En el más reciente episodio del podcast Geniales y mayores que yo, la bióloga y rectora Brigitte Baptiste abrió una ventana a su intimidad familiar para conversar sobre uno de sus roles más significativos: el de madre. Con la lucidez que la caracteriza, Baptiste reflexionó sobre el crecimiento de sus dos hijas, Candelaria y Juana Pasión, y cómo la autenticidad y el respeto mutuo se convirtieron en los pilares de un hogar que desafía las etiquetas externas.
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Para muchos, la estructura familiar de Brigitte podría parecer disruptiva, pero para sus hijas, hoy de 24 y 22 años, la realidad siempre fue mucho más sencilla. Baptiste citó una frase de Juana Pasión que resume la cotidianidad de su hogar: tener “una mamá y una papá”.
“Es de lo más convencional del universo porque nacieron ahí”, explicó Brigitte. “Para ellas, la naturaleza es a lo que uno está acostumbrado”. Con un toque de humor, la experta en biodiversidad comparó su situación con otros contextos sociales, señalando que sus hijas asimilaron su realidad con total naturalidad: “Dijeron: ‘bueno, pues hay papás que son senadores de la República’. Eso es peor, más raro”.
A diferencia del relato común que describe la adolescencia como una etapa de conflicto constante, Baptiste recuerda este periodo como una experiencia “preciosa”. Según sus declaraciones, el acompañamiento en la vida de las jóvenes ha sido un proceso de goce constante, carente de crisis profundas o memorias traumáticas.
Este ambiente de armonía no fue producto del azar, sino de una decisión consciente de crianza basada en el profundo respeto. Brigitte enfatizó que tanto ella como su pareja evitaron imponer cargas adicionales a las que ya conlleva el proceso natural de encontrarse a sí mismo. “Las dejamos siempre que fueran encontrando su propia identidad, su propio destino”, afirmó.
Hoy, con Candelaria iniciando su vida profesional e independiente y Juana Pasión cursando sus estudios en Madrid, la relación sigue siendo igual de estrecha. A pesar de la distancia física, la conexión emocional permanece intacta. Brigitte confesó sentirse profundamente feliz por la compañía mutua que mantienen, describiendo con ternura cómo, sin importar los kilómetros, en cada viaje familiar vuelven a ser ese núcleo sólido: “No es sino que vamos de viaje y aparecen las dos con colas”.
