Mucho antes de consolidarse como una de las figuras más reconocidas del entretenimiento colombiano, Paola Turbay dio sus primeros pasos en la vida pública tras ser coronada Señorita Colombia en 1984, representando a Bogotá. El reconocimiento no solo le abrió puertas, también le dejó su primer ingreso formal: 60.000 pesos por protagonizar un comercial, una cifra que en ese momento representaba una suma considerable.
Con el paso de las grabaciones, el pago aumentó a 90.000 pesos, un monto que, según ella misma recuerda, era “un platal” para la época. Lejos de gastarlo en lujos o compras impulsivas, Turbay tomó una decisión que marcaría su relación con el dinero: ahorrar. Ese primer ejercicio de disciplina financiera le permitió, tiempo después, adquirir su primer carro y sentar una base de responsabilidad económica desde muy joven.
Aunque su nombre sonó durante años en los círculos de los certámenes de belleza, Paola Turbay no se proyectaba en ese escenario. Desde la adolescencia, cuando tenía entre 14 y 15 años, recibió constantes invitaciones para postularse como Señorita Bogotá, tanto desde entidades oficiales como de figuras reconocidas del medio. Sin embargo, la idea no la convencía y no hacía parte de sus planes personales.
El giro llegó gracias a una amistad cercana. Fue su amiga María Andrea Lara quien terminó de empujarla a considerar la propuesta, organizando un encuentro con quienes seleccionaban a la representante de Bogotá. Entre conversaciones y promesas, el discurso empezó a cambiarle la perspectiva.
¿Por qué Paola Turbay participó en el reinado?
Más allá de la competencia estética, a Turbay le plantearon el certamen como una plataforma de impacto social. Le hablaron de la posibilidad de transformar realidades, de ampliar el alcance de su vocación como psicóloga y de usar la visibilidad para generar cambios. Esa mirada fue determinante.
“Lo hago, pero a mi manera”, fue la condición con la que decidió asumir el reto. Su intención no era cumplir un papel decorativo, sino recorrer el país, involucrarse en las causas sociales y darle sentido al título de Señorita Colombia.
Cuando finalmente habló en serio de su decisión, quienes la rodeaban entendieron que su participación no sería convencional. Paola Turbay tenía claro que su paso por el certamen sería una experiencia de trabajo, compromiso y recorrido por las regiones, una visión que, con el tiempo, se convertiría en el inicio de una trayectoria sólida en la vida pública y artística del país.
