La FIFA sigue moviendo fichas para sacar adelante el primer Mundial de Clubes femenino, un torneo histórico que se disputará en enero de 2028, pero que todavía no tiene sede confirmada. Mientras el reloj avanza, una opción empieza a tomar fuerza y, como era de esperarse, también a generar debate: Qatar.
De acuerdo con información revelada por el medio británico The Guardian, el país árabe estaría en conversaciones con la FIFA para albergar esta nueva competencia. A su favor juega una relación cercana con el organismo internacional y una infraestructura ya lista, gracias a los estadios construidos para el Mundial masculino de 2022, torneo que terminó consagrando a la Argentina de Lionel Messi.
Sin embargo, Qatar no es la única carta sobre la mesa. Arabia Saudí también aparece como posible candidata, aunque su calendario deportivo para enero de 2028 ya está bastante cargado, incluyendo la organización de la Supercopa de España, evento que se seguirá disputando allí al menos hasta 2029. Esto podría jugarle en contra frente a la FIFA.
Más allá de lo logístico, la discusión se ha centrado en temas mucho más sensibles. Organizaciones como Human Rights Watch han reiterado sus denuncias sobre las leyes qataríes, señalando discriminación hacia las mujeres y la comunidad LGBTIQ+, además del sistema de tutela que limita la autonomía femenina. A esto se suma el recuerdo aún fresco de las denuncias hechas por Amnistía Internacional durante el Mundial 2022, cuando se alertó sobre abusos laborales, explotación y falta de garantías para miles de trabajadores migrantes.
Otro punto que genera ruido es el escaso desarrollo del fútbol femenino en Qatar. Aunque en 2009 se creó una selección nacional femenina como parte del camino hacia el Mundial masculino, el equipo no ha disputado partidos oficiales en más de una década y actualmente ni siquiera aparece en el ranking FIFA, un dato que alimenta las dudas sobre si el país está realmente preparado para ser anfitrión de un torneo de esta magnitud.
Desde la FIFA, por ahora, no hay definiciones claras. Fuentes citadas por el medio británico aseguran que no se han recibido propuestas formales y que aún no se ha explicado cómo será el proceso para elegir la sede. A esto se suma otro reto: el impacto en el calendario. El torneo se jugaría del 5 al 30 de enero de 2028, lo que obligaría a varias ligas femeninas a extender sus parones invernales, afectando campeonatos en Europa y también en países como Australia, México y Japón.
Más allá de la sede, el torneo despierta expectativa en países como Colombia, ya que varias futbolistas colombianas que hoy brillan en clubes de Europa, Estados Unidos y América Latina podrían disputar este Mundial de Clubes femenino con sus equipos. Un escenario que no solo elevaría el nivel del torneo, sino que también pondría el talento colombiano en el centro de una competencia histórica para el fútbol femenino mundial.
Por ahora, la FIFA guarda silencio y el debate sigue abierto. La sede aún no está definida, pero el primer Mundial de Clubes femenino ya empezó a jugarse fuera de la cancha
