Con la llegada del cierre de año y el fin del calendario académico A en la mayoría de colegios del país, numerosas familias colombianas comienzan a replantearse la permanencia de sus hijos en la misma institución educativa. Entre noviembre y diciembre, es habitual que surja la idea de un traslado escolar, ya sea en busca de un enfoque pedagógico distinto, un entorno más favorable o una ubicación más conveniente. Esta dinámica no es ajena a otros contextos: un estudio del Early Childhood Longitudinal Survey (ECLS), realizado en Estados Unidos, señala que el 41,9 % de los estudiantes cambia de colegio al menos una vez antes de llegar a quinto grado.
Mientras algunas familias optan por un cambio dentro del mismo calendario escolar, otras contemplan una decisión más profunda: el paso del calendario A al calendario B. Aunque las razones varían según cada caso, la movilidad escolar es una realidad cada vez más frecuente en Colombia.
Cifras del Ministerio de Educación indican que, hasta 2024, más de 6,4 millones de estudiantes estaban matriculados en instituciones públicas y privadas. Pese a que los motivos son diversos, especialistas coinciden en que cualquier cambio de colegio, incluso cuando es voluntario, supone retos emocionales y académicos que requieren acompañamiento adecuado.
Carolina Charry Reyes, rectora del New Cambridge School, señala que una transición exitosa comienza con la preparación previa. Recomienda que las familias dialoguen de forma abierta con los estudiantes sobre las razones del cambio, brindándoles un espacio para expresar inquietudes y expectativas. La anticipación, explica, ayuda a reducir la ansiedad, así como visitar previamente la nueva institución, recorrer sus espacios y, de ser posible, tener un primer acercamiento con docentes o coordinadores para que el entorno resulte más familiar.
En el caso de niños y adolescentes, el proceso de adaptación también está estrechamente ligado al apoyo emocional. Mantener rutinas, fortalecer la confianza y observar posibles cambios de comportamiento son factores clave para que el estudiante perciba el traslado como una oportunidad de crecimiento y no como una ruptura abrupta.
La rectora del New Cambridge School advierte que el desafío puede ser mayor cuando el cambio implica una transición entre calendarios académicos. No obstante, aclara que este paso no genera rezagos en el aprendizaje. En esta institución, por ejemplo, los estudiantes prolongan su último grado cursado: quienes culminan primero en su colegio de origen, repiten medio año académico al ingresar. Esta medida busca una adaptación gradual, evitando vacíos de contenido y largos periodos sin actividad escolar.
Desde el entorno familiar, también es posible apoyar el proceso mediante la continuidad de hábitos académicos durante los meses de transición, promoviendo la lectura y reforzando áreas clave del aprendizaje. Charry Reyes destaca que la adaptación puede extenderse por varias semanas, tanto en lo emocional como en lo académico, por lo que una comunicación permanente con el colegio y el seguimiento cercano al desempeño del estudiante facilitan una integración más segura y efectiva.
Finalmente, la rectora resalta que una de las principales fortalezas del calendario B es su correspondencia con los calendarios universitarios internacionales. Esta sincronía permite que, al culminar el bachillerato, los estudiantes puedan enlazar sin contratiempos sus vacaciones con el inicio de clases en universidades de Estados Unidos o Europa. De igual manera, los tiempos de postulación a becas y programas de reconocimiento académico se ajustan de forma más favorable a este esquema escolar.
