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Proyectos que impregnan de esperanza y paz a la Perla del Pacífico

Voces del Territorio y Colombia Sostenible son dos proyectos que suman esfuerzos para que la paz en Tumaco se acerque más a ser una realidad

Proyectos Tumaco, Nariño - Fondo Colombia en Paz Foto Fondo Colombia en Paz

En un auditorio de un edificio rodeado de casas sencillas en el casco urbano de Tumaco, Nariño, se reúnen decenas de personas. Adultos mayores, personas de la comunidad LGBTI, mujeres, trabajadores y jóvenes van entrando por las puertas poco a poco hasta que las sillas no alcanzan para todos. El recinto se prepara para una intervención musical, que con tamboras, marimba y palos de agua inunda el ambiente con música del Pacífico.

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Voces del Territorio

El currulao contagia de buena energía a quienes están escuchando, tanto que incluso mucho se levantan de su asiento y bailan, sin poder esconder el sabor musical que se percibe en ese territorio alejado más de 1.000 kilómetros del centro del país. El buen momento musical hace parte de la apertura de Voces del Territorio un proyecto comunicativo que le da a las comunidades las herramientas necesarias en materia de comunicación para poder hacer crecer sus propios proyectos productivos.

El Fondo Colombia en Paz es quien financia este tipo de espacios, con recursos que han sido destinados para la implementación del Acuerdo de Paz con la antigua guerrilla de las Farc en el país. Mediante el Decreto de Ley gubernamental 691, el Fondo Colombia en Paz se estableció como un mecanismo para canalizar cerca de 4 billones de pesos, que son destinados, mediante 21 subcuentas, para ejecutar diferentes proyectos en los municipios con Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), priorizados por ser los más golpeados por la violencia en el país.

Tumaco es una de estas zonas en las que sus habitantes siguen reclamando una atención integral del Estado. Al interior de este municipio del suroccidente del país hay una comunidad que ha sido fuertemente azotada por el conflicto armado en Colombia. Hasta el 31 de enero de este año, el Registro Único de Víctimas (RUV) reportó 183.648 víctimas en Tumaco, mucho más de la mitad de la actual población aproximada del municipio, que es de 221,469 personas.

Juan Carlos Mahecha Cañón, director del Fondo Colombia en Paz, explica que ver aquel día el recinto lleno es el reflejo de la capacidad de convocatoria, que el taller de ese día, llamado Tu Voz Cuenta, desarrolló la primera etapa de Voces del Territorio, el cualestablece un espacio participativo que recoge los testimonios de sus habitantes sobre los proyectos que quieren impulsar.

Después de esto, el Fondo Colombia en Paz implementa dos etapas más, una de formación a las comunidades en comunicación asertiva, desarrollo de productos de comunicación y marketing digital; y otra en la que el Fondo Colombia en Paz entrega insumos necesarios a esos proyectos, como cámaras, grabadoras, material publicitario y otros, que contribuyen a que la comunicación sea una herramienta más para impulsar los proyectos del territorio.

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“Voces del Territorio refleja lo que la gente quiere tener, nos dedicamos a escuchar el balance de la gente sobre la implementación del Acuerdo de Paz y además fortalecemos las capacidades humanas y técnicas en materia de comunicación, para que sean ellos mismos los multiplicadores de los mensajes de avances, retos y desafíos de la paz”, explica Mahecha sobre el proyecto.

Colombia Sostenible

Ever Ledesma es tumaqueño, presidente de la asociación Asofuturo, una de las organizaciones sociales de Tumaco que componen una alianza organizativa para la conservación de manglares en el municipio. Con un tono de voz que emana orgullo y tenacidad, cuenta que el Programa Colombia Sostenible, adscrito al Fondo Colombia en Paz ha sido el canal económico y técnico que han tenido 1.495 habitantes del municipio para seguir impulsando la conservación de manglares en aquella costa suroccidental del país.

Los manglares son un bioma crucial en el sustento ambiental y económico de esta zona del pacífico. Dentro de sus principales funciones está la regulación de las corrientes marinas que golpean contra la costa del pacífico, que evita un tsunami; y además es nido de crecimiento para un molusco que la población se ha dedicado a recolectar como sustento de vida, por ser uno de los platos típicos más populares de la zona: la piangua.

Ever cuenta que los integrantes de Asofuturo se dedican a la conservación de los manglares mediante la siembra de sus árboles y limpieza de residuos peligrosos y tóxicos, lo que contribuye a que se produzca mayor cosecha de piangua y esto, por tanto, beneficia económicamente a las familias del municipio.

“No queremos vivir de las acciones delictivas, si conservamos los manglares tenemos sustento económico, por eso nos dedicamos a conservarlos y cuidarlos”, dice el presidente de Asofuturo.

El Fondo Colombia en Paz, mediante el Programa Colombia Sostenible, el cual asigna recursos provenientes del préstamo a la nación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), apoya a Asofuturo en la implementación de este proyecto de conservación ecológica, brindando acompañamiento técnico y de monitoreo para mejorar las técnicas de sembrado y visitando constantemente los manglares para establecer líneas de mejora.

“El Fondo Colombia en Paz en nuestro territorio ha sido como padre y madre. El Fondo fue la oportunidad de unirnos como organizaciones y mejorar nuestro trabajo de manera colectiva. Nos ha dejado huella de principio de conservación, respeto organizativo y unión familiar. Sabemos que no estamos solos en el proyecto porque el acompañamiento ha sido constante”, comenta Ever.

La conservación de manglares se ha vuelto el objetivo de vida de una gran parte de los habitantes de Tumaco, acaparando igualmente una gran parte de jóvenes que suman ya casi un 70% de los integrantes de la alianza organizativa. Además, Ever aclara que por ejemplo él y su familia deben su vida a los manglares, que actualmente se conservan en el territorio gracias al trabajo conjunto de la comunidad con el Fondo Colombia en Paz.

“Yo debo morirme en el manglar, y si no muero ahí, me incineran y mis restos los rocían en el manglar, porque me ha dado, después de Dios, la vida, el alimento y la familia”, concluye con tono de gratitud.

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