Opinión

Duque, los Char, la meritocracia y la peste

“Decir que Colombia es un país de meritocracias, es mirarlo con los ojos de Iván Duque, quien, en su intervención del 20 julio en la instalación de la nueva presidencia del Congreso de la República, describió en su discurso pregrabado a Suiza y a los Países Bajos y no a Macondo”: Joaquín Robles Zabala

Se podría afirmar, con los ojos cerrados, que lo que pasa en el Congreso de la República es sólo una radiografía de lo que sucede en el país. Allí los méritos brillan por su ausencia porque lo verdaderamente importante son las alianzas, los roscogramas, los intereses de los partidos por encima de las necesidades de la ciudadanía. ¿Cómo explicarle a Laura, mi hija, de 15 años, que un señor que tiene investigaciones abiertas en la Corte Suprema de Justicia, máximo tribunal del país, por fraude electoral y fuga de presos, sea el ungido para presidir el organismo que crea las leyes y legista para la defensa y los derechos del pueblo colombiano? ¿Cómo explicarle que en este país del Sagrado Corazón lo menos importante para ejercer un cargo son los méritos? ¿Cómo explicarle que un culebrero que fue dos veces presidente de este platanal, que modificó la Constitución Nacional para atornillarse en el poder como cualquier dictadorcito caribeño, que tiene desde hace 20 años más de 300 investigaciones por múltiples delitos en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, no haya respondido por ninguna?

Lo que viene pasando en Colombia no es grave, es gravísimo, porque la ilegalidad, el chanchullo, la viveza indígena y “otras cualidades” de esta tierra de “emprendedores” y “reinventadores” son las banderas que definen el concepto de moral y ética y sirven, de paso, de modelo para las nuevas generaciones. Hace unos años, un profesor me contaba una anécdota que parecía sacada de la mente febril de un guionista de cine, pues ante la pregunta de la maestra de quinto grado a los niños recién llegados de las vacaciones de mitad de año sobre qué querían hacer cuando fueran grandes, uno afirmara, con esa inocente seguridad que los define, que su sueño era ser “narcotraficante” porque estos siempre tenían plata, grandes mansiones, muchos carros de lujo, muchas mujeres bonitas y, sobre todo, podían llegar a ser presidentes del país.

Los méritos son, en términos generales, ese abanico de cualidades experiencial que ha acumulado una persona para llevar a cabo, con eficiencia, una labor. Pero, en Colombia, saltarse la fila es casi una práctica deportiva y una muestra de poder. Aquí lo verdaderamente importante son las relaciones, los lazos, las cercanías, conocer a perencejo que es amigo de fulano y éste, a su vez, de sutano. Que un niño, que no alcanza los 10 años, llegue a tan aterradora conclusión, nos plantea como sociedad un enorme problema ético. Uno que hunde sus raíces en la cultura del todo se vale, en la sentencia maquiavélica de “el fin justifica los medios” y del deterioro paulatino de unas reglas mínimas del comportamiento social y convivencia. ¿Qué ha hecho el señor Arturo Char, por ejemplo, más allá de tener un largo historial de ausencias en las sesiones del Congreso, ser miembro de un clan político cuya fortuna no es claro su origen y tener sobre sus hombros varias investigaciones del máximo tribunal de justicia por delitos electorales y fuga de presos, para merecer la presidencia del órgano que crea las leyes que afectan a más de 50 millones de personas?

Más allá de las alianzas de Cambio Radical con los otros grupos políticos, no hay nada meritorio en Arturo Char, al menos que cantar y componer “champetas” sea un requisito para presidir el legislativo. A propósito, en los últimos diez años, Cambio Radical ha sido el partido político con más escándalos de corrupción, cuyos avales han llevado al poder a verdaderos delincuentes. Tanto es así que cinco gobernadores han sido condenados por vínculos relacionados con organizaciones criminales y cuatro más por fraude electoral, corrupción y constreñimiento al elector. Cinco alcaldes han sido destituidos y procesados por falsedad ideológica en documento público, corrupción y prevaricato por acción, y un grupo de concejales de distintos municipios del país han sido investigados por fraude electoral. Arturo Char, el recién elegido presidente del Congreso colombiano, fue denunciado por la exrepresentante y exsenadora Aida Merlano, en entrevista para algunos medios nacionales de comunicación, de ser la mente maestra detrás de su fuga de la cárcel del Buen Pastor y uno de los “mayores inversionistas” en la compra de votos en la costa Caribe colombiana.

Alex Char, su hermano, ha sido alcalde de Barranquilla en dos oportunidades y tiene en este momento 81 investigaciones abiertas en la Fiscalía (55), Procuraduría (17) y Contraloría General de la Nación (9), todas relacionadas con casos de corrupción, abuso de función pública o irregularidades en contratación. Pero, curiosamente, ni las investigaciones que la Corte Suprema de Justicia lleva contra Arturo Char por los delitos mencionados arriba, impidieron su elección mayoritaria como presidente del legislativo, ni las 81 investigaciones contra su hermano pudieron evitar en convertirlo en alcalde de la capital del Atlántico en dos oportunidades y llevar a sus amigos y cercanos a la gobernación del departamento y repetir la alcaldía de Barranquilla en dos oportunidades más: una con Elsa Noguera y otra con Jaime Pumarejo.

Decir, pues, que Colombia es un país de meritocracias, es mirarlo con los ojos de Iván Duque, quien, en su intervención del 20 julio en la instalación de la nueva presidencia del Congreso de la República, describió en su discurso pregrabado a Suiza y a los Países Bajos y no a Macondo. Aseguró, sin sonrojarse, que la tasa de homicidios, en lo que va de su gobierno, es la más baja de los último 40 años, y la matanza de líderes sociales se contrajo en un 25% desde que él asumió la presidencia.

Si un señor que funge de mandatario de una nación miente con tal descaro ante las cámaras de televisión y es capaz de alterar las cifras de muertes y desempleo, ¿qué mensaje podría estar enviándole a las nuevas generaciones de jóvenes colombianos? Pero, sobre todo, ¿qué pueden esperar los ciudadanos de un presidente que miente en asuntos tan evidentes? Lo más seguro, no hay duda, es que podría estar mintiendo en los menos evidentes, aquellos en los que los ciudadanos no tienen acceso directo como es el desembolso de dineros para combatir la virosis.

En Twitter: @joaquinroblesza

Email: robleszabal@gmail.com

(*) Magíster en comunicación.

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