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Unidad de Búsqueda logró el reencuentro de dos familias con víctimas de desaparición hace 29 años

El emotivo regreso de un padre y un hermano, desaparecidas en razón del conflicto armado, se llevó a cabo en la ciudad de Popayán y Bogotá, respectivamente

La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas-UBPD, es un mecanismo extrajudicial y humanitario, autónomo e independiente, dentro del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (producto del acuerdo de paz) cuyo objeto es dirigir, coordinar y contribuir a la implementación de acciones encaminadas a la búsqueda y localización de personas dadas por desaparecidas.

Según la entidad, hasta la fecha, tienen reportadas 99.235 personas desaparecidas, de las cuáles el 84.36% son hombres (83.714) y 12.52% son mujeres (12.420).

Hasta el momento ya han sido siete las personas halladas con vida y que han podido reunirse con sus familias. Dos de ellas tuvieron lugar este martes en la ciudad de Bogotá y Popayán.

Un padre vuelve a casa luego de 29 años

En 1993 luego de que una familia fuera víctima de desplazamiento forzado, el padre decidió emigrar para proteger su integridad, tomando un rumbo desconocido para sus hijas y excompañera. El hombre estuvo deambulando en el centro y sur del país por más de 25 años, siendo víctima de nuevos desplazamientos en los departamentos de Caquetá, Tolima, Huila y Putumayo, por causa de enfrentamientos entre grupos armados. Asimismo, fue secuestrado y sometido a trabajos forzados por grupos que ejercían control territorial en el departamento del Caquetá.

Por años, su excompañera recorrió con foto en mano distintos municipios del suroccidente colombiano. Y años después se convirtió en lideresa de una organización de familias que buscan en su territorio. Sin embargo, debido a amenazas desistió de la búsqueda del padre de sus hijas de 37 y 34 años.

En febrero de 2021 la familia retomó la búsqueda y se comunicó con el satélite de la UBPD en Pasto. Aunque por muchos años temió que hubiese fallecido, facilitó documentos y fotografías y manifestó que por momentos tenía la intuición de que podría encontrarse con vida.

De esta manera y un año después, la investigación humanitaria y extrajudicial de la Unidad de Búsqueda permitió ubicar a la persona en la región del Magdalena Medio. Un amigo del padre de familia buscado participó y contribuyó a la comunicación y reencuentro de esta familia.

Tras varios meses preparándose para este momento, con el apoyo psicosocial del Comité Internacional de la Cruz Roja -CICR-, la familia pudo abrazarse. El padre de 57 años, sus hijas, una nieta y su excompañera se reencontraron en un espacio seguro en el que lograron reconocerse, comprender lo sucedido y retomar contacto.

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“El reencuentro fue un espacio emotivo, solidario y cercano que se construyó en acuerdo con los distintos integrantes de la familia, atendiendo a sus particularidades etnicoterritoriales, culturales, espirituales y de género”, dijo la entidad.

Hoy día la familia continúa su proceso de acompañamiento psicosocial y desde la certeza de encuentro reconstruye sus lazos familiares y sus proyectos de vida individuales y en familia.

“Para mi este momento significa mucho. Encontrarme con una familia tan hermosa como la que tiene mi hermanito”: Darío

El 5 de octubre de 2021 la Unidad de Búsqueda realizó en el municipio de San Antonio una jornada pedagógica sobre su mandato de dirigir y coordinar la búsqueda de las personas desaparecidas en razón del conflicto armado antes del 1 de diciembre de 2016. Ese día, la mamá de Darío, con el apoyo del enlace de víctimas de la alcaldía, se puso en contacto con la entidad y presentó la solicitud de búsqueda. La desaparición de Darío había sido denunciada ante la Fiscalía General de la Nación en 2014, cuando también desapareció su hijo de 14 años.

En desarrollo de una investigación extrajudicial un equipo interdisciplinario de la UBPD encontró a finales de octubre las primeras pistas que condujeron en pocos meses a establecer con certeza que Darío era el hermano de Julio.

Es así como Darío y su compañera madrugaron al encuentro en algún lugar de Bogotá. Julio y su esposa tampoco durmieron. Desde las 5 de la mañana estaban listos. Él llevaba corbata y ella tacones. “Es que esto es una celebración”, aseguraba al tiempo que su sonrisa no lograba esconder los nervios. Sus ojos tenían un brillo especial.

Cuando Julio se asomó a la puerta del salón los dos hermanos solo necesitaron mirarse para avanzar con paso firme hacia el soñado reencuentro. Las lágrimas acompañaron el abrazo en el que se fundieron. Sus parejas también lloraban. Era el comienzo del fin de aquellas noches en las que los escucharon preguntarse si su hermano estaría vivo o si habría sido otra víctima de la guerra. Pero no me lo devolvieron tan joven”, dijo Julio y las risas se sumaron a la celebración. Con ellas también llegaron los sobrinos.

Después de las presentaciones con el nuevo tío vinieron horas y horas de conversaciones, abrazos y carcajadas. Había que recuperar el tiempo. Fueron más de dos décadas de silencio. La primera tarea que tienen pendiente es un partido de fútbol, pasatiempo preferido de Darío que lo ha acompañado en las buenas y en las no tan buenas para sus contendores.

En mayo de 2000, Darío y otros jóvenes, fueron obligados por hombres armados a subirse a un camión en el municipio de San Antonio, sur de Tolima. “Al ellos desactivarse (extintas FARC-EP) hay esperanzas no solamente para uno, sino para muchos que yo sé que en el momento quisieran también ver a un familiar, porque sé que están perdidos como yo. Es que a uno le preguntan usted tiene familia y uno dice yo no tengo, así uno sepa dónde está el familiar, uno no puede por miedo, por una cosa o la otra uno no puede salir desbocado a eso porque hay secuelas, muchas secuelas”.

Por su parte, su hermano Julio expresó con total felicidad este momento: “Cuando me llamaron y me dijeron que era por parte de mi mamá y que lo habían encontrado por la cabeza me pasaron muchas películas de si será o no mi hermano y sobre la reacción que fuera a tomar. Pero hoy soy feliz con mi hermanito y yo sé que no nos vamos a volver a desaparecer, nos vamos a comunicar y habrá muchos medios, confiando en Dios”.

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