Uno de los equipos con peor presente en la Liga BetPlay viene siendo el Deportivo Pereira, que, lamentablemente, está en el fondo de la tabla de posiciones y su situación parece estar lejos de mejorar. Después de la profunda crisis financiera, muchos de los jugadores importantes salieron y hasta el club decidió mudarse a otra ciudad en este difícil momento donde todo le sale mal al ‘Matecaña’.
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Para los hinchas, este golpe ha sido uno de los más fuertes en su historia, teniendo en cuenta la lejanía de Yopal con Pereira y la continua desmejora en el nivel deportivo del club. De hecho, en un comunicado de prensa emitido por el club, se dio a conocer que hay miembros de la barra brava del equipo que estarían enviando amenazas de muerte, incluso, involucrando a un niño de 4 años en estos actos delictivos reprochables.
“Por el escudo, por la vida y por el Pereira. A la barra Lobo Sur y a la hinchada de Deportivo Pereira: Los entiendo más de lo que creen. Cuando los resultados no llegan, el pecho arde. Se mezcla la rabia, la vergüenza y ese miedo amargo de ver otra temporada irse por el caño. Ustedes aman al Pereira; se nota en el aguante, en los viajes interminables y en la garganta rota. y por eso duele tanto ahora. Pero justo porque amamos al club, les pido que leamos juntos lo que está pasando.
Las amenazas de muerte a directivos y jugadores y el hecho inaceptable de involucrar a un niño de 4 años cruzan un límite que no tiene negociación. No es “carácter”, no es “pasión”, ni es “presión que sirve”. Es un acto que despoja de humanidad al fútbol y, sobre todo, es dinamitar la casa que dicen defender. Al directivo se le critica duro, con argumentos y nombres propios; se le exige un plan y se le pide la cara. Pero la vida de nadie cabe en esta discusión. Cuando aparece la violencia, el foco deja de ser el fútbol y pasa a ser la supervivencia. Así no se construye nada: no llega un refuerzo, no mejora un entrenamiento, no crece la institución.
Sé que la gran mayoría de la Lobo Sur no respalda estas acciones y a menudo cargan con una fama que no les corresponde por culpa de unos pocos. Es el momento de hacerlo valer: marquen una distancia clara. Que el mensaje en la tribuna y en el parche sea uno solo: “Al directivo se le exige, al jugador se le cuestiona, pero la amenaza no nos representa”. Esa postura no es debilidad; es la grandeza de una barra que protege su nombre y rescata el aguante real.
Señalen los errores sin convertir a las personas en enemigos permanentes. El clima de violencia solo logra que el vestuario se haga más pesado y que nadie quiera venir a vestir nuestra camiseta. Nadie les pide que aplaudan lo que está mal. Se les pide como la barra líder que son que decidan qué clase de fuerza quieren ser. El fútbol da vueltas, y cuando salgamos del barro, lo que nos dará respeto ante el país será haber estado ahí, exigiendo con criterio, cantando en la mala, pero sin haber perdido la humanidad.
El Pereira no necesita que le juren amor con amenazas. Necesita que le pongan el pecho el domingo y el lunes también, con voz firme, pero con respeto. Esa presión, la de una tribuna que piensa, canta y señala sin amedrentar, es la que de verdad mueve oficinas y despierta planteles. Con respeto y con la convicción de que podemos discutir sin destruir“.
