Águilas Doradas fue uno de los clubes que, para tristeza de muchos, quedaron por fuera de los cuadrangulares en la última fecha tras no poder ganarle al Deportes Tolima y cerrando un año que, a comparación de otros anteriores, no terminó tan mal como se esperaba. Eso sí, la exigencia de cara al 2026 será mayor, pues el objetivo es claro y es el de superar lo hecho, en este caso, entrar a cuadrangulares.
Eso sí, el proceso deberá cambiar drásticamente ante la repentina salida del entrenador Jonathan Risueño, quien pasó su renuncia luego de que le llegara una tentadora propuesta del Deportivo Pasto para que asuma el rol de entrenador de cara a la siguiente temporada y poder aspirar a hacer una buena temporada allí, comunicando su salida en sus redes sociales antes de que en su destino lo hagan oficial.
A través de un extenso texto, se despidió Risueño del que fue su primer equipo en primera división. Esto fue lo que dijo:
“La decisión no ha sido nada sencilla, pero soy un hombre de palabra. No es fácil para mí dejar un Club donde me he sentido muy feliz, valorado y respetado en todo momento. Un Club que me ha brindado la oportunidad de dirigir por primera vez en Primera División. Estaré eternamente agradecido. Llegue a Águilas Doradas en mitad de un semestre con dificultades a nivel de resultados deportivos, con el objetivo de ayudarles a volver a ser un equipo ganador como siempre lo fueron y lo serán, pero sobre todo a implementar una metodología de entrenamiento asociativa y vertical que nos permitiera volver a competir con los mejores. También con el objetivo de fomentar una manera de trabajar y gestionar el día a día y, sobre todo, de mostrarme y que me conocieran como persona, además de como entrenador. Y, asimismo, de ayudar a los jóvenes talentos de una gran cantera liderada con éxito y pasión por una gran persona y profesional como es Fernando Montoya.
Me marcho con la satisfacción de haber contribuido a construir en poco tiempo un equipo ganador. De haber podido potenciar rendimiento individual de jugadores y trabajar con los más jóvenes su crecimiento deportivo. No obstante, marcho también con la espina de no haber podido entrar en cuadrangulares finales; algo que este grupo humano se merecía. Pero sobre todo marcho agradecido con Dios de haber podido ser feliz en el día a día junto a este gran grupo de jugadores, cuerpo técnico, empleados y propietario del Club. Y lo hemos conseguido gracias al trabajo, a la insistencia, al empeño, a la familia que desde el primer momento se instauró en el vestuario y a la unión que existió en todo momento con la propiedad y cada uno de los empleados del Club.
Quiero agradecer su fútbol y su esfuerzo a cada uno de los jugadores que pude entrenar en este proceso. Quiero a su vez ensalzar la predisposición que tuvieron desde el inicio al trabajo y el respeto hacia mi persona que ha existido, también con cuerpo técnico, prensa, fisios, utilleros, médico... y todo el personal del Club. Agradecer también a cada uno de los aficionados, a la prensa de Medellín por el respeto hacia mi persona, a la gente de Rionegro, a cada trabajador del Club y a cada miembro del cuerpo técnico liderados por Pelu, Prono y por el gran Xusco Sierra. Me llevo amigos. El Club tiene un valor muy grande con cada miembro del cuerpo técnico, buenos seres humanos y grandes profesionales.
Agradecer a la familia Salazar, en especial a Don Fernando Salazar, la oportunidad que me dio de poder entrenar por primera vez en Primera División, su respeto en todo momento a mi trabajo, las facilidades para poder realizar el mismo y la estabilidad para poder estar a gusto tan lejos de mi casa. Me llevo la felicidad de haber podido conocer a una persona con pasión, que lucha día a día por construir un equipo mejor, con unos grandes valores humanos y que siempre me ha ayudado en todo momento. Un buen ser humano del cual he aprendido mucho. Me llevo un amigo. ¡Gracias! Esta experiencia quedará para siempre en mi corazón. Desearé siempre lo mejor a Águilas Doradas y a toda su gente. Ojalá algún día poder reencontrarnos. Para siempre, ¡un Águila Dorada!“.
