertenencia… ver cómo jóvenes, mujeres y niños corrían embarrados buscando cómo ayudar”, concluyó Polanía.

Hoy, mientras avanzan las investigaciones de la Fiscalía Penal Militar y Policial para esclarecer las causas del siniestro, Colombia sigue en vilo. El accidente aéreo en Putumayo no solo deja una profunda herida en las Fuerzas Militares, sino también una lección de humanidad en medio de la tragedia.

La atención ahora se centra en la evolución de los heridos y en las respuestas que puedan explicar qué ocurrió en los minutos previos al accidente. Pero en medio del dolor, la historia de la cadena humana en Puerto Leguízamo ya se consolida como un símbolo de esperanza en uno de los episodios más difíciles recientes del país.

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