La calle no siempre es un escenario amigable para quienes trabajan en ella, y la presentadora de Mujeres Sin Filtro, María Antonia Calle, lo vivió en carne propia. Lo que comenzó como una jornada laboral para captar el pulso de la opinión pública, terminó convirtiéndose en una denuncia viral sobre el acoso que las mujeres enfrentan a diario, incluso mientras intentan cumplir con sus responsabilidades profesionales.
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María Antonia se encontraba grabando un segmento para su programa. La dinámica era sencilla: preguntar a los transeúntes su opinión sobre el refrán “el hombre propone y la mujer dispone”, con el fin de visibilizar cómo la conquista ha evolucionado y que hoy las mujeres también toman la iniciativa. Sin embargo, se topó con la personificación de lo que muchas intentan erradicar.
Según relató la presentadora, antes de encender la cámara, un hombre —a quien ella misma describió como un “viejo verde” que le llevaba al menos 30 años— empezó a lanzarle comentarios sobre su apariencia. “Me sentí incómoda desde el primer momento”, confesó María Antonia, quien admitió que decidió seguir con la entrevista solo porque es difícil encontrar personas dispuestas a hablar frente a una cámara.
El momento más crítico quedó registrado en video. Al iniciar la grabación, la incomodidad de la periodista era evidente. En un juego de palabras cargado de doble sentido, el sujeto lanzó la frase: “Yo le propongo...”. Aunque María Antonia intentó manejar la situación con sarcasmo y frenar el avance del hombre, este cruzó la línea definitiva al soltar un comentario que encendió las alarmas: “Así me gustan a mí, menores”.
“Esto es acoso y estoy trabajando. Y si creen que exagero, no tienen ni idea cuántas veces esto pasa y no queda grabado o simplemente está normalizado”, sentenció la comunicadora en sus redes sociales.
Un llamado a dejar de normalizar
La denuncia de Calle no es solo un desahogo personal, sino un mensaje contundente para la sociedad colombiana. La presentadora fue enfática en aclarar que estos comentarios de desconocidos no son halagos, ni chistes, ni piropos inofensivos; son manifestaciones de acoso que vulneran el espacio personal y la dignidad de las mujeres.
“Debería bastar con el primer NO para que se detengan”, aseguró, haciendo un llamado a que no se minimicen estas conductas. La situación de María Antonia es el reflejo de miles de mujeres que, en sus oficinas, locales o calles, deben soportar el irrespeto bajo la fachada de la “galantería”.
¿Hasta cuándo tendremos que soportar este tipo de conductas en el trabajo? El caso de María Antonia Calle pone de nuevo sobre la mesa la urgencia de protocolos de seguridad y una cultura de respeto que proteja a las trabajadoras en cualquier entorno.
