Boyacá Chicó y Millonarios acaban de tener uno de los partidos más calientes entre ambos de toda la historia. Allí, a pesar de que los bogotanos llegaban como favoritos, fueron los locales los que pudieron imponerse y arrebatarles los tres puntos en medio de un juego denso y que al final se tornó bastante violento.
Durante la segunda etapa, ya había varios signos de pelea entre los jugadores y discrepancia con cada decisión del cuerpo arbitral, quienes incluso terminaron expulsando al capitán de Millonarios, David Mackalister Silva, por protestar de forma airada.
Después de los 90 minutos, se dio una gresca en la entrada del túnel del estadio, donde los jugadores se dieron golpes y terminaron de insultarse, a tal punto que, minutos después, se conoció que el hijo de Eduardo Pimentel, Jacobo, fue agredido y terminó completamente ensangrentado en hechos que, por ahora, no habían sido aclarados por nadie.
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Ante esto, el mismo Boyacá Chicó emitió un comunicado donde aclaran la situación y señalan directamente al portero de Millonarios, Diego Novoa, por agredir con un “objeto contundente” a Pimentel, dejándolo en el ojo del huracán y alegando que hasta la policía debe entrar a intervenir en estos hechos:
“El DEPORTIVO BOYACÁ CHICÓ FÚTBOL CLUB S.A. informa a la opinión pública y a los medios de comunicación que lo ocurrido al término del partido frente a Millonarios, en perjuicio de nuestro jugador Jacobo Pimentel, no puede presentarse como una gresca ni como un enfrentamiento entre partes, tal y como de manera malintencionada ha intentado hacerlo ver el departamento de comunicaciones de Millonarios. Lo sucedido fue una agresión grave, cobarde e inaceptable contra nuestro jugador, quien se dirigía a su camerino y ni siquiera había participado en el encuentro.
Jacobo Pimentel fue abordado y agredido brutalmente con un objeto contundente en la cabeza, en un ataque a mansalva originado en la frustración deportiva de los jugadores de Millonarios. Dentro de estos hechos se encuentra plenamente identificado Diego Alejandro Novoa Urrego, quien, desde el inicio del segundo tiempo y pese a encontrarse en condición de suplente, ya había evidenciado en repetidas oportunidades una actitud alterada y violenta durante el partido, al punto de ser sancionado por el árbitro en el minuto 72 cuando se encontraba en el banco de suplentes.
Se trata de un hecho de la mayor gravedad, aún más reprochable si se tiene en cuenta que nuestro jugador jamás ha estado vinculado, ni en su vida personal ni en su vida profesional, a actos de violencia. El DEPORTIVO BOYACÁ CHICÓ FÚTBOL CLUB S.A. rechaza y condena con la mayor firmeza esta agresión, y exige a la DIMAYOR, a la Federación Colombiana de Fútbol y a la Policía Nacional una actuación pronta, rigurosa y ejemplar. Aquí no hubo confrontación recíproca ni igualdad de condiciones, hubo una agresión cobarde contra un jugador indefenso, originada en la frustración de quienes no pudieron imponerse en la cancha“.
