Los estatutos de la FIFA establecen que las federaciones nacionales deben manejar sus asuntos de manera autónoma, libres de cualquier tipo de interferencia externa, incluidos gobiernos, autoridades estatales u organismos públicos. Este principio de independencia busca garantizar que la administración del fútbol se rija por criterios deportivos, democráticos y transparentes, sin presiones políticas.
De acuerdo con estas normas, la FIFA puede imponer sanciones (que van desde la suspensión hasta la expulsión de competencias internacionales) únicamente cuando se comprueba una intervención directa en la organización interna de una federación, como la manipulación de elecciones, decisiones administrativas o el control de sus órganos de gobierno.
Hasta ahora, los antecedentes confirman que el organismo rector del fútbol mundial solo ha aplicado castigos en casos de injerencia gubernamental directa en la gestión deportiva, y no como consecuencia de acciones militares, conflictos armados o decisiones de política exterior de un Estado.
Entre los ejemplos más recientes se encuentran las suspensiones a las federaciones de República del Congo y Pakistán, así como los reiterados castigos impuestos a Kuwait y las sanciones que enfrentó Kenia, todos ellos por intervenciones estatales en la administración del fútbol local. En ninguno de estos casos la medida estuvo relacionada con guerras o disputas internacionales.
¿Qué pasó con la participación de Rusia en el Mundial?
El antecedente más cercano a un conflicto bélico con repercusiones deportivas fue la exclusión de selecciones y clubes rusos tras la invasión a Ucrania en 2022. Esta decisión, adoptada de manera conjunta por FIFA y UEFA, fue presentada como una medida excepcional basada en criterios de seguridad e integridad de las competiciones, más que como una sanción disciplinaria estrictamente sustentada en los estatutos de la FIFA.
Por ello, hasta el momento no existe una disposición reglamentaria que habilite a la FIFA a suspender a una federación únicamente por una acción militar ordenada por su gobierno. Las normas del organismo están enfocadas en regular la relación entre las federaciones y sus Estados en asuntos futbolísticos, no en evaluar decisiones de defensa o política internacional.
Asimismo, no hay registro de solicitudes formales ni de procesos abiertos dentro de la FIFA para sancionar a la federación estadounidense por este motivo, ni señales de que el ente rector planee reinterpretar sus estatutos para extender sanciones a este tipo de escenarios.
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¿Qué pasará con Estados Unidos en el Mundial?
La única vía que podría generar algún tipo de repercusión sería una presión social o política significativa por parte de asociaciones, federaciones o grupos internacionales, similar a lo ocurrido en otros contextos geopolíticos. En 2024, por ejemplo, la FIFA abrió investigaciones tras peticiones para sancionar a la federación israelí por presuntas vulneraciones a derechos humanos, aunque sin consecuencias inmediatas.
Cabe recordar, además, que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, llegó a otorgar un reconocimiento de paz al entonces presidente Donald Trump por su rol en negociaciones relacionadas con el conflicto en Gaza, un hecho que refleja la compleja relación entre política internacional y deporte.