Despedirte

Virginia Mayer le ofrece esta columna a la memoria de Juan Pablo Mazuera, su mejor amigo, quien falleció el fin de semana.

Por Virginia Mayer

Yo creía que la historia de amor que tanto anhelaba llegaría en forma de un novio, una pareja. Entonces te moriste y entendí que mi historia de amor fue contigo. No hizo falta que fuéramos pareja, ese no era mi rol en tu vida ni el tuyo en la mía. Tú fuiste mi otra mitad, el hermano del alma que elegí en la vida, mi amigo. Mi Mazuero.

Escribo en las ventanas de mi casa que eres libre y no vas a volver. Que no vas a volver jamás. Duele saber que no voy a volver a abrir la puerta de mi apartamento y que estés ahí parado sonriendo. “Bellecita”, me decías. Y esos abrazos que nos dábamos. Y los que me diste cada vez que me viste llorar. Me acuerdo cuando me arrodillaba sobre el sofacama negro donde siempre dormías y miraba por la ventana llorando porque el fotógrafo me había partido el corazón. Tú te sentaste a mirarme llorar y no decías nada. Yo sentía dolor (entonces creía que sabía lo que era tener el corazón partido), pero estaba tranquila porque ahí estabas, porque yo no estaba tan sola por estar contigo. Me imaginaba mi vejez sola, pero no tan sola porque estabas tú. Y ahora ya no estás y no existe alma que me conozca como lo hiciste tú. Y no existe nadie que me mire como lo hacías tú.

No me hizo falta que te murieras para entender lo que valías. Cuando me amaste no pude entender que lo hicieras porque yo no me amaba a mí misma. Te rompí el corazón y durante los siguiente quince años me dediqué a demostrarte que te amaba infinitamente. Sé que hice un buen trabajo porque siempre sentí tu amor encima como un abrazo.

Los católicos no hacen más que despedirte y despedirte y despedirte. Yo quisiera no haber ido a la cremación ni a la misa. Tú ya no estabas ahí. Yo te dije adiós en la clínica, besándote la frente que todavía estaba calentita. Poniendo mis manos en tu pecho desnudo, cerrando los ojos y repitiendo: “Amor. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor… Vete tranquilo, te vas lleno de amor”. Tocando tus brazos que todavía estaban blanditos. Cogiendo tus manos de dedos cortos y gordos. Te acababas de hacer las uñas. Ahí estabas. Te habías muerto pero ahí estabas. Y yo sentí tu amor dentro de mí, en todo el cuerpo. Te fuiste amando, amado y amándote. Te moriste queriendo vivir y eso es absolutamente divino.

Fui a la misa a acompañar a los tuyos. Tú sabes que yo no hubiera ido. Pero te prometí que los iba a cuidar y lo estoy haciendo. He abrazado mucho a Dani y a Glori y les hablo de amor, de tu amor. Hoy en la misa abracé a Nico, le dije que heredó una tía grosera. Estaba sonriendo, bonito. Nos dimos un abrazo lindo. Después pusieron Vals de Amelie y me desbaraté. Se me salían los mocos como cuando hay gripa. No pude llorar en silencio y me salí a hacerlo donde soplaba el viento y el cielo amenazaba con llover. Mi mamá estaba conmigo y lloraba por verme doler y porque también te amó infinitamente. Tú siempre lo supiste.

Te amo, mi amigo. Te amo, mi historia de amor. Me queda la conciencia tranquila porque entre tú y yo no hubo drama. Te suelto. Te dejo ir para que asciendas. La Turgeman dice que los espíritus puros como el tuyo suben muy rápido, que estás feliz y que no entiendes por qué estamos tan tristes. Julia me va a regalar El libro tibetano de la vida y la muerte. Todavía no sé qué quiere decir tu muerte para mi vida, no sé cómo voy a vivir sin ti. Sé que voy a hacerlo. Te fuiste, pero todo sigue. Quiero creer en algo para poder imaginarte pleno y lleno de paz y amor.

Voy a pasar este duelo sin afán. Voy a dejar que el dolor me invada el cuerpo y el alma. Te suelto, te dejo ir, pero dame tiempo. Dame tiempo porque todavía no sé quién soy sin ti en la vida. Acepto tu muerte, pero dame un tiempo para dejar de llorarte y de gritarte, para acostumbrarme al dolor y a tu ausencia.

Por: Virginia Mayer / @virginia_mayer

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