Perder entre 50 y 100 cabellos al día es algo completamente normal, pero cuando la caída se vuelve excesiva, es una señal de que algo está ocurriendo en nuestro cuerpo o en nuestros hábitos diarios. Factores como el estrés, la alimentación o incluso los cambios hormonales pueden tener un impacto directo en la salud capilar.
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Si con la llegada del frío nota más pelos en la almohada o en el cepillo, no está sola o solo. La caída del cabello en temporadas frías es un fenómeno común y tiene una explicación biológica.
Durante el invierno, las bajas temperaturas y la humedad afectan directamente la salud del cuero cabelludo. El frío reduce la circulación sanguínea, lo que significa que los folículos pilosos reciben menos oxígeno y nutrientes. Como resultado, el crecimiento del cabello se ralentiza y muchos cabellos entran antes en la fase de caída natural.
A esto se suma que en esta época solemos usar más gorros, bufandas o chaquetas con cuello alto, que generan fricción y aumentan la rotura del cabello. Además, los cambios de temperatura entre el exterior frío y los espacios con calefacción resecan tanto el cuero cabelludo como las hebras, debilitándolas.
El estrés estacional, los cambios hormonales y una menor exposición solar (que reduce la producción de vitamina D) también pueden influir en este aumento de la caída.
¿Cómo puede evitar este tipo de daño?
- Hidrate su cuero cabelludo y cabello con aceites o tratamientos nutritivos.
- Evite lavar con agua muy caliente, ya que reseca más.
- Masajee el cuero cabelludo para estimular la circulación.
- Incluya alimentos ricos en hierro, zinc y biotina en su dieta.
- Deja respirar tu cabello: no lo mantengas cubierto por largos periodos.
Con cuidados constantes y una buena rutina, la caída de cabello por el frío puede controlarse.
