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Columnas 10/02/2020

Se hace camino al andar

La canción más conocida del gran Joan Manuel Serrat cae muy bien para esta historia. El nombre de su protagonista es Óscar Ríos y en el momento en que usted, amable lector, lee estas letras, él va pedaleando, desde el pasado nueve de febrero, por alguna carretera de Suramérica. Y este antioqueño, joven por demás, comunicador social – periodista, hijo único, serio, sano, responsable y trabajador, que no es un Nairo o un Egan, decidió emprender una travesía de esas que indican que el espíritu necesita de nuevos horizontes.

Óscar tenía un buen empleo en el sector público del departamento de Antioquia. Se había separado de un matrimonio, vivía tranquilo, hacía deporte, compartía con sus amigos y su vida estaba en una zona de confort que cualquier de nosotros desearía. Pero algo faltaba, así como Brad Pitt, en el papel de Tristán en la buena película Leyendas de Pasión, la vida a veces lo impulsa a uno a cambios, a buscar el no sé qué. O, como en su momento hizo Forrest Gump, quien un día empezó a correr, correr y correr e inspiró a otros.

Y es que son muchos los casos de gente que un día se mama de todo, cogen el timón de su vida y dan un giro completo para buscar otras cosas, o, mejor, para encontrar el verdadero ellos. Tipos llenos de dinero que se aburren de su corbata, de la oficina, de la rutina y deciden agarrar una mochila, recorrer el mundo y listo. Otros que arrancan en lo que sea: moto, carro, a dedo, a pie, cicla, barco y se van, sin más, ni más, incluso con la plata justa sin saber que les depara la otra salida de sol, y deciden dedicar su vida a la aventura.

Óscar Rios decidió agarrar su bicicleta Trek Marlin 5 modelo 2015 e inició un viaje que en su orden tendrá un recorrido por Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Guyana Francesa, Surinam y Venezuela. Son unos 37.000 kilómetros pedaleando por más de 11 países, incluido Colombia. Fuera del peso natural de la bicicleta, tuvo que adaptarla y adicionarle unos 33 kilos con el equipaje. Lleva lo justo, antes de irse me contó que no pasa de tres pantaloncillos, dos pantalones, dos pintas de ciclismo, una carpa, un sleeping, no más de cinco pares de medias, gafas, celular, una estufa especial de viaje, linterna, casco y mucho ímpetu.

Para esta travesía planeó bien todo, pero es claro que todo lo que va a conocer está fuera del libreto. A sus padres, en un principio, la noticia les cayó como un “baldado de agua fría”, luego lo entendieron, apoyaron y, a pesar de lo dura de la despedida, están al tanto y muy orgullosos de él.

Este paisa que no supera los 40 años, tocó las puertas de la empresa privada buscando patrocinio, no le fue muy bien, salvo una marca de ropa deportiva de ciclismo que le dio unas prendas, nadie más lo ha apoyado. Aún están a tiempo. Este viaje durará entre año y medio a dos años. Ahí veremos crónicas periodísticas de sus experiencias y publicaciones en sus redes.

Envidio y admiro este tipo de acciones. Irse a la aventura, hacerlo con pasión, mística, expiar nuestros “demonios”, encontrar nuevos soles, nuevos corazones, sufrir y reír bajo otros cielos, todo un banquete de sensaciones.

Sinceramente espero que en cada pedalazo el destino cuide a Óscar y vuelva sano y salvo, eso sí, no será el mismo que se fue, un viaje de estos lo cambia a uno en el sentido que sea. Él decidió que se hace camino al andar y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar…

Pueden seguir las redes de Óscar y su blog:

Blog: https://diarioencicla.wordpress.com/2020/02/08/y-que-pasa-cuando-se-llega-el-dia/