Estilo de Vida

Bogotá Fashion Week 2026: el reflejo de una ciudad, voces en industrias en crecimiento

Los relatos de ciudad caben en el Ágora. En las pasarelas. En los looks. Y en el proceso. Eso la hace una feria única en Latinoamérica.

Bogotá Fashion Week 2026
CuldeBAL en Bogotá Fashion Week 2026 (GusPerdomo)

Por: David Felipe España, Julio Madariaga y Luz Lancheros

Bogotá Fashion Week finalizó siendo un primer avistamiento a una capital que entiende la moda desde su propia esencia de ciudad. Después de recorrer circuitos como Colombiamoda, B Capital e Ixel Moda, estar en BFW implicaba acercarse con una mirada distinta, al ser una feria que no intenta parecerse a otras.

Esto, porque más allá de una semana de la moda nacional, Bogotá Fashion Week se sintió como una feria profundamente de ciudad, donde todo conversa entre sí: las propuestas, la organización y la manera en la que se presenta la industria. Existe una intención clara de mostrarse como capital de moda desde su propia identidad, sin recurrir a fórmulas externas ni a la necesidad de imitar otros circuitos internacionales. Y por supuesto: se nota el enfoque en el comprador internacional, objetivo de muchas marcas en la feria.

Igualmente, la dinámica del evento funcionó de manera muy orgánica. Las mañanas estuvieron dedicadas a conversatorios y charlas claves sobre la industria - bien se agradece algún año dejar la curaduría en manos más académicas, aunque destaca la diversidad de ponentes- , mientras que las tardes se encendieron con el despliegue de las pasarelas.


Y, aunque se contó con la presencia de stands, quedó la sensación de que se pudo haber explotado mucho más el espacio con un mayor número de activaciones e impulsos de marca.

De todos modos, hay siempre un pero. O varios. Hubo una gran confusión en los accesos, por ejemplo, donde se mezclaron el público general, la prensa y las celebridades. Esto evidenció una falta de organización generalizada por parte de los equipos encargados, así como una evidente desconexión y contradicción en las directrices dadas. Suele pasar año tras año: los encargados no tienen idea de dónde es la sala de prensa, de cómo guiar gente, de cómo dar accesos. Situaciones insólitas como no dar paso a discapacitados o mujeres embarazadas de manera prioritaria por órdenes absurdas y arbitrarias fueron cosa de cada día.

También nos queda la sensación (porque lo conversamos entre colegas) de que es una plataforma que conoce a sus diseñadores y a los distintos actores de la industria, y sabe organizarlos en los momentos indicados, entendiendo cuándo y cómo presentarse ante los asistentes. Desde las puestas en escena hasta las narrativas de las colecciones, se percibe una búsqueda por madurar el ADN de marca de cada propuesta y exponer esa visión de industria desde Bogotá. En espacios como Ágora, la feria logra reunir un universo amplio de visiones, lenguajes y maneras de entender la moda colombiana, pero también deja ver cómo hoy la moda convive inevitablemente con la lógica del entretenimiento y la exposición.

La presencia de personalidades digitales, celebridades y figuras públicas termina convirtiéndose en parte del espectáculo alrededor de la feria, haciendo que muchas veces la atención se mueva entre las colecciones y quienes asisten a verlas. Es una dinámica que parece natural dentro de una industria cada vez más mediática, pero que también abre preguntas sobre cómo se construye el protagonismo dentro de una semana de la moda y qué lugar termina ocupando realmente la ropa dentro de toda esa conversación.

Esto se vio, sobre todo, en la diferenciación de prensa e influencers. Si bien hubo lugares de tradición para cada medio, y accesos por antigüedad y/ o jerarquía, es necesario que anterior al evento sí se comuniquen historias interesantes como los encadenamientos de clases y sectores populares. También, los de la influencia de la región (que esta vez tuvo una exquisita exhibición de diseñadores que colaboraron con los artesanos de Cundinamarca, y quienes exhibieron sus productos de altísima calidad). Historias más allá de la comunicación oficial, que es un punto de partida como el centro de todos los relatos de una ciudad en la que la organización sí, hay que decirlo, también ha puesto seguimiento.

Por otro lado, si bien es loable lo que se ha hecho en Proyecto Puente en cuatro ediciones (cumpliendo el sueño de muchos creadores del mercado masivo y cumpliendo con el objetivo claro de internacionalizar), hay algunas preguntas que deben hacerse.

Uno, si se internacionaliza un mercado latino como este -y más en un momento cultural donde LATAM es un polo social, político y dicta ahora qué se escucha y viste, sobre todo- el por qué irse bajo parámetros europeos bajo el código ‘global’ podría ser una señal de upgrade, cuando lo nuestro cuenta más y ha sido el relato de industria que podríamos potenciar de una manera más interesante. Más ante un mercado asiático y africano que buscan lo mismo, y que compiten con nosotros en un mercado donde la diferenciación cuenta. Siendo así, valdría la pena preguntarse la naturaleza de la curaduría en ese aspecto y la demanda del comprador.

Y, a su vez, se tiene que reconocer el lenguaje popular, en su naturaleza estética, que hace que la moda masiva siga siendo el negocio que más factura en Colombia.

Por otro lado: la curaduría debe estar en manos de quienes conocen bien estas dinámicas sin injerencias políticas o burocráticas. Pasarelas de upcycling básico como la de Mónica Fonnegra no tienen nada qué ofrecer, menos en Puente, ante propuestas sofisticadas como la de Alejandro Crocker, una de las mejores pasarelas de este año.

Highlights: Bogotá, la capital de todos en una pasarela

Aparte de Crocker con Gef, que es pionera en producir masivamente a través del upcycling, con siempre una espectacular presentación de Dolores te Canta, CuldeBAl mostró honestidad creativa, elaboración genuina y uno de los mejores castings de modelos vistos en años.

De hecho, la marca logró una ejecución impecable al fusionar de manera magistral su visión surrealista, proyectando esa estética fotográfica tan propia para plasmarla en la ropa como verdaderas obras de arte andantes. Asimismo, la colaboración de Toscano con Kosta Azul se convirtió en uno de los grandes destacados de la jornada, introduciendo una riqueza de texturas, siluetas y materiales que elevan la alianza hacia un co-branding profundamente simbólico.

Por otro lado , la versatilidad de Camilo Álvarez, radicó en la practicidad de un universo textil diseñado inteligentemente desde los cortes, el concepto y la materia prima con prendas confeccionadas en fibras de cáñamo y algodón regenerativo. Desde la precisión de los cortes hasta la coherencia del concepto y la elección del material, quedó demostrado que la funcionalidad y el diseño de vanguardia pueden convivir en perfecta armonía, combinado con una experiencia digital que apuntaba al desenfado y la diversión.

A su vez, la puesta en escena de Atelier Crump fue fascinante al ver los diferentes looks que comparten la misma tela delicada en un conjunto de modelos simultáneos para potenciar su narrativa visual. Y, en un tono Yamamoto reminder, la firma SAAG, cautiva de inmediato por la precisión en su juego de volúmenes y las dimensiones de su diseño estructural, así como por el cuidado en la construcción de sus entre capas.

Claramente, no se puede cerrar sin La Petite Mort, y su evolución sartorial con otra historia país conmovedora. O Lyenzo y su maestría artesanal. Old Maquiina y su andar siempre disruptivo. Pitbullying y True, mostrando que el Streetwear va más allá del nuevo traje del emperador.

Y, sobre todo, democratización. Vista sobre todo en ese estilo que facilita esta ciudad tan cosmopolita como espacio seguro.Y, si bien muchos se quejan de eso , sí se podía ver en pantalla las pasarelas, gracias a GEF .

Hubo centros de experiencia de moda para la mirada y la interacción con los creadores ( podrían ser más) que al fin y al cabo siempre han sido el objetivo de Bogotá Fashion Week: ellos impulsan la industria. Y ellos necesitan un impulso que se ha hecho, seriamente, socialmente y constantemente, a pulso.

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