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Columnas 30/12/2020

A Claudia no le gustaría

A la Claudia López opositora no le gustaría la Claudia López alcaldesa, de hecho, sería una de sus grandes antagonistas. Y es normal, resulta más fácil ser oposición que gobernar, de la misma manera que es más sencillo criticar que construir. Cuando no estamos involucrados, tenemos soluciones para todo, por eso los presidentes son un desastre y cuando llegan a expresidentes se convierten en unos gurús sabelotodo. Se nace líder, y creo que Claudia López tiene tal don, pero gobernar es otra cosa, una más complicada que se aprende sobre la marcha y a la brava. Solo el tiempo, el corto y mediano plazo, es el que dice si tienes talante o no para tal cosa.

No creo que Claudia López sea una mala alcaldesa, pero hasta ahora no ha sido lo que pintaba como candidata. En aquel momento parecía ser diferente, especial, la persona que nos iba a hacer caer en cuenta de que habíamos tenido un mal mandatario tras otro. Sin embargo, aunque a la fecha haya mostrado voluntad y decisión, haya dado la cara y haya sido clara y firme en algunas de sus medidas, en otra ha mostrado una improvisación digna de cualquier otro alcalde del pasado. Entiendo que a nadie le tocó lidiar con una crisis como esta, pero es que a ratos ha mostrado una incoherencia y una improvisación que hacen que cualquiera se pregunte qué está pasando.

Porque lo que le pide uno a cualquier gobernante, además de eficiencia, es sentido común y coherencia en el discurso. Por eso no se entiende que controle con tanto ahínco al comercio, ya sea organizado o informal, y sea laxa con otras cosas, como cuando participó en un evento multitudinario para inaugurar el alumbrado navideño, suceso que amontó personas, algunas sin tapabocas siquiera, según se pudo ver en imágenes. ¿Cómo es la cosa entonces? ¿Estar unos cuantos en un almacén es una amenaza para la salud colectiva, pero en un evento oficial tal peligro desaparece? Pasó también con la final del fútbol colombiano, donde hinchas de América y Santa Fe se convocaron para alentar a sus equipos. Al parecer, en un comienzo a la alcaldía no le pareció que tal hecho pudiera acarrear problemas. ¿Miles de barrasbravas saltando y brincando, tomando licor y tirando pólvora? ¿Qué malo podría pasar? Cuando vio que la cosa podía salirse de control, decretó toque de queda y ley seca, pero ya era tarde, la recocha ya había empezado horas atrás. Eso, por no ahondar cuando hace pocos días decretó y tumbó con horas de diferencia la medida de pico y cédula para restaurantes.

Y aunque estos casos puedan sonar a poco, la Claudia López senadora y candidata hubiera visto con días de anticipación (semanas incluso) lo inconveniente de tomar dichas medidas; la alcaldesa, en cambio, parece manejar su propia lógica, una que los ciudadanos y sus detractores a veces no entienden. Y cuando hace lo que hace sale a explicar, lo cual se le abona, pero en vez de aclarar, oscurece, y algunas justificaciones suenan a capricho o quedan cojas. Además, es incapaz de aceptar que se equivocó, y mucho menos de pedir perdón (no conozco al primer mandatario local, regional o nacional capaz de agachar la cabeza y decir “sí, la embarré”), lo que no la convierte necesariamente en una mala gobernante, pero sí en una política más. Y como dije antes, de López se esperaba que fuera excepcional, no una más.

¿Está a tiempo de mejorar? Por supuesto. Yo le tengo fe, y así como no entiendo muchas de sus medidas, concuerdo con otras. La fe viene de creer que, en vez de atrincherarse y morir con la suya, una persona inteligente aprende de sus errores y corrige el rumbo. Igual, haga lo que haga le van a caer encima. En la polarización en que vivimos, la mitad de la población va a alabarte y la otra mitad te va a caer encima. Eso si eres petrista o uribista, porque si no estás en ninguno de los dos lados, como le pasa a López, te tirarán piedras de ambos costados, lo que hará que tu gestión sea un poco más tormentosa de lo normal.

Están hablando de revocar el mandato de Claudia López, lo que me parece una pendejada porque es lo que suelen hacer, un libreto tan repetido como aburrido. Siempre es lo mismo: desde que se posesiona un nuevo alcalde los activistas amenazan con recolectar firmas si no les gusta cómo gobierna. Lo hicieron con Petro primero, con Peñalosa después y ahora con López. No solo parecen disco rayado, sino que lucen como unos convenientes a quienes no les importa mejorar la ciudad sino tener el poder, envidiosos cuando el que manda es otro. A ver si dejan de joder, maduran y de paso aprenden a votar.