Lejos de los focos del estadio, de la presión constante por ganar y de la exigencia que implica ser una leyenda viva del fútbol, Lionel Messi se permitió un respiro para hablar de sí mismo. Sin camisetas, sin trofeos y sin personajes. Solo Leo, en estado puro.
El capitán de la selección argentina abrió el 2026 con una entrevista íntima en Luzu TV, donde dejó ver una faceta poco habitual del futbolista más influyente de las últimas décadas. En medio del camino hacia el Mundial que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, Messi habló de su vida cotidiana, de su familia y de esas pequeñas manías que lo definen lejos del balón.
Con naturalidad y humor, el rosarino rompió cualquier solemnidad con una frase que rápidamente se viralizó: “Tengo mi parte de que soy más raro que la mierda también”. La confesión, entre risas, fue el punto de partida para un retrato honesto de un hombre estructurado, introspectivo y profundamente consciente de sus propias contradicciones.
Messi reconoció que disfruta de la soledad, algo que contrasta con la imagen pública del ídolo rodeado de multitudes. “Me gusta mucho estar solo, disfruto del estar solo”, dijo, explicando que el ritmo de la casa a veces lo desborda. En esos momentos, busca refugio en el silencio, en la calma, lejos del “quilombo” diario.
Otro rasgo que marcó la conversación fue su relación con el orden. El futbolista admitió ser extremadamente estructurado y que los imprevistos pueden sacarlo de eje. “Si tengo el día organizado y pasa algo que no estaba en el plan”, dejó la frase inconclusa, pero suficiente para entender cuánto le cuesta adaptarse al desorden. Esa necesidad de control se refleja también en lo material: no le gusta que le muevan sus cosas y necesita saber exactamente dónde está cada objeto, una costumbre que, según contó, heredaron dos de sus hijos, Thiago y Ciro.
Messi también habló de su forma de gestionar las emociones. “Soy mucho de comerme las cosas yo, de guardarme todo para adentro”, confesó, dejando ver un costado sensible y reservado que rara vez se expone en entrevistas tradicionales.
Lejos del mito inalcanzable, el Lionel Messi que apareció en Luzu fue el de un hombre común, con rutinas, manías y silencios necesarios para sostener una carrera extraordinaria. Un genio del fútbol que sigue marcando diferencias dentro de la cancha, pero que fuera de ella encuentra equilibrio en la soledad, el orden y la honestidad brutal consigo mismo. Incluso cuando, como él mismo admite sin filtros, es “más raro que la mierda”.
