Un nuevo episodio de tensión se vivió en el Sudamericano Sub-17 durante el partido entre Venezuela y Perú, luego de que un asistente arbitral denunciara haber sido amenazado de muerte por un aficionado en pleno desarrollo del encuentro.
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Según lo ocurrido, el asistente ecuatoriano Lozada se acercó al árbitro central Contreras para alertarlo sobre una grave situación en la tribuna: un hincha peruano le habría lanzado una amenaza directa contra su vida. El hecho generó preocupación inmediata dentro del cuerpo arbitral, que decidió activar los protocolos correspondientes.
El juez principal detuvo momentáneamente el partido y dio aviso a la policía presente en el estadio. La prioridad pasó a ser la seguridad del equipo arbitral, en un contexto ya tenso por lo que se estaba viviendo dentro del campo de juego.
Mientras las autoridades actuaban, el compromiso quedó en pausa durante algunos minutos. Posteriormente, el partido se reanudó, pero bajo estrictas medidas de control, mientras se identificaba al responsable de la amenaza.
De acuerdo con la información conocida, el aficionado señalado fue retirado del estadio por la fuerza pública, lo que permitió que el juego continuara sin mayores interrupciones. La rápida intervención evitó que la situación escalara a un problema mayor.
Este incidente se suma a un encuentro ya cargado de polémica y tensión. El duelo entre venezolanos y peruanos estuvo marcado por un ambiente caliente, con expulsiones y un alto nivel de fricción dentro del campo, reflejo del complicado momento que vive la selección peruana en el torneo, donde quedó eliminada sin sumar puntos.
Más allá de lo deportivo, lo sucedido vuelve a poner sobre la mesa el tema de la seguridad en los estadios, especialmente en torneos juveniles donde se espera que el foco esté en el desarrollo de los jugadores y no en situaciones extradeportivas.
Las amenazas contra árbitros, incluso cuando provienen de la tribuna, son consideradas de máxima gravedad y obligan a actuar de inmediato. En este caso, la reacción del asistente y del árbitro principal fue clave para activar el protocolo y garantizar que el partido pudiera continuar sin consecuencias mayores.
El episodio deja una imagen preocupante: la violencia verbal sigue siendo un problema latente en el fútbol sudamericano. Y aunque en esta ocasión no pasó a mayores, evidencia lo rápido que un partido puede salirse de control cuando se cruzan ciertos límites.

