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2024: el año en el que el consumidor de moda colombiano es más desconfiado que nunca

El presidente de RADDAR, centro y observatorio de consumo en Colombia, habló con NUEVA MUJER COLOMBIA sobre cómo estamos consumiendo.

Colombiatex 2017

Una de las grandes discusiones de la década pasada fue el advenimiento del fast fashion en Colombia. Y ahora con empresas voraces como Shein en Latinoamérica, y con un gasto que no creció más del 5% en Colombia el año pasado y un año en general difícil, se piensa en qué vendrá para la industria. Y en cómo, claro, ha evolucionado el consumidor.

Por esta razón, y en el marco de Colombiatex, NUEVA MUJER COLOMBIA habló con Camilo Herrera, una de sus estrellas del Pabellón del Conocimiento, y quien tiene la proyección de la industria de moda y la economía colombiana en la cabeza, sobre todos estos cambios.

¿Cómo ha evolucionado la percepción de consumo de marcas de los colombianos en estos últimos años? Esto, pensando en el dato que usted dio el año pasado sobre marcas como Arturo Calle, donde el 63 por ciento de los colombianos pensaban que era una marca de lujo.

Esa pregunta hay que entenderla dentro del contexto del colombiano. Para los expertos en moda, seguramente marcas como Arturo Calle tendrán piezas que podrán ser calificadas de lujo. Y para la mayoría de los colombianos, esta es una marca que da estatus, porque es una marca que genera reconocimiento de identidad, y tiene una plataforma de precio que va desde trajes que los puede usar la mayoría de las personas a trajes europeos. Entonces uno, el colombiano no sbe lo que es lujo, porque no lo hemos educado. Dos, hay marcas que entendemos como aspiracionales. Así que, hay tal la expansión de oferta de valor en el mercado de moda en Colombia, que nos toca volver a enseñarle a la gente a comprar y a usar ropa, porque las reglas cambiaron.

¿En qué sentido están cambiando?

La población colombiana sigue envejeciendo. Y, a través de eso, hay varias cosas:  los viejitos no mueren aún y los jóvenes no quieren tener hijos.  Entonces el mercado de ropa de niños se va a encoger y tenemos que empezar a pensar una moda para gente de 50 años. Se va a tener que pensar en tallas y morfologías para esta población que está envejeciendo.

Por otro lado, hay un giro fuerte en los dos últimos años hacia insumos sostenibles. Incluso el Éxito vende ropa usada. Hay fuerza en esta redefinición de la moda.

Y, claro, por otro lado, el gasto de los hogares en todas las categorías se contrajo el año pasado y el gasto en ropa marroquinería calzado y lencería se contrajo más. En pospandemia la gente salió a comprar ropa porque la odiaba, o se engordó, o ya no usaba tacones y tenis. La corbata incluso volvió a desaparecer. Pero ahora los precios subieron 8% en promedio.

Y detrás, de eso, y ligado a eso la gente ya piensa en lo ambiental. En piezas que me duren más.

¿Cómo se está diferenciando la industria colombiana ante un mercado de fast fashion voraz y cómo ha cambiado la discusión en torno al tema ?

Una de las variables que  permitió que el Fast fashion creciera hace 10 años en Colombia, fue el tipo de cambio:  estábamos a 2.000 pesos por dólar. Podíamos pagarlo. Ahora no pasa eso: es más accesible el producto local, si bien no tienen los métodos de distribución y producción que tienen las marcas grandes. Históricamente lo han hecho en San Victorino y en El Hueco, por ejemplo. Y ellos en cinco años, pienso, venderán más que Studio F. Por otro lado, el colombiano acepta la marca internacional con mucha fuerza, pero hay que romper al colombian: entonces hombre y mujer deportivo y no deportivo.

En deportivo aún no tenemos granes marcas y en el otro lado están Arturo Calle, Grupo Cristal, Mario Hernández y hasta marcas maravillosas como Mercedes Campuzano. ¿Lo más lindo? Que esas marcas que son muy recordadas ya tienen nombres en español.

Quote: “La palabra para este año del consumidor es desconfianza”

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