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Pérxides María Roa Borja: el ‘capricho’ nunca se acaba

La trabajadora social que logró que las empleadas domésticas de toda Colombia tuvieran sus derechos laborales, es la que inspira la excelente serie ‘María la Caprichosa’, que puntea ahora en Netflix. María habló con NUEVA MUJER COLOMBIA sobre cómo superó las barreras que le impuso un país que deshumaniza aún el trabajo doméstico.

Entrevista con Pérxides María Roa
Perxides María Roa Borja: ella inspira 'María la Caprichosa'

Para los que vieron ‘Historias Cruzadas’, con todas las violencias de las encopetadas empleadoras sureñas gringas de los años 60 contra sus empleadas negras (como tener baños aparte, tratarlas con displicencia, y sí, como esclavas), hay noticias: en Colombia ha pasado lo mismo por años.

Pero Pérxides María Roa Borja, una de esas tantas mujeres negras que tuvo que soportar a empleadores insufribles, salió desde Apartadó hasta el Congreso de la República para darles a las empleadas domésticas lo que durante siglos nunca habían tenido: derechos laborales.

En un país como Canadá o cualquiera del norte global, el trabajo doméstico es bien calificado. En un país como Colombia, donde se tenía la infame tradición de explotar a jóvenes campesinas o afro y las ponían a vivir dentro de la casa en bóvedas inhumanas, las empleadas no ganaban ni el mínimo.

María, quien perdió a una hermana por la violencia de los años 90, comenzó a darse cuenta de esto hace ya más de veinte años. Es así como llegó a ser presidenta del Sindicato Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico (Utrasd) y en 2016 se consiguió la ley 1788 que daba servicios prestacionales a los trabajadores domésticos.


María llegó a Harvard, y en la serie de Netflix, ‘María la Caprichosa’, se ven todas las vicisitudes que enfrenta (comenzando por el racismo y desigualdad estructural que hay en Colombia) para llegar a ser la voz de miles de mujeres a través de una bellísima historia donde se privilegia una representación negra digna y libre de estereotipos.

NUEVA MUJER COLOMBIA habló con la trabajadora social sobre la serie y su vida, impulsada por el ‘capricho’ (determinación de salir adelante) para derribar barreras.

-Lo más impresionante es ver cómo en Colombia el sistema colonial se sigue reproduciendo a través de la historia de la biopic. Es como tener nuestro propio ‘Historias Cruzadas’. Solo que en esta ocasión las mujeres negras, empleadas domésticas y empobrecidas se salvan a sí mismas. Pero aún en este siglo vemos ese tipo de clasismos, machismos y racismos. ¿Cómo seguir con esta lucha?

Pérxides María Roa Borja (PMR): la serie se llama por eso, porque sigue existiendo. ‘María la Caprichosa’ expresa algo que tiene que cambiar. Y así hubo antes, y sigue, un grupo de mujeres que dice que todo tiene que cambiar y no esperamos a que otros lo hagan, ya que ellos no sufren ni viven nuestro flagelo.

Porque, si nosotras mismas no lo decimos, ¿quién lo va a decir? Nadie que no haya estado nunca en las labores de servicio doméstico puede hablar de lo que he vivido, de lo que yo he barrido, lo que he trapeado, lo que he sufrido, de lo que me han violentado. Rompimos todo esto, entonces. Y hoy nosotras lo hacemos para las que aún lo viven.

Y con esas voces y aliados pudimos poco a poco hacerlo. Eso, creo, fue lo que me dio a mí esa fuerza y ese ‘capricho’ de contarle a Paula Moreno y a una mujer negra escritora, todo esto. Y es maravilloso que una trabajadora doméstica, y mujer negra, también lo haga. Eso es mucha ganancia. Y también, que Caracol haya hecho lo que hizo - no fue fácil- y que a partir de esa conversación de estas dos mujeres negras se contara una historia con cientos de actores y actrices negros. Y esto tiene que seguir siendo así.

-Es que la serie está maravillosamente escrita: no hay condescendencia en la representación y se habla de la historia de tantas mujeres que han sido poco menos que invisibles por años. En ese sentido, ¿cómo fue contar las historias de tantas mujeres y hacerlas valer sobre todo como sujetos políticos de derecho?

PMR: siempre hemos dicho que nosotras somos sujetas políticas y de derecho, pero tenemos que hablarlo, tenemos que decirlo, tenemos que contarlo, tenemos que llegar donde se tiene que llegar. Y en el sindicato, la mayoría hemos vivido casi lo mismo.

-¿Cómo te sientes tú misma al verte ficcionalizada?

PMR: la vi, pero paré. Tuve muchos sentimientos, pero cuando también ya vi las violencias que viví en carne propia y volverlas a repetir, viéndolas, dije: “no me la vuelvo a ver porque esa es mi historia, yo la conozco. Entonces, ¿ para qué seguirla repitiendo?”

Pero yo perdoné, yo sané, porque si uno no perdona, no sana, no puede continuar y no puede lograr sus sueños. Y todo esto se tiene que hacer con empeño y con capricho.

-Hay dos cosas también muy normalizadas en la sociedad colombiana: el servilismo, el que cree que si te contrata te hace un favor. También, esas ínfulas de ‘señores’ de los empleadores ante las empleadas, y sobre todo, esas microagresiones hacia las personas afro en el servicio doméstico, que si protestan entonces las quieren invalidar con el tropo de “negro enojado”. ¿Cómo es desafiar todo eso?

PMR: el libro se llama ‘Soñar lo Imposible: desafiando las miradas residuales’, porque de eso se trata, desafiar a este mundo. Y eso me dio más valor, porque yo lo viví. Prácticamente uno duerme en una bóveda. Entras hasta la cama y ya, ese es tu espacio y el baño. No se puede seguir normalizando eso.

Entonces, creo que eso se dio a partir de muchísima formación y conversación, el hecho de poder reconocernos y también reconocer que hacemos parte de ese mundo laboral. No hacíamos parte de él. “Ayudábamos” en casas y ellos nos pagaban lo que ellos querían. No teníamos un salario mínimo legal vigente por lo que estaba por el año en curso. Pero cuando ya conocemos y primero comenzamos a reconocernos como mujeres, mujeres negras y mujeres trabajadoras domésticas, ahí es donde nosotras iniciamos esa batalla y esa pelea con los empleadores y empleadoras.

Tampoco nos reconocíamos como trabajadoras: nos daba pena decir que éramos trabajadoras domésticas. Sobre todo por los sesgos, porque nos identificaban como la ‘manteca’, la ‘chacha’, la ‘sirvienta’, la ‘escoba’, la ‘trapera’.

Pero al reconocernos, levantábamos la voz y entonces, ya decían: “¿pero esta negra, qué se cree?”. Y yo les decía que, a pesar de eso, teníamos nuestros derechos. Así empezamos a reconocer que los mismos derechos que tienen los trabajadores en este país también los teníamos nosotras.

Empezamos a hablarlo con firmeza, a mirar a los ojos. A decir que teníamos derecho a un salario mínimo, prestaciones sociales, trabajo de ocho horas. Y eso nos lo enseñó la abogada Sandra Muñoz. Allí aprendí a perder el miedo y a decir las cosas al otro en el marco del respeto.

<i><b>“Nosotras debemos seguir hablando de los derechos de las empleadas domésticas, seguir haciendo el siriri. La ley que se instauró no puede seguir siendo una ley muerta, sino que se tiene que seguir llamando a los empleadores para respetar nuestros derechos”. </b></i>

—  Pérxides María Roa Borja

También aprendimos a llegar al Congreso, y con otras mujeres como Andrea Londoño, que se sumaron a esta pelea, y a toda esta lucha del mundo sindical, empezamos a dejar de normalizar cosas.

- Uno de los personajes, ‘Irma’ (interpretada por Bárbara Perea) es una empleada amenazada por las hijas de su patrón benevolente por una casa que él le deja y ella les dice que la dignidad no se compra. ¿Cómo es mantenerla en un país donde hemos sido marcados por la violencia y ser sindicalista es tener un blanco sobre la espalda?

PMR: ¿Sabes cómo lo logramos? Porque resulta que cuando iniciamos con la Escuela Nacional Sindical, que fue quien nos preparó, las mujeres llegabábamos, pero éramos muy calladas, no nos identificábamos con los profesionales que eran mestizos y buscábamos a los negros. Pero Andrea nos enseñó y nos robó el corazón. Y cuando fui la primera representante legal como Presidenta, me quedé hablando con ellas y las mujeres comenzaron a contar sus cosas y a sanar.

Nos dimos cuenta entonces que para poder llegar a ese nivel de identificación tenía que existir una mujer que viviera lo mismo que ellas. así se comenzó a hacer una bola de nieve, con más mujeres.

-Otra de las cosas increíbles de la serie: pedagogiza sobre qué deben hacer las mujeres desplazadas para salir adelante con subsidios, o cómo deben hacer las mujeres de escasos recursos con créditos, por ejemplo.

PMR: la pedagogía es muy importante y eso fue lo que nos enseñó a nosotras poder hablar en medio de esto, porque las mujeres, por ejemplo, no nos podemos quedar siempre siendo empobrecidas. Es que hay un Estado que nos quiere empobrecer, dándonos las migajas. Entonces les decíamos a las mujeres: “ no venga, no me dé esas ayudas que me da, deme conocimiento, yo quiero una beca para estudiar, para yo aprender y para conocer”.

Las mujeres se quedaron con las ayudas. El Estado empezó a empobrecerles la mente y empezaron también a parir para que les dieran más. Nosotras cambiamos eso: pedimos algo para poder seguir defendiéndonos.

-Pérxides, el capricho nunca se acaba, ¿verdad?

PMR: nunca se va a acabar, el capricho mío se va a acabar cuando me muera. Pero dejo las raíces que sigan con el capricho, que son ese resto de mujeres que están hoy que se identifican conmigo, mi familia, y hay que ponerle capricho a todo.

  • ‘María la Caprichosa’ está actualmente en el top 10 de Netflix. Es la producción colombiana con más actores afrocolombianos en el elenco. Hay nombres como el de Indhira Serrano, Karent Hinestroza, Julián Díaz, Carolina Cuervo, y Brayan Mina, entre otros.

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