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opinión 25/08/2021

Cerca vs. Lejos

Me llaman la atención las fotos de Bogotá tomadas desde lejos. Al principio siento curiosidad porque no sé de qué ciudad se trata, luego sorpresa por tratarse del lugar donde vivo. ¿Saben a qué tipo de fotos me refiero? Suelen ser iguales: lejanas y retocadas, con fachadas impresionantes de edificios, cielos de colores intenso y atardeceres espectaculares.  

A punta de esas fotos la capital se está convirtiendo en una de esas personas que usan el Instagram para despistar y venderse mejor. De alguna manera todos lo hacemos y ya sabemos cuál es el ángulo y la iluminación que nos conviene, el encuadre que nos hace ver mejores. Luego alguien nos ve en persona y no nos reconoce porque no hay mucho que ver entre el personaje de la foto y el de carne y hueso.  

Yo no les como cuento a esas fotos porque sé que se trata de una manipulación, porque conozco lo suficientemente bien a Bogotá como para saber que tiene zonas bonitas, pero otras por las que da grima pasar. A mí me gusta lo real, duela o no, por eso cuando de fotos de la ciudad se trata me inclino por las del estilo como la que abre esta columna. Se trata de una obra de reemplazo de tuberías de agua que empezó en octubre de 2020 y ha tenido incontables retrasos. Según el cronograma que les entregaron a los vecinos del sector, las molestias iban a ser temporales y en cuestión de pocos meses todo iba a volver a la normalidad, pero lo cierto es que van para el año de mejoras y aún hay sectores de la calle que lucen como si acabaran de romperla.  

Según cuentan los habitantes del sector, en estos meses hubo suspensiones en los trabajos porque a los obreros no les pagaban, agotamiento de insumos por los bloqueos del paro y hasta cambio de cemento porque el que iban a usar no era de la calidad requerida. En fin, improvisación e incumplimientos, la historia de cualquier obra civil en Colombia.  

Y no es que disfrute que Bogotá sea un caos, solo que no me gusta cuando para mostrar cosas buenas de ella obvian lo que no funciona bien. ¿No les pasa que ahora que han vuelto a salir a la calle tras el encierro de la pandemia sienten la ciudad hecha un caos, más agresiva, deteriorada y sucia que antes? No se siente tranquilidad en sus calles, y no me refiero al miedo a sufrir un atraco, sino a que la gente está como atravesada, acelerada. Eso y la pobreza, como una dejadez generalizada que implica que exista deterioro no solo en las calles, sino en los habitantes.  

La Bogotá de hoy se parece mucho a la que conocí cuando llegué a vivir a ella en los noventa. Andenes rotos e invadidos, vehículos parqueados a su antojo, calles con cráteres, desorden general. Todo era muy hostil y nadie respetaba los semáforos ni las cebras, estás últimas básicamente porque no existían. Hoy siento que hemos vuelto a aquellas épocas, inundados de basuras, con contaminación visual que incluye letreros y grafitis y no solo con los carros como reyes de la vía sino con millones de motos que andan sin dios ni ley.  

Por eso es que no me suena que nos embolaten con fotos maquilladas más allá de que sean bonitas. ¿Qué Bogotá es esa? ¿Dónde queda para irme a vivir a allá? ¿Qué tipo de cámara y filtros usan? ¿Desde qué tres cuadras a la redonda toman esas fotos? ¿Por qué le hemos puesto tanto esmero en retocar esas imágenes en vez de esforzarnos por construir la cuidad en la que nos gustaría vivir?