Mucho antes de convertirse en una de las grandes figuras del fútbol mundial, Mohamed Salah ya empezaba a dejar huella en escenarios importantes. En 2011, el entonces joven talento egipcio fue uno de los protagonistas del Mundial Sub-20 disputado en Colombia, un torneo que sirvió como vitrina para varias futuras estrellas.
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Con apenas 19 años, Salah integró la selección de Egipto que compitió en el Grupo E junto a Brasil, Panamá y Austria. Su equipo debutó nada menos que ante Brasil en Barranquilla, en el partido inaugural del certamen.
Egipto avanzó a los octavos de final tras una sólida fase de grupos en la que consiguió dos victorias y un empate, destacándose por su buen juego colectivo y capacidad ofensiva. En ese contexto, Salah empezó a perfilarse como uno de los jugadores más desequilibrantes del equipo.
Uno de los momentos más recordados ocurrió el 9 de agosto de 2011, en el estadio Atanasio Girardot de Medellín, cuando Egipto enfrentó a Argentina en los octavos de final. A pesar de la derrota 2-1, Salah marcó el único gol de su selección desde el punto penal, evidenciando personalidad y calidad en un escenario de alta exigencia.
Ese torneo terminó siendo clave en su desarrollo. En total, disputó cuatro partidos y anotó un gol, siendo una de las piezas importantes de un equipo que alcanzó los octavos de final. Aunque aún estaba lejos del estrellato que alcanzaría años después, su talento ya era evidente.
En ciudades como Barranquilla, Cartagena y Medellín, el egipcio dejó destellos de lo que vendría: velocidad, regate corto y una capacidad constante para generar peligro en el último tercio del campo. Incluso, crónicas de la época destacaban su influencia en el juego ofensivo de Egipto y su facilidad para encarar rivales.

