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Litigio por isla Santa Rosa: una disputa territorial que pondrá a prueba a Colombia durante varios gobiernos

La primera reunión de la comisión mixta entre ambos países, amparada por el Tratado de Río de Janeiro, está programada para septiembre

Presidenta de Perú, Dina Ercilia Boluarte y el presidente de Colombia, Gustavo Petro.
Presidenta de Perú, Dina Ercilia Boluarte y el presidente de Colombia, Gustavo Petro.

El presidente Gustavo Petro ha dejado claro que la reciente controversia territorial con Perú por la isla Santa Rosa no es un incidente menor ni pasajero. En un diálogo sostenido en Leticia con medios internacionales como The New York Times, El País de España y El Espectador, el mandatario señaló que este diferendo está destinado a prolongarse en el tiempo y requerirá la acción decidida de varios gobiernos colombianos, más allá del suyo.

Un precedente complejo

“Esto va a sobrepasar varios gobiernos”, afirmó Petro, aludiendo al prolongado litigio internacional que involucró a Colombia en el caso de San Andrés. La comparación no es gratuita: como entonces, el proceso actual exige una estrategia diplomática sostenida, unificada y de largo alcance.

La controversia se agudizó en junio, cuando el Congreso peruano aprobó una ley que declara la isla Santa Rosa como parte de su territorio. Para el presidente colombiano, esta acción constituye una “provocación”, ya que se realizó “sin concertación con Colombia” y contraviene el Tratado de Río de Janeiro de 1934. Dicho acuerdo estipula que cualquier nueva formación geográfica derivada del movimiento del río debe ser resuelta por consenso binacional.

El verdadero peligro: perder acceso al Amazonas

Más allá de una disputa territorial puntual, Petro advirtió que el conflicto representa una amenaza estratégica. La eventual pérdida de acceso al río Amazonas sería un golpe geopolítico para Colombia. “No es la pérdida de una isla como lo quieren hacer ver… Colombia está viendo desaparecer su acceso al río Amazonas”, señaló.


El cambio climático, según explicó, agrava la situación: la desecación de un brazo del Amazonas ha acercado las islas a la masa continental peruana, lo que podría redefinir la frontera y generar un aislamiento fluvial para Colombia. “Si ven el muelle de Leticia, el agua está a medio kilómetro de la tierra. Todo se está secando. El muelle se ha tenido que expandir medio kilómetro, y eso continúa”, añadió.

Ausencia de reacción oportuna

Petro cuestionó que desde 2017, cuando comenzó a emerger la isla, no se haya activado la instancia de diálogo binacional prevista en el tratado. “Desde el 2017 venía un proceso… eso que dicen de que siempre fue peruana, eso no es cierto”, afirmó. Según su relato, la inacción inicial debilitó la posición colombiana.

También denunció un aumento de la presencia militar peruana en la zona, justo antes de su visita conmemorativa a Leticia: “Ellos respondieron metiendo militares en la isla… fue una comisión de su Gobierno en helicóptero, y salió una lancha artillada”, relató.

Camino diplomático y desafíos futuros

La primera reunión de la comisión mixta entre ambos países, amparada por el Tratado de Río de Janeiro, está programada para septiembre. Será el espacio clave para intentar evitar una escalada diplomática o militar. Petro insiste en que el conflicto debe ser enfrentado con unidad nacional, sin depender de coyunturas políticas. “Y a quien sea presidente adelante, porque esto no va a terminar conmigo… Esto no se va a solucionar antes, a menos que haya un golpe democrático en la cabeza y en el espíritu de los congresistas peruanos”, sentenció.

También se mostró firme al descartar salidas unilaterales o populistas como un plebiscito: “No, no es por plebiscito… esto pasaba por un acuerdo entre los dos gobiernos, y eso precisamente no pasó”.

El litigio por la isla Santa Rosa trasciende un mero conflicto limítrofe: está en juego la conexión histórica, ambiental y geopolítica de Colombia con el Amazonas. La atención ahora se centra en septiembre, cuando ambas naciones deberán sentarse a negociar un tema que, sin resolución consensuada, podría marcar una nueva tensión en América Latina.

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