La malnutrición sigue siendo uno de los mayores retos en salud pública. Aunque suele asociarse únicamente con la falta de alimentos, el problema es más amplio: también incluye el sobrepeso y la obesidad. En todos los casos, el impacto puede ser severo, especialmente en la infancia, cuando el crecimiento físico y el desarrollo cognitivo dependen directamente de una nutrición adecuada. La buena noticia es que gran parte de la prevención comienza en casa.
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Según EPS Famisanar, el entorno familiar es el primer espacio de cuidado y protección de la salud. Adoptar hábitos saludables no requiere transformaciones radicales, sino decisiones cotidianas que, sostenidas en el tiempo, generan resultados.
Alimentación equilibrada y rutinas claras
Uno de los pilares es mantener una alimentación balanceada. Incluir frutas y verduras a diario, priorizar cereales integrales, proteínas magras y lácteos bajos en grasa, y reducir el consumo de ultraprocesados, fritos y bebidas azucaradas ayuda a cubrir las necesidades de vitaminas y minerales esenciales.
La hidratación también juega un papel clave. Sustituir bebidas azucaradas por agua es una decisión sencilla que contribuye al buen funcionamiento del organismo.
Establecer horarios regulares de comida favorece el metabolismo y ayuda a crear hábitos saludables, especialmente en niños. Además, compartir las comidas en familia fortalece vínculos y promueve una relación positiva con la alimentación.
Lactancia, actividad física y controles médicos
En los primeros meses de vida, la lactancia materna es fundamental. De acuerdo con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, se sugiere lactancia exclusiva durante los primeros seis meses y complementaria hasta los dos años o más. La leche materna aporta nutrientes esenciales y anticuerpos que fortalecen el sistema inmunitario del bebé, contribuyendo a su crecimiento y desarrollo saludable.
A esto se suman los controles de crecimiento y desarrollo, que permiten identificar riesgos nutricionales a tiempo. Señales como bajo peso, pérdida de apetito o cansancio frecuente deben ser motivo de consulta en la IPS primaria.
La actividad física es otro componente esencial. Los menores de 18 años requieren al menos 60 minutos diarios de ejercicio, según su edad y condición. Caminar, montar bicicleta, bailar o jugar al aire libre son opciones accesibles. Incluso las tareas del hogar pueden convertirse en oportunidades para moverse en familia.
Descanso, salud emocional e higiene
Dormir bien regula el metabolismo y favorece el desarrollo. Se recomienda evitar pantallas al menos una hora antes de acostarse y limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos para reducir el sedentarismo.
La salud emocional también influye en los hábitos de vida. Dialogar, compartir actividades al aire libre y practicar técnicas de relajación contribuyen al bienestar integral.
Finalmente, mantener prácticas de higiene como lavar adecuadamente frutas y verduras, verificar fechas de vencimiento y lavarse las manos antes de preparar alimentos ayuda a prevenir enfermedades.
Para EPS Famisanar, involucrar a toda la familia es clave. Cocinar juntos, enseñar a elegir alimentos saludables y establecer rutinas fortalece hábitos que pueden acompañar a las personas durante toda la vida.
