Distrito Salvaje, Sabrina y Chef’s Table: ¿qué ver?

Columna de opinión sobre tres producciones de Netflix.

Por Mauricio Barrantes

No he querido verme Distrito Salvaje a pesar del exceso de publicidad, de los comentarios buenos y malos, y de que en el trailer me llama la atención el papel que hace Cristina Umaña. Me aburre la temática, el protagonista y sí, también el exceso de publicidad. Cuando una serie es buena se defiende sola y el voz a voz termina contagiando la manera de ver que tiene cada uno: conozco a quienes se terminan todos los capítulos en un fin de semana; aquellos que prefieren ir poco a poco, como en la televisión tradicional; y anormales como yo, que se ven el primer y último capítulo, luego el de la mitad, y si el interés se mantiene, los demás.

Con Netflix me he tenido que acostumbrar al exceso de opciones: contenidos cada vez más especializados, lanzamientos constantes y producciones que cruzan todas las culturas. En medio de esa parrilla para todos los gustos, El Mundo Oculto de Sabrina acude a la nostalgia de los que recordamos personajes como Sabrina Spellman y Salem, de la noventera serie rosa. Ahora, con una  narrativa novedosa y un tinte más oscuro, la producción logra satisfacer a quienes no recuerdan con tanto apego la serie original. A los que sí, el tránsito es lento, por lo que el consejo es evitar emitir un juicio con el primer capítulo y darle más de una oportunidad para valorar una serie que debía volver. En cualquier caso, la calidad técnica es indiscutible y la jovencita Kiernan Shipka, Sabrina, logra conquistar a una audiencia crítica que consume series al tiempo en que establece diálogos segundo a segundo en redes como Instagram, Twitter y Snapchat.

En la variedad, también me he encontrado con piezas audiovisuales que demuestran cómo la gastronomía puede ser un espectáculo que atraviesa películas, series, documentales y programas de telerrealidad. Chef’s Table ya va por su quinta temporada con una propuesta visual que permite saborear infinidad de sabores con los ojos. Sí, porque quién no ha experimentado el deseo hacia la comida con solo ver buenas fotos o videos. Instagram y los llamados foodies dan cuenta de que el éxito de una propuesta gastronómica comienza por la imagen.

En Chef’s Table, el placer de los espectadores supera el tema de los platos, de las cocinas y de los chefs porque conquista con una narrativa potente, que inspira a contar historias a través una fotografía precisa, un tratamiento sonoro potente y entrevistas sin entrevistadores protagonistas. Cuánta falta hace que temáticas no tan “vendedoras” tomen prestada la narrativa de las series documentales de calidad para que proyectos audiovisuales que trabajan problemáticas relacionas con el conflicto, la memoria, el medio ambiente o la política puedan ampliar su público a grupos de interés a los que hay que cambiarles el lenguaje para que se sientan atraídos.

Al final todo es cuestión de gustos. Con certeza hay amantes de Distrito Salvaje, gente que siente que El Mundo Oculto de Sabrina traiciona el recuerdo de la serie de los noventa y personas que detesten Chef’s Table. Lo importante es tener opciones y eso lo ha entendido la televisión no tradicional. La tradicional, que evitó repartir la torta del público por no perderla, poco a poco se está quedando sin pedazos para sobrevivir.

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