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Pasto, la puerta a Latinoamérica con el carnaval más sorprendente de Colombia

Sus carrozas se han hecho virales y hablan del monstruoso talento de una población que tiene en sus raíces un tesoro cultural por descubrir.

Pasto es más que su Carnaval de Blancos y Negros

Luego del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto y luego de ver directamente  sus apoteósicas carrozas, que se han hecho tan virales que hasta  han llegado hasta la televisión china, uno se pregunta el por qué, por años, otras celebraciones (sin desmeritarles nada) han tomado el spot de las fiestas nacionales más representativas.

Porque aparte del inmenso talento mostrado en estas fantasías animatrónicas que reflejan surealismo, creatividad infinita, hay una organización sin precedentes que hace que estas fiestas sean del pueblo y muestren su potencial artístico, gastronómico y turístico.

Antes de los grandes desfiles, que ocurren generalmente en los últimos días, por esta razón, hay que echar un vistazo a Nariño y sus alrededores. Podría hospedarse en hoteles como el V1501, que al estilo de los hoteles del mercado de lujo y una afluencia de turistas que crece, interesada por la cercanía hacia el resto de los países andinos, en llegar a un departamento que tiene mar, que tiene montañas y que colinda con las selvas de la Amazonía.

Y en una capital de iglesias, de gente apacible que ha comenzado a construir espacios como el hotel, que tiene un muro de Ledania en sus once pisos, inspirados en el volcán Galeras (de hecho, el hotel se llama así por su ubicación geológica), en las carrozas del Carnaval y en otros elementos. Las truchas, o los lugares turísticos como la Cocha y las Lajas también se mezclan en una decoración colorida y retro que da carácter a un lugar que ya destaca por restaurantes como La Florida, donde se le rinde homenaje a la fauna nariñense, y en donde se exhiben marcas de diseño y gastronomía . Porque Pasto ha crecido en esto enormemente.

En el norte de la ciudad se van creando restaurantes como La Vereda o Migrante con propuestas de origen o fusión. A su vez, espacios que muestran cómo aprovechan sus saberes en pro de una moda que tiene los pies en la tierra y honra su ancestralidad.

Hay marcas como Xzaé Design, creada por Francisco Sepúlveda, que lleva dos décadas explorando con la tejeduría y reusando textiles y materiales  en distintas colecciones que homenajean desde el Carnaval hasta los tramados de los artesanos.

También, firmas de accesorios como Cupacán Joyería, que rescatan símbolos indígenas como las espirales, u homenajean la fauna y flora de Colombia a través de figuras de jaguares u orquídeas. Y cómo no, que usan un arte patrimonio como la Mopa Mopa para decoración y por supuesto, ornamento propio.

Esto se puede comprar en lugares como Bomboná, que es el centro artesanal donde confluyen esas coloridas y tradicionales ruanas ecuatorianas con las flautas indígenas y marcas de accesorios en cuero en su punto de fábrica que tienen potencial en su diseño y que seguramente en Bogotá se venderían al triple.

Pero hay muchas más marcas para descubrir. En el Carnaval Artesano hay un espacio para ellas. Incluso se encuentran los famosos sombreros de Sandoná, poblado vecino de la capital, con colectivos de tejedoras que han desarrollado sus productos y que hacen las delicias de las colecciones resort.

¿No quiere que lo unten de harina hasta el cogote? Hay mucho para conocer y comer

Una ciudad revolucionada: eso es Pasto en carnavales. Toca ir ataviado como si se fuese para la guerra. Gafas de ski, impermeables (hay diseñadores gráficos que hacen cosas extraordinarias con cuyes y con iconografía indígena) y una actitud a prueba de todo.

Pero si le da mucha jartera empanizarse  hasta el cogote, muy cerca está el Santuario de las Lajas, maravilla arquitectónica que comenzó a construirse a comienzos del siglo XX.

Puede oír misa, tomarse fotos en un paisaje extraordinario luego de bajar por un teleférico adecuado para quienes no quieren ir cerro abajo (y luego cerro arriba), comer los tradicionales fritos con maíz pira y comprar un cuy como recuerdo.

Y no se traumatice: el cuy no es como si usted fuera a ser Ozzy Osbourne en pleno concierto con un pobre roedor. Da pesar, pero se lo sirven en pedazos acompañado de un buen ‘hervido’ (bebida alcohólica con algún jugo de fruta). Esto, en El Rancho del Cuy, establecimiento que se ha especializado en cocinar estos animalitos. Y que no es barato: cuesta hasta 120 mil pesos y se consume en ocasiones especiales.

En épocas más tranquilas, puede caminar una ciudad que es apacible, ir a los talleres artesanales y también divertirse dentro de una comunidad que en Carnaval se enrumba como si no tuviera un mañana.

Tomarse un aguardiente Galeras (especial en Carnavales, aunque también puede tomarse un aguardiente Nariño) esporádicamente, pero que no lo tumbe, es traicionero.

Ir a sus discotecas o escuchar música de esa zona que es rica en su tradición, como todo lo que rodea su imaginería. Grupos como Los Ajices de Sandoná tienen ese sabor andino que de todos modos invita a bailar y a gozarse el espíritu de un pueblo en teoría apacible, injustamente calificado de “tonto” (pero más creativo que nadie), artístico y prolífico y monstruosamente alejado de un relato central que debería posar sus ojos en una región absolutamente talentosa, laboriosa y contundente.

Y que sobre todo, ha crecido dentro de su arte, sus espacios de lujo, compras y cultura para atender a los turistas que descubren a una Colombia que llega hasta la china así sea en forma de carroza.

Recomendaciones

Vuelos en Avianca y Latam. Si se demoran, tenga paciencia. No es fácil aterrizar en el aeropuerto.

Compras en Unicentro Pasto, pero vaya también a Bomboná y Sandoná, donde las tejedoras. Hay un colectivo de 80 de ellas que se ha organizado para producir accesorios premium. También hay buenas cosas en Nariño Market.

Comida rápida, hay varios sitios o puede pedir por Rappi. Desde pizzas con jamón serrano y salsa de la casa e inventivas hamburguesas con las que no saldrá decepcionado.

Con el cambio climático hablar de un solo clima es ridículo. En el sol de enero hace un calor cual Medellín, aunque abríguese y muy bien en la tarde/noche.

Y tranquilo: el pastuso no se aprovecha del cliente. Lo que ofrece habla por sí solo.

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