En el universo de la moda, pocas veces una colección logra ir más allá de la estética para convertirse en manifiesto cultural. Ese es el caso de “Love is the best mixer”, la colaboración entre Smirnoff y la marca colombiana True, que en septiembre irrumpió en el panorama con una propuesta que une el lenguaje de la calle con la reivindicación de la diversidad y el amor libre.
La colección llega en un momento en el que el street style en Colombia ha dejado de ser únicamente tendencia para consolidarse como estilo de vida. Para muchos jóvenes, vestirse ya no es solo una cuestión de cubrirse, sino una manera de comunicar lo que piensan, lo que sienten y lo que defienden. Por eso, las prendas gráficas, las frases contundentes y los símbolos icónicos de la colección —corazones, tonos rojos vibrantes, frases provocadoras— funcionan como un altavoz que conecta con una generación que se niega a vivir bajo etiquetas.
“Partimos de los valores que compartimos con Smirnoff: juventud, mente abierta y un toque ‘spicy’. Queríamos hablar de amor libre sin caer en el cliché”, cuenta Daniela Valencia, directora creativa de True. La diseñadora insiste en que no se trataba de repetir el discurso de inclusión que muchas marcas utilizan de forma vacía, sino de llevarlo a un plano auténtico, traducido en prendas que la gente pudiera usar para contar su propia historia.
Ese énfasis en lo auténtico es lo que convierte a Love is the best mixer en algo más que moda: es un acto político y cultural. Como señala Valencia, “queríamos comunicar el amor de una forma sexy y atrevida, pero sin rayar en lo vulgar o en lo mal intencionado”. El resultado es una colección que no se esconde detrás de mensajes tibios, sino que apuesta por la irreverencia y la rebeldía como formas de visibilizar que amar en libertad sigue siendo, en muchos contextos, un gesto de resistencia.
La moda como declaración política
El street style, con su origen en la calle y en movimientos contraculturales, siempre ha tenido una carga política. Desde los grafitis que se convirtieron en estampados hasta los pantalones anchos del hip-hop como símbolo de inconformismo, este estilo ha representado libertad, despreocupación y, en muchos casos, resistencia.
En Colombia, esa narrativa ha cobrado fuerza en los últimos años. La juventud urbana ha encontrado en camisetas gráficas, sneakers personalizados y chaquetas intervenidas un medio para hablar de diversidad, orgullo LGBTIQ+ y libertad de expresión. No es coincidencia que la colección se lanzara en septiembre, mes del amor y la amistad, y que estuviera impregnada del rojo de Smirnoff y los corazones de True, símbolos universales que aquí adquieren un doble sentido: amar sin etiquetas y con orgullo.
“Para nosotros, la moda es una experiencia cultural más que un simple vestuario. Queríamos que la gente viviera la colección como una conversación”, explica Valencia. En ese sentido, la propuesta fue más allá de las prendas: fiestas, DJs y encuentros comunitarios acompañaron el lanzamiento, reforzando la idea de que la moda callejera no se consume solo en tiendas, sino en espacios colectivos donde el estilo se mezcla con la música, la noche y la identidad urbana.
Un amor sin clichés
La apuesta de Smirnoff y True fue sacudir la idea tradicional del amor. En lugar de los típicos mensajes románticos, las prendas juegan con frases que rozan el doble sentido y que transmiten picardía, orgullo y sensualidad. La colección no pretende vender una idea de amor perfecta, sino real: libre, diversa y desinhibida.
“Muchas marcas hablan de inclusión y diversidad, pero lo hacen de manera forzada. Para nosotros es algo orgánico, siempre ha estado en nuestro ADN”, enfatiza Daniela Valencia. Esa autenticidad es la que conecta con una Generación Z que desconfía de los discursos vacíos y exige coherencia entre lo que las marcas dicen y lo que hacen.
La diseñadora también reconoce el reto de llevar un concepto intangible como la libertad al plano tangible de la moda. “Teníamos que ser muy conscientes del límite. Queríamos un lenguaje sexy y atrevido, pero también sabíamos que había lineamientos globales que debíamos respetar”, señala. Aun así, el proceso fluyó y terminó siendo, en palabras de Valencia, “una mezcla natural entre dos mundos que parecían distintos, pero que comparten la misma energía de rebeldía y apertura”.
Streetwear a la colombiana
El caso de True no es aislado. En el país, el streetwear se ha posicionado como un terreno fértil para la experimentación creativa. Desde colaboraciones con marcas deportivas globales hasta apuestas más locales, el estilo urbano ha demostrado que en Colombia existe una cultura callejera vibrante y en expansión.
Lo que distingue a True es su capacidad para mezclar esa identidad urbana con un discurso político claro. En Love is the best mixer, cada camiseta o chaqueta no solo responde a una tendencia estética, sino que funciona como una declaración en sí misma. Quien la lleva, además de vestir, está comunicando que cree en un mundo sin etiquetas y en un amor sin fronteras.
Esa mezcla de rebeldía y compromiso cultural es lo que convierte al street style en algo más que moda. Como afirma Daniela: “El mensaje es lo principal. Queríamos retomar el amor en este contexto y mostrar que dos marcas completamente diferentes podían unirse y crear algo con lo que la gente se identifique”.
Un manifiesto en la calle
La colección Love is the best mixer confirma que el streetwear es hoy una de las formas más potentes de comunicación para los jóvenes en Colombia. En un país donde la moda aún arrastra herencias formales y conservadoras, la calle se convierte en el espacio donde se gesta el cambio: allí nacen las conversaciones sobre amor libre, inclusión y diversidad.
True y Smirnoff no solo lanzaron ropa; lanzaron un manifiesto cultural y político. Una colección que, entre telas, colores y frases, le recuerda a quienes la usan que amar sigue siendo un acto de libertad. Y que en la calle, más que en ninguna pasarela, es donde esa libertad encuentra su lugar más auténtico.
