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opinión 28/06/2021

El olvido que seremos

Columna de opinión sobre la película El olvido que seremos.

Siempre he creído en un sentido superior de nuestra existencia. Acumular bienes o experiencias como único fin resulta egoísta. En algún momento servir tiene que ser nuestro mandato. ¿Desde qué lugar decidimos hacerlo? Conozco y admiro a quienes ya lo tienen claro: amigos que ayudan a migrantes; otros que lideran iniciativas de protección de animales; o aquellos que arriesgan su vida para garantizar que se protejan los derechos humanos en las zonas más peligrosas de Colombia. El olvido que seremos nos invita a reconocernos como parte de la solución de nuestras problemáticas y no como seres inertes que solo contemplan la barbarie como si fuera un espectáculo de horror tras una pantalla.

La herencia de nuestro pueblo es la de un país marcado por la violencia, indiferente al dolor ajeno, profundamente dividido y con una juventud cada vez más estigmatizada, temáticas que se pueden ver en la película de Fernando Trueba (basada en el libro homónimo de Héctor Abad Faciolince). Aunque pasen los años, el escenario poco cambia y aquí se condena el pensar diferente y se callan las voces críticas. Alzar la voz en contra de las injusticias es una condena de muerte en un país en el que se premia el silencio, el olvido y el cinismo. Aun así, la única salida no es el aeropuerto y trabajar por un país justo es la hoja de ruta para miles de personas.

Al igual que con nuestros recuerdos, con las películas podemos elegir entre dos tipos de escenas. Aquellas que evocan nuestra rabia, impotencia y dolor, emociones necesarias para entender la complejidad de la realidad; o aquellas que sin ser ingenuas están teñidas con un barniz de esperanza. En El olvido que seremos son más las escenas de amor que las que nos traen los odios que, también, nos definen como colombianos. Se retrata con precisión la incondicionalidad de las relaciones familiares y a su vez la valentía del individuo, que decide emprender su propia lucha por un propósito superior al de su existencia o al de sus seres más cercanos.

El individuo personificado, Héctor Abad Gómez, es el protagonista sensato, audaz y real que nos ayuda a comprender que cada uno de nosotros puede ser parte de algo más grande que supera los límites del egoísmo heredado de nuestra existencia. Ahora, debemos trascender la idea de que ese hombre que vemos tras la pantalla es apenas un personaje del argumento de la película. Es, tristemente, parte de la cruda realidad que muchos han intentado negar, ocultar y obligar a olvidar. ¿Qué nos inspira entonces el recuerdo de este hombre? ¿Es apenas una lágrima tras las 2 horas y 16 minutos de la cinta? Estoy convencido de que las imágenes en movimiento y el cine nacional pueden hacer algo más que entretener.

En medio de la pandemia y de la Copa América, El olvido que seremos parece una película armada para ver en estos tiempos. Apunta a asuntos clave como el de darle la importancia a la salud pública para evitar que la miseria y la desigualdad condenen más a unos que a otros; o el de cuestionar la función del fútbol cuando es usado para cubrir con falsos héroes la sangre de un país que no ha parado nunca de matarse. El olvido que seremos nos reafirma que heredamos nuestra historia y nuestra realidad, pero decidimos si somos indolentes o con valentía nos comprometemos a ser humanos.