El escándalo por presunto acoso sexual y laboral en los medios de comunicación de Colombia continúa tomando fuerza, mientras nuevas voces rompen el silencio sobre situaciones que durante años permanecieron ocultas. Esta vez, la periodista Mónica Rodríguez se pronunció con contundencia sobre las declaraciones de Juan Roberto Vargas, director de Caracol Televisión, en medio de la creciente ola de denuncias que han sacudido a la industria.
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“No son jueces pero durante años fueron espectadores”, escribió Mónica Rodríguez en su cuenta de X, refiriéndose a la aparente indiferencia de las directivas frente a los hechos de acoso. En su mensaje, la comunicadora señaló: “No, no son jueces pero durante AÑOS en @CaracolTV @BluRadioCo SÍ FUERON ESPECTADORES. Es obvio que ahora no pudieron ocultarlo más. Ahora bien, qué bueno que por fin estén tomando el toro por los cachos y que @juanrobertovarg se pronuncie. Pero ¿y el presidente del canal, Gonzalo Córdoba, por qué tan callado? ¿No debería él también salir a poner la cara?”.
Acusan encubrimiento en Caracol TV: “Muchos sabían lo que pasaba”
El pronunciamiento de Rodríguez coincide con los testimonios de varias periodistas que han vivido situaciones de acoso sexual y laboral dentro de los principales canales de televisión del país, como RCN Televisión y Caracol Televisión. Estas historias no solo revelan episodios individuales, sino que evidencian un problema estructural en la industria del periodismo colombiano.
El calvario de “Valeria” en RCN y Caracol
Una de las voces que ha tomado relevancia es la de “Valeria”, una periodista que pidió proteger su identidad. Su relato, compartido en exclusiva con Infobae Colombia, detalla cómo desde su ingreso a RCN Televisión en 2017, su experiencia profesional se vio marcada por el miedo y el hostigamiento.
“Todo este calvario de acoso sexual y laboral empieza en mi caso en el 2017. Con una ilusión gigante de pertenecer y de demostrarme que por mis capacidades iba a llegar a quedarme en RCN… Yo hice las prácticas con 78 personas y solo había dos posibilidades de quedarse. Una vacante en RCN y la otra era en NTN24. En esos seis meses la di toda y conté con la suerte de estar en el equipo de fin de semana”, relató.
Valeria aseguró que el ambiente laboral fue hostil desde el inicio, señalando directamente a su jefe de la mesa de asignaciones: “Desde entonces empezó mi calvario con Fernando Peña. Un tipo de aspecto rígido, bravo todo el tiempo, violento, vulgar, alcohólico. No hubo una sola vez en mis casi cuatro años que ese hombre no insultara al equipo. Era tanta la rabia que golpeaba la mesa y el computador, al punto de partir una pantalla. Y jamás pasó nada”.
El episodio que marcó un antes y un después ocurrió en la sala de redacción: “La redacción estaba casi sola… me abraza muy pegado, rodeando sus manos cerca de mi cintura y mi pecho, me dice: ‘mi chiquitina linda, la más chiquita de esta mesa, estás muy linda’, y me da un beso en la boca SIN PERMISO, SIN AUTORIZACIÓN, SIN TENER NADA. Quedé paralizada, muerta del miedo. No sabía si la cosa podía escalar o si me iba a golpear. Le tenía pavor”.
Tras su salida de RCN, Valeria continuó su carrera en Caracol Televisión, donde asegura haber enfrentado nuevas situaciones de acoso sexual, esta vez por parte de Ricardo Orrego, reconocido periodista y presentador.
“Pasar por su oficina era un calvario absoluto… me encerraba a la fuerza, nos hacía propuestas indecentes, me encontraba en el ascensor… era pánico, terror. Yo soy súper creyente y siempre que llegaba a Caracol era una oración constante: ‘Señor, hazme invisible’. Vi cómo acosaba a más niñas, nadie me lo contó, mis ojos lo vieron”, relató Valeria.
El relato de “Sara” y la persistencia del acoso
Otra periodista, llamada “Sara” para proteger su identidad, compartió con Infobae Colombia episodios similares en Caracol Televisión. Desde su llegada al área digital, recibió advertencias sobre la conducta de Orrego: “Pilas, pilas, pilas, que este Ricardo Orrego es un acosador horrible, superintimidante. Entonces nunca vayamos a estar solas con él, siempre juntas”.
A pesar de las advertencias, Sara experimentó un acercamiento gradual que se volvió cada vez más incómodo. Uno de los episodios más graves ocurrió en una oficina del canal: “Yo le dije: ‘Hola, ¿qué más, Richie?’, él se sentó en la mesa, me abrazaba, me cogía… me decía: ‘Tú estás muy linda, ¿por qué tan esquiva?’… Intenté quitarlo, le dije: ‘No, gracias, tengo novio’. Pero me decía: ‘Dame un beso bien, con lengua… aquí no hay cámaras que nos vean’”.
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El comportamiento pasó a la fuerza: “Me cogió de los hombros y me dio un beso así a la fuerza, asqueroso, y quería meter la lengua… en ese momento te quedas en shock, pensando que si dices algo, te cierran las puertas”. Gracias a la intervención de su compañera, Sara logró salir de la situación: “Y Gabriela: ‘Nos vamos ya’. Me salvó. Le dije: ‘Gracias, gracias, gracias’. Fue terrible, horroroso”.
Denuncia y falta de acción de Caracol Televisión
Tras los episodios, ambas periodistas denunciaron ante los directivos del canal, pero aseguran que no hubo consecuencias visibles: “Nos dijeron: ‘No es la primera vez que pasa esto con este señor… vamos a hablar con él, esto no puede pasar. Aquí no hay estrellas en Caracol, se va a tomar mano dura’… A los días nos llamaron, dijeron que hablaron con Ricardo Orrego, pero ya hay como cuatro casos de chicas, esto no se va a quedar así… y sin embargo, el man siguió ahí. En 2023 y estamos en 2026 y no pasó nada”.
Este relato evidencia la cultura de encubrimiento que ha persistido durante años: “Muchos conocen quiénes son. Desde abajo hasta arriba, saben lo que esos y otros personajes han hecho a varias mujeres. Nunca tomaron acciones hasta ahora, porque los pusieron contra la pared, prefirieron encubrir a sus estrellas y evitar un escándalo que apoyar a las víctimas”, denunció Mónica Rodríguez.
Un problema estructural que salta a la luz
El caso de estas periodistas resalta un problema estructural en los medios de comunicación, donde el miedo a represalias y la falta de protocolos claros han permitido que episodios de acoso sexual y laboral se prolonguen por años. Las redes sociales se han convertido en un canal para visibilizar estas experiencias, con relatos que abarcan hasta 25 años de historia.
Las denuncias recientes han generado un debate público sobre la responsabilidad de los altos directivos, la necesidad de protocolos de prevención y sanciones contundentes: “Ahora bien, qué bueno que por fin estén tomando el toro por los cachos… pero ¿y el presidente del canal, Gonzalo Córdoba, por qué tan callado?”, cuestionó Rodríguez.
Además, los testimonios demuestran cómo estas situaciones afectan la vida personal y profesional de las víctimas. El miedo constante, la presión psicológica y la dificultad para desenvolverse en su entorno laboral dejan secuelas profundas, que van más allá de los episodios puntuales.
Impacto en la industria y llamado a la acción
Mientras Caracol Televisión realiza investigaciones internas, casos como los de Valeria y Sara evidencian que estas prácticas no son aisladas. Expertos y comunicadoras coinciden en que es urgente fortalecer la protección de periodistas, implementar protocolos claros contra el acoso y garantizar que los responsables enfrenten sanciones efectivas.
La exposición de estas historias también ha encendido un debate más amplio sobre la cultura mediática en Colombia, la transparencia institucional y la necesidad de generar un entorno seguro para quienes inician su carrera en medios de comunicación.
“No es solo un problema individual, es un tema estructural. Durante años, muchos fueron espectadores. Hoy estamos visibilizando algo que no puede seguir en silencio”, concluyó Mónica Rodríguez, subrayando la importancia de que las voces de las víctimas sean escuchadas y se implementen cambios reales.
El caso de Mónica Rodríguez, Valeria y Sara representa un llamado a la acción para toda la industria: el acoso sexual y laboral en medios de comunicación no puede normalizarse. La exposición de estos hechos demuestra que, pese al miedo y la presión, las víctimas están empezando a hablar, visibilizando un fenómeno que durante años se mantuvo en la sombra.
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Hoy, la pregunta que permanece abierta en la opinión pública y en la industria es clara: ¿cuántos episodios similares siguen ocurriendo en silencio y cuántas mujeres más necesitarán romper su silencio para que se produzcan cambios reales?
