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Una mirada íntima a la película Noviembre: Santiago Alarcón le da vida al Magistrado Gaona en producción que retrata la Toma al Palacio de Justicia

La película que retrata la Toma al Palacio de Justicia y está disponible desde este 2 de octubre, a pocas semanas de que se cumplan 40 años de este hecho, ofreciendo una mirada diferente frente a la toma del Palacio

Santiago Alarcón
Santiago Alarcón Cortesía

Uno de los hechos que marcó la historia de Colombia tuvo que ver con la Toma al Palacio de Justicia, hecho que tuvo lugar el 6 y 7 de noviembre de 1985, luego de que alrededor de siete personas integrantes del M-19 vestidas de civil, pero armadas, ingresaran a las instalaciones.

Con el paso de los minutos, la zozobra para quienes quedaron en medio de esta toma fue evidente, así como también para quienes seguían cada uno de los momentos desde sus hogares. A pesar del tiempo transcurrido, esta situación sigue estando presente para el país y cada una de las familias que han vivido en carne propia el conflicto colombiano desde diferentes orillas.

Para este 2025, la película sobre la Toma al Palacio de Justicia llega bajo el nombre de ‘Noviembre’, una ópera prima de Tomás Corredor que cuenta con la presencia de actores como Juan Prada, Natalia Reyes y Santiago Alarcón, quienes interpretan a aquellas figuras que estuvieron presentes y PUBLIMETRO tuvo la oportunidad de hablar con Alarcón quien reveló detalles detrás de la preparación y el impacto que tuvo la interpretación de su personaje del Magistrado Gaona.

¿Cómo fue el proceso de investigación y preparación para encarnar a su personaje, especialmente en una película que aborda un evento histórico como la toma del Palacio de Justicia?


Uy, fue un proceso larguísimo, porque primero hubo un casting de 6 meses, en el que participé. Primero íbamos y decíamos unos textos, pero no sabíamos para qué nos estaban haciendo casting, no nos decían absolutamente nada y después que fuimos avanzando ya en escenas y casi en lo último nos dijeron de qué se trataba la película y claro, cuando ya nos avisan de que somos los elegidos comienza un trabajo de investigación acerca del personaje que estaba interpretando, de los mismos hechos, de lo que había sucedido en Colombia ese año de 1985.

Después inicia un proceso de construcción del personaje junto con el director, con el coach actual y con los otros compañeros para darle vida en escena a esta película.

¿Cuáles fueron esas escenas más desafiantes o emotivas al explorar el miedo y la presión psicológica del personaje en medio del caos?

Hay un montón, pero yo creo que para mí lo más difícil era cuando estábamos, todos en el baño, porque fíjate que éramos como más de 30 personas metidas en un baño durante mes y pico. Entonces muchas veces aparecía el cansancio, también teníamos que lidiar con los efectos de las cámaras, el sonido, todo el mundo y a veces sacar adelante de alguna escena era difícil, pero yo diría que para mí fue encontrar con todos el tono, encontrar precisamente lo que queríamos contar y que todo fuera armónico se fue montando casi como una obra de teatro.

Uno de los detalles que más llama la atención fue la transmisión en radio del partido de fútbol entre Millonarios y Unión Magdalena, ¿Crees que el fútbol es una forma de distraer sobre las tragedias que se viven en Colombia?

Sí, todo lo que es popular, generalmente es una cortina de humo para un montón de cosas, sigue siendo un espacio en el que la gente fácilmente se puede distraer. Fíjate que todavía Israel sigue siendo parte de la FIFA, o sea, hay un montón de cosas que pasan alrededor del fútbol, que pareciera que es como un mundo aparte. Como que ellos no se afectan por nada o a ellos no los afecta nada.

Mucha gente se deja influenciar por eso y termina pasando lo que sucedió en Colombia que fue una manera de distraer a la gente, fue una manera de dejar de contarle que además era su derecho el saber qué le estaba pasando en su país y el fútbol durante muchos años ha sido ese lugar en el que la gente termina refugiándose para evitar la realidad, muchas veces por decisión propia, muchas veces impuesta. Me parece incluso más loco, más loco, aunque nos parezca normal armarnos e ir a acabar con todo el mundo

Has encarnado a personajes como Jaime Garzón y ahora al Magistrado Gaona, ¿Cómo abordaste la responsabilidad de dar vida a dos figuras que, desde orillas diferentes, han dejado una huella en la historia del país?

En mí nunca está la intención de imitarlos o ser claro ellos ni nada de eso, porque precisamente ellos fueron únicos y dejaron un legado al país y trataremos de recordarlos siempre por lo que hicieron. Siempre existe una responsabilidad profunda de hacer un personaje que ya existió, porque siempre va a haber una referencia, siempre la gente va a tratar de decir, “No era así, si era así.”. En esta película lo que menos intentamos es eso. En mi caso, ser Gaona porque no lo puedo hacer primero y segundo porque hay un respeto por su memoria y tercero porque lo que nos interesa es contar que él estuvo ahí, que él vivió ese calvario y más allá de que no sabemos cómo lo vivió, porque primero hay mucha información al respecto, hay muchas versiones.

¿Cómo percibes el papel de la política colombiana en aquel momento, ya que el estado fue condenado por desaparición forzada, torturada y ejecución extrajudicial?

Es muy chévere porque cuando uno habla del Palacio de Justicia muchas veces se queda simplemente en el hecho. Cuando uno habla de la toma, pocas veces se habla de la retoma y si es uno más riguroso ir un poquito atrás para entender qué le estaba pasando al país en ese momento, había que entender que acaba de pasar el Estatuto de Seguridad de Turbay, que todavía se seguía efectuando aun sin ser ya legal, lo habían tumbado en la Corte Suprema de Justicia entre ellos el personaje que yo interpreto que era Manuel Gaona.

El M-19 tenía un problema serio con su seguridad porque se le estaba incumpliendo con el proceso de paz o el acuerdo de paz que había firmado con Belisario. Había un montón de cosas alrededor que estaban pasando en Colombia que terminaron, digamos, explotando todo en el Palacio de Justicia.

La Toma del Palacio de Justicia demostró la complejidad de los procesos de paz en Colombia. ¿Cómo describes la situación actual del país en cuanto a la búsqueda de la paz, la verdad y la reconciliación?

Lo que pasó en el 2016 es un paso gigante, sigo apostándole muchísimo al sí, apostándole a la paz, la verdad, la reconciliación, la reparación y que mientras eso siga siendo un impulso para nosotros como colombianos, pues seguiremos actuando con esa idea de que podemos lograrlo.

Se vuelve muy difícil, se vuelve casi complicado con las noticias y uno casi que muchas veces pierde la esperanza. Sin embargo, hay pruebas, hay muestras de lo que se está haciendo con la JEP, que lo que está lo que hizo la Comisión de la Verdad con su informe final, con las personas dadas por desaparecidas, es muy importante porque termina apareciendo un montón de verdad sobre el país.

Porque nosotros no tenemos mucha información acerca de lo que nos pasó, excepto por lo que nos contaron los noticieros. Y hoy en día, pues yo dudo mucho de ellos y siento que todavía falta mucha información y en eso la Comisión de la Verdad tiene mucho valor, porque empezamos a entender qué fue lo que nos pasó y hay que seguirle apostando a la paz. Yo prefiero mil veces que en Colombia se hable de una apuesta hacia la paz que irnos directamente a la guerra.

Considerando que la película aborda el dolor tanto de las víctimas como de los integrantes del M-19, ¿cómo se define o difumina la línea entre victimario y víctima a lo largo de la historia?

El miedo no tiene rango, el miedo es una condición muy humana y por más, fíjate que en lo que pasa en la película, no sé si les pasó, pero cuando la película arranca casi que como un deber de colombiano es tomar partido. Uno empieza a buscar cuál es el bueno y cuál es el malo.

Pero después va pasando la película y uno ya termina liberándose esas etiquetas y ya empieza a ver esa a los seres humanos. Empieza a ver ya el miedo de Almarales, el miedo de Gaona, el miedo de todo el mundo. Ya se perdieron completamente los rangos, las etiquetas, ya no se trata del magistrado ni del comandante de la guerrilla, se trata simplemente de seres humanos encerrados en un baño. Y por supuesto que el miedo es universal, eso ya no tiene nada que ver con lo que yo he hecho o el diploma que tengo. El miedo nos pasa a todos.

¿Piensa que el arte es una manera de seguir recolectando la memoria histórica de lo que ha pasado en Colombia?

Es necesario, uno tiene que encontrar la manera a través del arte de hablar de lo que le pasa o de lo que le pasó en su país y que la mayoría de cosas que tienen que ver con el arte tienen que ver con lo que le sucede al ser humano con sus angustias, con sus dolores, con sus pesares, con sus miedos, con sus frustraciones y ponerlas ahí, estamparlas en el arte, pues tiene que ver también con un poco de liberar o de simplemente demostrar y de compartir lo que me pasa.

En este caso lo que intentamos hacer con la película es eso, es, mire, este pedacito de historia que le pasó a Colombia y sería bueno que lo viéramos a modo de generar con esto una conversación que nos lleve a hablar de esto que nos pasó, como lo es un trauma y se hace necesario conversar para que de esta manera podamos entender qué fue lo que nos pasó y tal vez poder sanar.

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