Cultura

La raíz y el libro, un futuro posible para el Pacífico

Jurubirá, como tantos municipios de Colombia, necesita una biblioteca y Gilmar Quinto Murillo y Fundalectura están poniendo el pecho por Nuquí y el futuro del Chocó

Fundalectura
Biblioteca pública en Juribará, Nuquí, Chocó

En Nuquí, el paisaje se impone con una contundencia que no admite adornos. Es una tierra de lluvia constante y selva que avanza hasta tocar la espuma del mar. Aquí, la vida se construye con lo que se tiene a mano. Gilmar Quinto Murillo, nativo de Nuquí, lo aprendió de niño y lo reafirmó cuando, tras quince años de estudiar y trabajar como arquitecto en Medellín, decidió desandar el camino. No regresó para observar el paisaje, sino para poner las manos en la tierra.

Su hotel, “Escombros del Mar”, es el resultado de esa decisión. No es una estructura impuesta; es una casa que respira. Gilmar la levantó usando lo que el territorio ofrece: la dureza de la chonta, la flexibilidad de la guadua y la frescura de la palma. Cada habitación es un testimonio de su convicción: que el territorio debe ser habitado y recuperado por y para su propia gente. Mientras otros veían en la casa una oportunidad de venta para grandes cadenas, él vio un lugar para quedarse y demostrar que se puede construir con dignidad sin traicionar la identidad. La idea de un Turismo sostenible para Nuquí, que vaya más allá de temporadas cortas donde los turistas arrasan como langostas, un turismo que muestre las tradiciones, la cultura los saberes ancestrales y devele una tierra fantástica más allá de las carencias estructurales o el olvido de lo gobiernos.

Pero para Gilmar, la arquitectura de madera es solo una parte de la tarea. La otra, la más urgente, sucede en silencio dentro de las mentes de los jóvenes.

—“Educarnos hace que podamos transformar el mundo”— dice Gilmar con una sencillez que desarma. Él sabe que la educación es la única herramienta capaz de acortar la distancia entre un niño de Nuquí y cualquier otro niño del mundo. A pesar de que la conectividad falla y los recursos escasean, la región ha logrado algo asombroso: formar una generación de médicos, ingenieros y especialistas que hoy sirven al país. Sin embargo, Gilmar insiste en que el acceso al conocimiento no puede ser un acto de heroísmo individual, sino una presencia constante en el pueblo, una preocupación de todos. El futuro es de los que vienen, los niños necesitan educarse mejor para que quieran quedarse y construir ese pacífico próspero que crea sus propias oportunidades.


Es ahí donde el proyecto de Fundalectura toma su lugar en esta historia. En Jurubirá, la recuperación de la biblioteca pública es un acto de justicia. No se trata de llenar estantes, sino de abrir un espacio que compita en atractivo con la calle o el puerto; un lugar que Gilmar define con una palabra clara: “cool”. Queremos que la biblioteca sea ese sitio donde los jóvenes quieran estar, un centro de tecnología y pensamiento donde la vanguardia no sea algo ajeno que se ve por televisión, sino algo que se toca y se lee.

Este esfuerzo en Jurubirá se suma a una red de voluntades que ya existe. En este corregimiento, guías turísticos como Jorge ya han entendido que el bienestar es colectivo: parte de lo que reciben del turismo se destina a una bolsa común para comprar medicinas y trasladar a los enfermos y los adultos mayores de la comunidad. La biblioteca pública que desde Fundalectura queremos recuperar, llega para completar ese círculo. Si la comunidad ya se cuida el cuerpo, la biblioteca cuidará el futuro, ofreciendo a los niños las herramientas para que no sientan que el éxito solo existe lejos de su hogar.

Jurubirá como tantos municipios de Colombia, necesitan de este espacio, no solo porque la biblioteca pública es el equipamiento cultural más importante del país sino por estar en un lugar en donde el mar es al mismo tiempo horizonte y frontera. Fortalecer esta biblioteca hará que esta población dignifique su saber, que sean muchos Gilmar creando y proponiendo emprendimientos que hagan brillar lo local, lo propio. No siempre hay que irse.

Al final, lo que Gilmar y Fundalectura proponen es una forma de permanencia. Que el conocimiento circule por las calles de Jurubirá con la misma naturalidad con la que circula el aire del mar. Recuperar la biblioteca es poner el pilar más sólido para que este territorio se fortalezca desde adentro, asegurando que cada joven que abra un libro en esa sala sea un profesional que mañana, como Gilmar, decida que no hay mejor lugar para construir que su propia tierra.

Lo que debe saber

Lo Último